Las imágenes que han trascendido desde Haití son dantescas. Mientras la comunidad internacional ha estado pendiente en la región de lo que ocurre en Venezuela (dados años de dictadura y la grave crisis migratoria que se extiende por la región), el país más pobre del Hemisferio vive algunos de sus días más amargos por cuenta de una prolongada crisis política y de legitimidad.
Son cientos de miles de haitianos corriendo caóticamente por las calles de Puerto Príncipe, instalando neumáticos e incendiándolos para hacer bloqueos. Algunos no corren sino que van en sus motos, como una caravana. No parece haber mucha actividad más que protestar, expresar el malestar ante un Gobierno que fue salpicado recientemente en un escándalo de corrupción.
El presidente Jovenel Moise está acorralado por la presión ciudadana, pero todavía se atornilla a su cargo a pesar de que las manifestaciones completan una semana y hay siete personas muertas entre los enfrentamientos entre jóvenes y policías.
¿Cuál es la causa del malestar?
Moise y sus personas cercanas (entre funcionarios, amigos y familiares), fueron salpicados por el caso Petrocaribe, en el que se han multiplicado las denuncias por manejos corruptos de los multimillonarios fondos derivados del suministro venezolano de crudo, con un programa en el que intercambia el preciado recurso a cambio de apoyo político y del que Haití comenzó a formar parte en 2008.
El escándalo se sumó a un manejo errático de la economía, que completa años sin recuperar la productividad, ha sido incapaz de robustecer de algún modo la moneda nacional (el gourde), y que para colmo de males incluye fuertes impuestos contra una población cuya mitad sobrevive con apenas US$ 2 dólares al día. El programa de ajuste en el país más pobre del Hemisferio Occidental está sacando factura contra el mandatario.
En diálogo con KienyKe.com, Mauricio Jaramillo Jassir, docente de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, explicó que "hay una agudización de las condiciones de pobreza que ha hecho que los haitianos salgan a las calles para exigir la renuncia de un gobierno que consideran incapaz de resolver los graves problemas estructurales de la nación caribeña".
Jaramillo agrega que la legitimidad de Moise era precaria desde su llegada al poder en 2016, dado que se dio en momentos de "alta polarización", y bajo denuncias de fraude electoral.
¿Qué efectos?
Sin duda el histórico debilitamiento del Estado haitiano se acentuará con esta nueva crisis: "A pesar de que Haití fue el primer país independiente de América Latina, ha tenido innumerables crisis desde entonces y no ha podido consolidar su proyecto de Estado democrático. Es bastante usual que esto ocurra y lo que se ve con estas catarsis sociales es que tienen un efecto de devastación, porque el Estado no cumple con sus funciones mínimas".
República Dominicana, país vecino a Haití, sentirá como siempre los peores efectos de lo que está ocurriendo, a pesar de que ha propendido en los últimos años por cerrar las puertas, en especial ante el influjo de los migrantes.
Por lo demás, a la comunidad internacional parecerá dolerle poco el calvario de la nación más pobre de la región, dado que su signo histórico es el abandono y el caos parece un elemento más de su cotidianidad.