Durante los años de servicio en Naciones Unidas, recorriendo el mundo, el designado canciller, Omar Bula, pudo constatar la ceguera de los colombianos ante lo que ocurre a nivel global y sus consecuencias para Colombia. Tanto fue así que notó cómo los mismos embajadores y sus equipos consulares vivían en burbujas, sin hacer el menor esfuerzo por mirar y entender las dinámicas de los países en los que ejercían sus funciones, y mucho menos las de la geopolítica.
En sus recientes entrevistas ha insistido en que Colombia "no puede seguir pensando en el pasado", que vivimos una "reorganización geopolítica global" y que la Cancillería necesita una profunda profesionalización. Sus palabras revelan que, durante demasiado tiempo, nuestra política exterior ha carecido de una visión estratégica del mundo.
Justamente esas dinámicas fueron las que favorecieron el triunfo del Tigre en las elecciones, pero, más importante aún —y visto desde el otro lado—, las que impidieron que se instaurara la dictadura comunista a la que aspiraron el mequetrefe y otros aprendices de tiranos en la región. Sin una acción clara de Donald Trump y Marco Rubio sobre Venezuela, que dio como resultado la captura del tirano y un combate decidido al tráfico de cocaína, las cosas habrían sido de otro color. Eso es solo lo que se hace visible de una estrategia que ha permitido recuperar a la región de las garras del Socialismo del Siglo XXI de una manera extraordinaria. Keiko acaba de posesionarse y Bolsonaro lanzó una candidatura con todos los vientos a su favor, mientras los regímenes autoritarios de Cuba y Nicaragua siguen en la mira y muy pronto caerán.
En la construcción de la Patria Milagro, el papel del canciller va a ser fundamental. En las entrevistas que ha concedido, Omar Bula ha dejado claro que conoce la magnitud del reto y que está dispuesto a enfrentarlo con todo el vigor necesario. Sería ridículo, e incluso ofensivo con él, compararlo con la señora que hoy ocupa ese alto cargo, pues se encuentran en las antípodas.
"Estamos en un momento clave de reorganización geopolítica global, en el cual tenemos que insertarnos ya. No podemos esperar más, porque estamos mirando hacia el futuro; ya no podemos mirar hacia atrás", dice con claridad un canciller que llevará a Colombia por la ruta correcta: la de unas relaciones internacionales que permitan un intercambio de gana-gana con el mundo, teniendo en cuenta que nuestro primer aliado estratégico y comercial es Estados Unidos. Desde esa premisa se harán negociaciones claras con China, sin los graves riesgos que de otro modo implicarían.
Omar Bula ha dejado claro que es consciente de la dimensión del reto que asume al aceptar su designación para tan importante cargo. No llega a aprender el oficio; llega con décadas de experiencia internacional y con una visión del mundo ausente en el desastroso gobierno que hoy agoniza entre la corrupción.
Con su llegada queda claro que hay dos maneras opuestas de entender la política exterior: una, reducida a la improvisación ideológica; la otra, fundada en el conocimiento del escenario internacional y en la convicción de que Colombia debe volver a ocupar el lugar respetado en el concierto de las naciones, lugar que perdimos hace años al llegar a ser calificados como parias por el maldito negocio de la coca y por las alianzas con el crimen internacional organizado, que implica terrorismo y cuanta porquería podamos imaginar.
Con este nombramiento, dentro de la excelente baraja de ministros designados por Abelardo, daremos los primeros pasos para dejar de mirarnos el ombligo y comenzar, por fin, a mirar el mundo.
Por: Carlos Salas Silva
