Juan Manuel Santos, después de conseguir su reelección, decidió convertirse en el adalid de la lucha para acabar con la figura que le permite a un presidente colombiano repetir en el cargo cuatro años más.
El mandatario reelecto reconoce el daño que puede hacer esta institución para el futuro democrático del país y ha dicho estar dispuesto a apoyar una reforma constitucional que la derogue y, en cambio, propicie que los cargos nacionales de nivel ejecutivo tengan una duración de 5 o 6 años.
La reelección es una figura que despierta amores y odios en todos los países de América. Los modelos en que funciona son muy diversos alrededor del hemisferio y solo cuatro naciones no la contemplan: México, Guatemala, Honduras y Paraguay.
En Venezuela y Nicaragua los gobernantes de turno pueden decidir perpetuarse en el poder debido a que la ley les permite reelegirse de forma indefinida. En Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Brasil, Bolivia y Argentina se les deja a los presidentes repetir una sola vez consecutiva a la cabeza del poder. En Chile, El Salvador, Costa Rica y Panamá el mandatario, si quiere gobernar por segunda vez, debe esperarse al menos otro periodo antes de volver al ruedo electoral.
Cada país americano aplica modelos distintos sobre el periodo de permanencia de su máximo líder en el mando. Casi siempre también hay sectores que cuestionan y otros que alaban el sistema, por eso entran a reformarlo permanentemente. KienyKe.com habló con expertos en cinco países del continente que cuentan cómo viven su modelo de reelección, si ese existe, y qué es lo bueno, lo malo y lo feo de dicho sistema.
Ecuador: camino a la reelección indefinida
En Ecuador, desde la reforma constitucional de 2008 de Montecristi, se permite la reelección presidencial por un periodo más. La propuesta fue impulsada en ese entonces por Rafael Correa, un popular mandatario de izquierda que sabía que podría asegurarse otro cuatrienio en el palacio de Carondelet.
En efecto, en 2013 Correa se reeligió formalmente bajo la nueva norma de Montecristi, lo que en principio le otorgó su segundo periodo presidencial.
Su gobierno va hasta 2017. Sin embargo hace un mes surgió una propuesta oficialista de reformar desde la Asamblea Nacional la Constitución y permitir que el mandatario pueda aspirar cuantas veces quiera a la reelección.
Patricia Estupiñán, editora genera de la Revista Vistazo, recuerda que el economista Rafael Corea tiene una mayoría “significativa” en el parlamento, y quiere que a través de una enmienda los asambleístas garanticen su perpetuidad.
“Hay una fuerte discusión porque se considera que esto debería ser aprobado por una consulta popular, y no una enmienda en la Asamblea Nacional. El otro debate es si es conveniente o no, porque el gobierno concentra mucho poder y ha sido difícil en los procesos electorales recientes contrarrestar su poder por parte de los otros candidatos. Frente a esas maquinarias resulta imposible competir y él puede ganar siempre”, dijo la especialista en información política.
Este fenómeno ha sido uno de los puntos más criticados en el modelo reeleccionista colombiano. La oposición acusa al gobernante-candidato de utilizar el andamiaje estatal, sus infraestructuras, sus medios de comunicación y hasta sus recursos para beneficiarse en campaña. El problema es la delgada línea que distingue entre un acto de gobierno un mensaje proselitista: para cualquiera de las partes, esta es traspasada y deja en desventaja a los contrincantes.
“Él, en la reelección, abusó de la maquinaria y de los medios que tiene que son públicos e incautados”, dijo Estupiñán y agregó: “Pero creo que la reelección como institución no es mala. El problema es cuan endeble es el andamiaje que controle a quienes están en el poder. En Ecuador no hay tradición jurídica ni institucionalidad fuerte, lo que no da garantías en una competencia electoral. Convierte la democracia en una tradición caudillista empaquetada con apoyo de voto popular”.
