El 27 de junio del 2013 la mexicana Sandra Camacho fue al apartamento de Javier Méndez Ovalle, en ese entonces un brillante estudiante del Instituto Politécnico Nacional, en la Unidad Habitacional Tlatelolco, cerca al Distrito Federal mexicano.
Era la primera vez que ambos jóvenes, él de 19 y ella de 17, se veían en persona, luego de mantener una breve relación virtual a través de Facebook.
Sandra estaba con los ánimos por el suelo y desilusionada. No había aprobado el examen de admisión para estudiar en la Universidad Autónoma de México, reveló El Excélsior.
La joven entonces le dijo a Javier que estaba buscando trabajo como edecán o bailarina. El estudiante, quien había ganado la Olimpiada Nacional de Física en 2011, se ofreció a ayudarla a conseguir empleo.
Fue así como logró convencer a la joven para que fuera a verlo al departamento que rentaba en el edificio Juárez Tlatelolco. Pasaron dos semanas para que su víctima se sintiera en confianza y aceptara conocerlo. Una invitación a cine bastó para que Sandra se reuniera con Javier.
Cartel publicado por la familia de Sandra cuando se reportó su desaparición.
Se dieron cita en una estación del metro, fueron al cine a ver una película de terror y luego a un parque. Allí Javier la invitó a su casa, donde comenzaron a diferir en algunos temas, lo que derivó en una agresión física de su parte.
La primera hipótesis que manejan los investigadores es que se trató de un intento de abuso sexual que después desencadenó en un asesinato.
Javier decidió asfixiarla para evitar que gritara y huyera. Luego utilizó un cuchillo de cocina para desmembrar su cuerpo y penerlo en una bolsas.
Méndez Ovalle limpió los rastros de sangre. Al día siguiente regresó al municipio de Tecámac, estado de México, donde vivía, sin mencionar a sus familiares lo sucedido.
Los restos de Sandra Camacho aparecieron en diferentes contenedores de basura en la unidad habitacional donde sucedió el homicidio.
Cuando la policía comenzó a interrogar a los vecinos y familiares de Javier, el joven abandonó la ciudad.
Elementos de la Policía Cibernética realizaron un análisis al equipo de cómputo de Sandra y así obtuvieron la dirección IP de Javier. Además la información proporcionada por las empresas telefónicas ayudó a ubicar al usuario.
Con esa información, y apoyada en las cámaras del Metro, la PGJDF supo que Méndez Ovalle fue la última persona que vio a Sandra, por lo que contactó a la propietaria del departamento y ordenó un registro mediante el cual los agentes reunieron indicios que confirmaron que el asesinato se cometió en ese lugar.
Para entonces Javier ya había abandonado el apartamento. Las autoridades activaron los protocolos de localización y detención en contra de Javier con las Procuradurías de Justicia de los estados y con la Interpol. Se tenía conocimiento de que había obtenido una beca para estudiar en el extranjero.
Después de un año y un mes de búsqueda, la policía de investigación de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) capturó la noche del pasado lunes 28 de julio a Méndez Ovalle en la ciudad de San Juan del Río, Querétaro, donde trabajaba como mesero en una cafetería y se hacía llamar José Carlos Méndez.
El joven fue puesto a disposición de la Fiscalía Desconcentrada en Cuauhtémoc, donde el mismo día por la noche rindió su declaración ministerial.
Ante el agente del Ministerio Público relató que aquel 27 de junio había acordado citarse con Sandra para ir a un centro comercial. Incluso dijo que entraron al cine a ver una película y más tarde acudieron al departamento en Tlatelolco donde continuaron su conversación hasta que difirieron en algunos temas y eso derivó en una agresión física.
Para evitar que Sandra pidiera auxilio, Javier decidió asfixiarla y una vez que consumó el homicidio seccionó su cuerpo con un cuchillo de cocina y depositó los restos en bolsas de basura y las puso en diversos contenedores de basura instalados en la unidad habitacional.
