El exalcalde de Cali Maurice Armitage volvió a poner sobre la mesa la idea de una consulta presidencial de centro para el 8 de marzo de 2026. En un mensaje publicado el 1 de febrero en su cuenta de X, planteó que un año de conversaciones con dirigentes de distintas orillas debería traducirse en una decisión concreta: llegar al tarjetón con una opción de centro, distinta a las consultas que ya avanzan en otros sectores.
El llamado apunta, sobre todo, a Claudia López y Sergio Fajardo. López ha insistido en la necesidad de una consulta que ordene la oferta del centro y evite que los nombres compitan dispersos. Fajardo, por su parte, no ha cerrado la puerta, pero mantiene la decisión abierta y sopesa costos políticos que ya se vieron en 2022, cuando el mecanismo dejó heridas internas y lecturas de derrota.
¿Por qué el mensaje llega ahora?
El debate se acelera por el reloj del calendario. La consulta del 8 de marzo tiene hitos previos que no son simbólicos: marcan si una coalición alcanza a inscribir reglas, participantes y respaldos sin dejar vacíos. Entre esas fechas está el 6 de febrero, cuando se esperan definiciones de trámite por parte del Consejo Nacional Electoral (CNE), mientras corren plazos ante la Registraduría para formalizar candidaturas bajo ese mecanismo.
Además, hay una restricción clave: participar en una consulta deja menos margen para moverse después. El ganador queda amarrado al resultado, y quienes compiten no pueden “pasarse” a otra organización dentro del mismo proceso. Dicho simple, si se entra mal o tarde, el costo puede ser quedar sin salida.
En las últimas semanas hubo reuniones y tanteos entre los tres. El mensaje de Armitage busca convertir esa conversación en una decisión visible: si habrá tercería, debe tener reglas, fecha y una ruta común. No alcanza con decir “estamos hablando”; el calendario castiga la ambigüedad.
El nudo jurídico
El punto más delicado es el encaje de Fajardo en una consulta si su partido, Dignidad y Compromiso, no dejó todo listo a tiempo. Ahí aparecen dos salidas que se discuten: un aval o coaval de una colectividad habilitada para ir a consulta, o una fórmula que lo deje en libertad sin abrir flancos. El riesgo es claro: si el candidato ocupa cargos directivos, puede activarse el debate por doble militancia.
¿Qué decisiones vienen?
El mensaje de Armitage no crea una coalición por decreto, pero sí eleva la presión pública sobre López y Fajardo. La pregunta ya no es si el centro quiere una consulta, sino si tiene una vía jurídicamente defendible para inscribirla a tiempo y sostenerla después con una agenda compartida, más allá del tarjetón.