El avance del proyecto que sumaría a Ecuador a los pocos países americanos que permiten la reelección indefinida puede tardar varios años. La reforma también debería ampliar la posibilidad a alcaldes y autoridades locales. Rafael Correa cuenta con una abrumadora mayoría en el Legislativo.
Estados Unidos: La reelección que tiene a todos contentos
A partir de la Enmienda XXII de la Constitución, en 1951, la reelección en Estados Unidos quedó limitada únicamente a dos mandatos sucesivos. Hasta entonces, la repetición en el gobierno era indefinida.
Desde entonces el sistema ha gustado a los norteamericanos y poco se ha hablado sobre la posibilidad de debatirlo. “En la historia, el sistema ha beneficiado y ha castigado tanto al partido Demócrata como al Republicano por igual”, dijo a KienyKe.com Peter Hakim, presidente emérito del Diálogo Interamericano.
Los dos partidos se han repartido el poder en Estados Unidos sin quejas sobre la posibilidad de que el gobernante de turno repita, si así lo pide la ciudadanía.
Barack Obama, George W. Bush y Bill Clinton, mandatarios que han repetido en la Casa Blanca.
“Hasta dos periodos de gobierno me parece razonable; da la posibilidad de cumplir una agenda presidencial que se queda escasa de tiempo en cuatro años. Y aunque las experiencias de segundo periodo con Obama, Bush, Clinton o Reagan no han salido tan buenas, a la población no le disgusta que se mantenga el sistema y simplemente lo aceptan”, añadió Hakim desde Washington.
Lo favorable de la reelección, estima el experto, es que permite a la ciudadanía aplaudir o castigar a un gobernante que está por terminar su primer periodo. Lo aplauden dejándolo en la Casa Blanca, o lo castigan retirándolo del poder.
Hakim añade que en Estados Unidos las instituciones son lo suficientemente sólidas para aguantar la tensión que se genera cuando el gobernante en funciones hace campaña y al mismo tiempo administra. Ese es el fenómeno que más se critica en otros sistemas latinoamericanos.
“Hay una separación de financiamiento de campañas y financiamiento gubernamental. Y hay una filtración cuando un presidente hace un anuncio de éxito de gobierno que está cubierto por todos los medios y recibe mucha atención. Casi siempre el otro partido lo critica por utilizar su oficina con fines electorales, pero en realidad se sabe separar la función de gobierno de la campaña. No ha habido un escándalo relacionado con corrupción o supuesta ventaja electora”.
Sobre la opción de ampliar a seis años un periodo de gobierno pero eliminar la reelección, Hakim expresa: “Cuatro años es muy poco tiempo y seis años es demasiado. Si un presidente funciona, la gente puede elegirlo para cuatro años más. Pero si un presidente comienza a fracasar y dura cuatro años, la situación se complica”.
México: Reelección… ni pensarlo
En México los periodos de gobierno son de seis años. Luis Estrada Straffon, director de una firma de estrategia política y doctor en Ciencia Política, recuerda que a partir del gobierno de Lázaro Cárdenas del Río, en 1934, todos los presidentes en México han podido gobernar seis años y nunca han modificado su sistema presidencialista ni con propuestas de reelección ni con cambio en los largos periodos gubernamentales.
“Desde el punto de vista académico, se han planteado comparaciones con el modelo presidencialista de Estados Unidos. Pero desde lo práctico, los partidos políticos no sienten interés (…) una reforma así obligaría a hacer un cambio en el periodo de elección de los legisladores, para hacer emparejamiento de los periodos”, indica Estrada Straffon quien recuerda que recientemente su país aprobó una reforma que facilita la reelección de congresistas y alcaldes.
La reciente enmienda política permite que los Diputados electos a partir de los próximos comicios puedan ser electos por cuatro años y dos periodos consecutivos. Los senadores podrán hacer lo propio para seis años y también dos periodos consecutivos.
Por la tradición histórica, el pueblo mexicano ya se acostumbró a sostener mandatos presidenciales por un sexenio. La revocatoria de mandato no se contempla.
