Muerte del fiscal Nisman: ¿homicidio o suicidio?

Publicado por: admin el Sáb, 18/01/2020 - 08:17
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Al momento de su muerte, el fiscal Alberto Nisman investigaba el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), ocurrido el 18 de julio de 1994 en Buenos Aires, en el qu
Muerte del fiscal Nisman: ¿homicidio o suicidio?
Al momento de su muerte, el fiscal Alberto Nisman investigaba el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), ocurrido el 18 de julio de 1994 en Buenos Aires, en el que murieron 85 personas y que es considerado el mayor ataque terrorista en la historia latinoamericana. Cuatro días antes de que Nisman fuera encontrado muerto, había presentado una denuncia por encubrimiento a los presuntos terroristas mediante una negociación con el Estado iraní, de la que habría sido parte la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Según Nisman, en un memorándum de entendimiento entre Argentina e Irán que se había firmado en enero de 2013, se había conspirado para favorecer la impunidad en la investigación del caso AMIA. En una entrevista para un medio luego de presentar la denuncia, Nisman calificó al entonces secretario de Inteligencia Oscar Parrilli como un agente iraní y aseguró que había “una alianza con los terroristas” para “desinvolucrar a Irán de la causa AMIA y acercarse geopolíticamente”. En aquel momento el canciller era Héctor Timerman, quien argumentó que las leyes en Argentina e Irán eran contradictorias, y por eso “había que negociar de alguna manera”, ya que Argentina no permite juicios en ausencia, e Irán no permite extraditar a personas para ser juzgadas. El memorándum de entendimiento permitía interrogar a los sospechosos en Irán. Nisman murió un domingo 18 de enero. El lunes siguiente iba a ir al Congreso a exponer su denuncia en la Cámara de Diputados contra Cristina Fernández, Timerman y otros exfuncionarios. El arma que se encontró junto al cuerpo del fiscal en el baño de su departamento pertenecía a Diego Lagomarsino, un técnico informático que había sido contratado por Nisman. Lagomarsino declaró que fue el fiscal quien le pidió el arma el día anterior para seguridad personal; de hecho, en las cámaras de seguridad del edificio quedó registrado el momento en el que fue a llevársela.

Es todo un misterio

A partir de un peritaje de la Gendarmería Nacional (muy cuestionado), en septiembre de 2017 por primera vez la Justicia argentina aseguró que la muerte de Nisman había sido un homicidio, y en junio de 2018 lo ratificó. La aseveración se basa en el tipo de disparo (en la sien, de atrás hacia adelante), el lugar donde estaba el arma tirada, la ketamina que se encontró en su organismo (se presume que se utilizó para doparlo) y los escasos restos de pólvora en sus manos, entre otras cosas. Por otra parte, el sistema de cámaras de seguridad del edificio que habitaba Nisman tenía muchas falencias y puntos ciegos, por lo que un presunto homicida podría no haber sido visto. Lagomarsino está pendiente de juicio, acusado de ser partícipe necesario en el asesinato de Nisman por haberle entregado el arma, mientras que los cuatro policías que debían custodiar al fiscal están acusados por incumplimiento de los deberes de funcionario público y encubrimiento agravado. Más allá de las pericias, quienes defienden la hipótesis de homicidio argumentan que es por lo menos sospechoso que una persona que se dedica 10 años a investigar un caso, un día antes de declarar ante el Congreso de la Nación, decida suicidarse. [single-related post_id="1236680"] Además, el fiscal había recibido amenazas de muerte para él y su familia. Su círculo más íntimo asegura que el último año antes de su muerte estaba muy preocupado por su seguridad, y describen a Nisman como un hombre con mucho coraje, que se jugó la vida por el caso AMIA, que se atrevió a denunciar a Cristina Fernández siendo presidenta y a todo el régimen iraní. De hecho, previo a presentar su denuncia, el fiscal envió un mensaje a sus allegados en el que advirtió: “Me juego mucho en esto. Todo diría”, y agregó que se tenía mucha confianza y que no le importaba quién estuviera al frente, en alusión a la entonces presidenta.
Pero, así como de un lado a Nisman se lo presenta como un héroe, del otro lado se lo presenta como un villano.
Los que sustentan la hipótesis del suicidio justifican que Nisman estaba bajo una enorme presión el día previo a declarar en el Congreso. Aseveran que sabía que su denuncia no iba a prosperar debido a que no tenía pruebas suficientes. Había apurado su regreso porque tenía la sospecha de que iba a ser removido del caso. Volvió de imprevisto el 12 de enero de 2015 de un viaje en España que se encontraba realizando con una de sus hijas, que cumplía 15 años, algo que además le valió una fuerte discusión con su esposa. Por otra parte, el cuerpo del fiscal no tenía lesiones defensivas ni de lucha. Tampoco hay pruebas ni rastros de que haya habido otra persona en el departamento de Nisman. Por último, una pericia informática arrojó que las últimas páginas consultadas desde su computadora estaban relacionadas con la psicodelia y el regreso después de la muerte.

Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía

Recientemente se estrenó en la plataforma Netflix ‘Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía’, una miniserie documental de seis episodios realizada por el inglés Justin Webster, basada en el caso del fiscal Alberto Nisman. El documental no se centra solo en la muerte de Nisman, sino que recorre varios acontecimientos, desde el atentado a la AMIA y su investigación hasta la muerte de Nisman y las distintas hipótesis. Lo más interesante es que la historia es contada por los protagonistas. Uno de ellos (y quizá el más impactante) es Antonio Stiuso, el agente de inteligencia que trabajó junto a Nisman en la investigación del caso AMIA, quien nunca antes había brindado una entrevista en persona. Antonio Horacio Stiuso fue el director de Operaciones y Contrainteligencia de la Secretaría de Inteligencia hasta diciembre de 2014, cuando fue removido de su cargo después de más de 30 años de servicio. Según cuenta el “espía” en la serie, Cristina Fernández decidió sacarlo a él y a toda su gente de la Agencia de Inteligencia para dejar de investigar a Irán en el caso AMIA. Stiuso relata que existía un servicio de inteligencia paralelo al oficial.
El documental conecta este hecho con la denuncia presentada por Nisman el 14 de enero de 2015 contra Cristina Fernández y varios exfuncionarios por encubrimiento a los iraníes; cuatro días más tarde, Nisman muere.
La miniserie recoge archivos de video que va intercalando con testimonios. Así, se puede ver a Cristina Fernández cuando declaró en su momento que tanto la denuncia en su contra como la muerte del fiscal Nisman estuvieron “directamente vinculadas con el atentado de la AMIA”. Y luego cuando sostiene que la denuncia estuvo relacionada “con un despido que hubo en la Secretaría de Inteligencia a fines de diciembre” de 2014, en clara alusión a Stiuso. También se puede ver al entonces Secretario de Inteligencia Oscar Parrilli, quien describe a Stiuso como a un “extorsionador de los dirigentes políticos, un manipulador a quien nadie se le animó porque le tenían miedo”, y que a Nisman “lo usaron vivo y lo necesitaban muerto”. [single-related post_id="1232524"] La fiscal Viviana Fein tuvo a cargo la investigación de la muerte de Nisman durante el primer año, en el que ordenó un entrecruzamiento de llamadas y descubrió que hubo comunicaciones entre distintos teléfonos a nombre de Stiuso el mismo día de la muerte de Nisman. “Era de gente retirada de los servicios de inteligencia, gente en actividad, del Ejército, conectados entre sí durante todo el día hasta el horario en que se conoce el fallecimiento de Nisman. Ahí se interrumpen todas las modificaciones. Antes de eso, esas personas no se habían hablado jamás”, declara Fein en el documental.
Aún hoy se desconoce el significado de las llamadas que se realizaron en las horas previas a que se conociera la noticia de la muerte del fiscal.
Otros testimonios relevantes son los de Ross Newland, de la CIA, y James Bernazzani, del FBI, quienes fueron muy críticos con la investigación del atentado a la AMIA y admiten que no hay pruebas concretas contra Irán. También aparece el actual presidente, Alberto Fernández, quien había sido jefe de gabinete durante los primeros años de Gobierno de la familia Kirchner (2003-2008), y que hace unos años le parecía sospechoso que se hubiera suicidado. Hoy, en cambio, sostiene que “las pruebas no dan lugar a pensar que Nisman haya sido asesinado”. En abril de 2015 Alberto Fernández ya había sido muy contundente ante un medio israelí: “Nadie en Argentina piensa que Nisman se ha suicidado, y la primera que no cree que se ha suicidado es la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (...) Primero dijo que era un suicidio, pero al día siguiente dijo que no tenía ninguna duda que a Nisman lo mataron. Dijo que lo mató una guerra entre los servicios de inteligencia, y la guerra entre servicios de inteligencia es una responsabilidad del Estado”. Además, con respecto al memorándum de entendimiento con Irán, Alberto Fernández había calificado a Cristina Fernández de “cínicamente delirante”, y de haber tenido “el patético cuidado de haber hecho ley ese memorándum porque sabe que esa es su impunidad”. El documental deja entrever que la investigación de Nisman estaba guiada por las pruebas que le aportaba Stiuso, sin fundamentos suficientes para saber si la información que le proporcionaban los servicios de inteligencia era confiable. Lo cierto es que la causa AMIA continúa impune, y cada vez que una denuncia roza el poder se presentan dificultades para su esclarecimiento. Por lo pronto, Cristina Fernández de Kirchner está pendiente de juicio, acusada de encubrir a los iraníes acusados por el atentado. Este sábado se realizará en Buenos Aires una manifestación por el quinto aniversario de su muerte, bajo el lema “No fue suicidio, fue magnicidio”.