Luego regresó al apartamento, limpió las manchas de sangre y ahí pasó la noche. Al día siguiente, el 28 de junio sus familiares fueron por él y regresaron a su casa en Tecámac, estado de México, sin mencionar lo sucedido. Luego decidió desaparecer.
Un año y un mes más tarde fue aprehendido y aceptó su responsabilidad en el asesinato.
Tras rendir su declaración, Javier fue ingresado al Reclusorio Norte, acusado del delito de feminicidio y fue puesto a disposición del juez Séptimo Penal, quien definirá su situación jurídica en el término constitucional.
Cartel publicado por la familia de Sandra cuando se reportó su desaparición.
Se dieron cita en una estación del metro, fueron al cine a ver una película de terror y luego a un parque. Allí Javier la invitó a su casa, donde comenzaron a diferir en algunos temas, lo que derivó en una agresión física de su parte.
La primera hipótesis que manejan los investigadores es que se trató de un intento de abuso sexual que después desencadenó en un asesinato.
Javier decidió asfixiarla para evitar que gritara y huyera. Luego utilizó un cuchillo de cocina para desmembrar su cuerpo y penerlo en una bolsas.
Méndez Ovalle limpió los rastros de sangre. Al día siguiente regresó al municipio de Tecámac, estado de México, donde vivía, sin mencionar a sus familiares lo sucedido.
Los restos de Sandra Camacho aparecieron en diferentes contenedores de basura en la unidad habitacional donde sucedió el homicidio.
Cuando la policía comenzó a interrogar a los vecinos y familiares de Javier, el joven abandonó la ciudad.
Elementos de la Policía Cibernética realizaron un análisis al equipo de cómputo de Sandra y así obtuvieron la dirección IP de Javier. Además la información proporcionada por las empresas telefónicas ayudó a ubicar al usuario.
Con esa información, y apoyada en las cámaras del Metro, la PGJDF supo que Méndez Ovalle fue la última persona que vio a Sandra, por lo que contactó a la propietaria del departamento y ordenó un registro mediante el cual los agentes reunieron indicios que confirmaron que el asesinato se cometió en ese lugar.
Para entonces Javier ya había abandonado el apartamento. Las autoridades activaron los protocolos de localización y detención en contra de Javier con las Procuradurías de Justicia de los estados y con la Interpol. Se tenía conocimiento de que había obtenido una beca para estudiar en el extranjero.
Después de un año y un mes de búsqueda, la policía de investigación de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) capturó la noche del pasado lunes 28 de julio a Méndez Ovalle en la ciudad de San Juan del Río, Querétaro, donde trabajaba como mesero en una cafetería y se hacía llamar José Carlos Méndez.
El joven fue puesto a disposición de la Fiscalía Desconcentrada en Cuauhtémoc, donde el mismo día por la noche rindió su declaración ministerial.
Ante el agente del Ministerio Público relató que aquel 27 de junio había acordado citarse con Sandra para ir a un centro comercial. Incluso dijo que entraron al cine a ver una película y más tarde acudieron al departamento en Tlatelolco donde continuaron su conversación hasta que difirieron en algunos temas y eso derivó en una agresión física.
Para evitar que Sandra pidiera auxilio, Javier decidió asfixiarla y una vez que consumó el homicidio seccionó su cuerpo con un cuchillo de cocina y depositó los restos en bolsas de basura y las puso en diversos contenedores de basura instalados en la unidad habitacional.
Luego regresó al apartamento, limpió las manchas de sangre y ahí pasó la noche. Al día siguiente, el 28 de junio sus familiares fueron por él y regresaron a su casa en Tecámac, estado de México, sin mencionar lo sucedido. Luego decidió desaparecer.
Un año y un mes más tarde fue aprehendido y aceptó su responsabilidad en el asesinato.
Tras rendir su declaración, Javier fue ingresado al Reclusorio Norte, acusado del delito de feminicidio y fue puesto a disposición del juez Séptimo Penal, quien definirá su situación jurídica en el término constitucional.
