A casi seis años de la muerte de Jeffrey Epstein en una cárcel de Nueva York, el caso que expuso uno de los mayores escándalos sexuales y de poder del siglo XXI está lejos de cerrarse. La reciente desclasificación de tres millones de documentos por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos reactivó un debate incómodo: el alcance real de la red que protegió, acompañó o ignoró durante años a un delincuente sexual condenado por abusar de menores de edad.
Las revelaciones se conocieron días después de que el vicesecretario de Justicia, Todd Blanche, afirmara públicamente que “no es un delito festejar con el señor Epstein”. Aunque la frase apuntaba al estándar legal exigido para procesar a terceros, provocó una fuerte reacción por lo que muchos consideran una revictimización de quienes sobrevivieron al entramado de trata sexual liderado por el financista.
Los archivos muestran que Epstein no fue un personaje marginal, sino el articulador de una red global que conectó a expresidentes, empresarios multimillonarios, líderes tecnológicos, miembros de la realeza y diplomáticos. Durante años, su círculo se movió entre mansiones, yates, jets privados y eventos exclusivos, mientras decenas de niñas eran explotadas en propiedades de Manhattan y Palm Beach, Florida.
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Entre los nombres mencionados figuran Bill Gates, Elon Musk, Bill Clinton y Donald Trump, ninguno de ellos acusado penalmente. Trump y Clinton han insistido en que rompieron relaciones con Epstein antes de que sus crímenes salieran a la luz y que desconocían sus actividades ilegales.
Trump, los archivos y la narrativa política
En diciembre de 2025, Donald Trump publicó un mensaje en Truth Social en el que insinuó que muchos poderosos “amaban a Epstein” hasta que el escándalo se volvió insostenible. Días después, afirmó que el país debía “pasar página” y aseguró que los documentos no revelaron nada en su contra.
La desclasificación de los archivos se dio en medio de la presión de la base MAGA, que convirtió el caso Epstein en un símbolo de la supuesta corrupción moral del establishment estadounidense. Analistas coinciden en que, lejos de perjudicarlo, el escándalo podría reforzar el discurso populista de Trump.
El impacto de los archivos no se limita a Estados Unidos. En el Reino Unido, el exministro y exembajador Peter Mandelson enfrenta una investigación penal por presuntamente haber filtrado información gubernamental sensible a Epstein durante la crisis financiera, un hecho que amenaza al Gobierno del primer ministro Keir Starmer.
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La familia real británica también sigue bajo escrutinio. El expríncipe Andrew Mountbatten-Windsor ya había llegado a un acuerdo judicial con Virginia Giuffre, víctima de trata de Epstein, y fue despojado de sus títulos. En Noruega, la princesa heredera Mette-Marit reconoció públicamente su error al relacionarse con el financista.
Andrés Pastrana y los documentos desclasificados
Los archivos mencionan en 37 ocasiones al expresidente colombiano Andrés Pastrana, cuyo nombre ya había aparecido en 2019 y 2025. Correos electrónicos entre 2003 y 2004 con Ghislaine Maxwell hacen referencia a viajes a Estados Unidos, mientras que un mensaje de 2009 lo vincula con Jean-Luc Brunel, agente francés acusado de violación y presunto socio de Epstein, fallecido en prisión en 2022.
Pastrana ha negado visitar la isla Little St. James y sostuvo que conoció a Epstein en un evento público en Irlanda. Maxwell, sin embargo, afirmó que eran amigos y confirmó una visita a Colombia, donde incluso tuvo acceso a instalaciones de la Fuerza Aérea Colombiana.
Epstein murió en 2019 y Maxwell cumple una condena de 20 años, pero el caso sigue planteando una pregunta de fondo: ¿cuántos de quienes lo rodearon no fueron criminales, pero sí cómplices morales? Los archivos reabren una herida que trasciende tribunales y pone en jaque la credibilidad de las élites políticas, económicas y sociales en Estados Unidos y el mundo.
