Tercera dosis: responsabilidad

Publicado por: maria.vargas el Sáb, 24/07/2021 - 08:58
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Por: Remberto Burgos de la Espriella.
Tercera dosis: responsabilidad

Empezamos cansados el segundo semestre. Fastidiados por todos los caprichos de la COVID-19 y las limitaciones que ha ordenado. Cambió la forma en que actuamos e impuso un ritmo diferente a nuestras vidas. Se puso de moda el termino aforo, para señalar los cupos de las reuniones, y el distanciamiento físico limitó la cercanía en los encuentros. No hay duda: se convirtió en el prefecto de nuestro comportamiento social.

Quedan 5 meses para conseguir la inmunidad de rebaño y el esquema de vacunación sigue caminando. El 17 de febrero comenzó y ya en la etapa 5 donde los mayores de 30 años pueden acceder a la inoculación. Los mayores de 50 años deberían estar todos vacunados, ajeno al lugar donde habitan. Se han aplicado cerca de 24 millones de vacunas distribuidas así:13.5 millones vacunados primera dosis y 8.8 millones segunda dosis. Con una sola dosis,1.9 millones de vacunados. ¡Con paso firme y actitud ciudadana avanzamos!

Luto en los hogares de los colombianos y los 112 mil muertos es una tragedia de dimensiones gigantescas. Como si desapareciera este municipio agricultor en Córdoba.” Al pueblo lo divide un rio que refresca la resolana y la memoria” le cantaba el poeta Gómez Jattin y el SARS-2 proseguía coreando dos décadas más tarde: “soñé llevarme Cerete de Córdoba a otros lugares Deletreado en un papel blanco”. Aunque han disminuido las cifras de contagio diario estamos todavía en un pico muy alto de mortalidad, ocupamos el 9 lugar en el mundo con el mayor número de contagios.

Ante esta situación la pregunta más común de estos días: ¿necesito la tercera dosis? La información y las redes con sus cuentos anecdóticos tienen confundido a la población. Hacer un refuerzo o tercera dosis con la misma vacuna en un tiempo prudencial -aún no sabemos cuándo- no está demostrado en la evidencia médica. Se especula que al año del sistema de vacunación completo. Quizá el mensaje que debe quedar es que el virus que produce la COVID-19 llegó para quedarse. No se va a ir nunca como no se fue el SIDA, Influenza o Sifilis. El concepto de estar sano es tener la capacidad para adaptarnos a ese entorno con nuevo huésped que comparte ambiente con nosotros. Teóricamente el refuerzo daría mayor protección, especialmente con las mutantes alfa y la delta, y se debería aplicar entre 6-12 meses después de la segunda dosis. En otras palabras, el 2022 sería el año del refuerzo. Insisto: las autoridades sanitarias no han recomendado su aplicación.

Complementa esto la inmunización heteróloga. Vacunación de una marca y refuerzo de la otra. Ver familiares fallecidos ya vacunados genera ansiedad y búsqueda desesperada por mayor protección. Sin embargo, los esquemas combinados tampoco son aceptados. La vacuna tiene dos propósitos: estimular la inmunidad humoral o la producción de anticuerpos (linfocitos B, bloquean el virus antes de producir la infección). El otro tipo de inmunidad es el celular mediado por linfocitos T: destruyen la célula ya infectada. Hay ya estudios experimentales que han demostrado que la combinación de AstraZeneca y Pfizer incrementaría la eficacia y potencia de la inmunidad celular.

Hoy no tenemos sólidos argumentos para apoyar la vacunación heteróloga como alternativa válida. Incluso, no podemos aceptar que la mezcla de las vacunas es más segura para proteger contra las nuevas cepas del virus. Si algo ha escrito la COVID-19 es su naturaleza dinámica y su escuela de aprendizaje. El personal sanitario, quien día a día está en la obligación de actualizarse, debe aceptar esta disciplina de estudio. Para tener vacunados a todo el mundo, la prestigiosa revista Lancet publicó un estimativo y considera que en el 2023 lo alcanzaríamos. Mientras esto sucede, la mejor tercera dosis es el autocuidado y esto se llama: responsabilidad.