Chile: Reelección no consecutiva
En el país austral se permite la reelección pero no consecutiva. Así sucedió con la actual presidenta Michelle Bachelet, quien dejó su cargo hace cinco años y volvió a la competencia por el palacio de La Moneda hasta el año pasado.
El analista político chileno Patricio Gajardo explica que la cultura política chilena no ha contemplado la reelección inmediata en su historia institucional.
“Hasta ahora ha habido un consenso importante que negarse a adoptar la reelección consecutiva. Incluso desde antes de la dictadura, lo que hemos tenido es sistemas con periodos de seis años de gobierno sin reelección o cuatro años de gobierno con reelección pero no consecutiva”, expuso.
Según él, en Chile “no existiría piso político” para establecer la reelección inmediata, aunque no descarta un debate el próximo año, cuando se prevé una eventual reforma constitucional.
“No me parece conveniente. En América Latina el poder del Estado y la intervención del gobierno en los procesos electorales es rutinario. El hecho de que un gobierno pueda reelegirse inmediatamente le da el poder del Estado a su servicio. Eso no sucedería si el que quiere volver a gobernar ya no está en el poder”.
Tampoco cree que haya ambiente para ampliar los periodos de gobierno más de cuatro años. “Hay que pensar en los malos gobernantes. Cuando se eligen y resultan un fracaso, tienen que aguantarlos mucho tiempo y se pagan costos muy altos”, añade.
Gajardo sostiene que el modelo de su país es ‘hiperpresidencialista’ y una reelección consecutiva le desbordaría el poder. “El presidente en Chile es colegislador. Pone los ritmos al Congreso. Tiene plena autoridad”.
“Cada país puede hacer sus evaluaciones, pero las reelecciones indefinidas no me gustan. La hegemonía en países del Alba, donde el equilibrio de poderes se ha venido perdiendo por excesivo presidencialismo, impide que existan democracias efectivas y equilibradas. Eso lleva a una distorsión de democracia y alternancia de poder, que es esencial en la democracia”.
Nicaragua: en el poder, hasta que la muerte lo separe
Nicaragua, junto con Venezuela, tienen adaptado su sistema presidencial para que el gobernante de turno se pueda reelegir las veces que quiera y de forma consecutiva. Daniel Ortega fue el promotor de esta posibilidad y actualmente está cursando su segundo periodo de gobierno, con interés de continuar en él.
El destacado constitucionalista nicaragüense, Gabriel Álvarez, aclaró a KienyKe.com que las recientes maniobras legislativas que abrieron la puerta para la permanencia ilimitada en el poder de un gobernante fue en realidad una consecuencia de la constitución de 1987.
Para ese momento se permitía a los gobernantes aspirar las veces que quisieran al poder, pero fue a mediados de los 90 que se limitó la reelección a un solo periodo consecutivo.
“Daniel Ortega ha sido el primer y único gobernante de Nicaragua que se ha reelegido. Creo que la reelección ha sido nefasta para los procesos democráticos. Han propiciado regímenes dictatoriales, caudillismo, y a partir de ahí un circulo vicioso de confrontación, de violencia, pobreza”, aseguró.
En Nicaragua se suele denunciar coacción de parte del oficialismo en procesos electorales, que utiliza la maquinaria estatal para imponerse. “Ha habido denuncias de utilización de edificios públicos, de vehículos y de bienes del Estado en las campañas electorales. Esas denuncias han sido desestimadas por la fiscalía electoral, que ha sido cuestionada por su sesgo a favor del partido gubernamental”, indicó.
La oposición al gobernante partido Sandinista exige una reforma para acabar con la reelección. Sin embargo, el oficialismo domina con una mayoría absoluta el Legislativo, además de tener influencia en la rama judicial y controlar amplios sectores ejecutivos regionales. Ese terreno abona a que Ortega pueda seguir al mando, al menos el resto de esta década.
Twitter: @david_baracaldo
Ecuador: camino a la reelección indefinida
En Ecuador, desde la reforma constitucional de 2008 de Montecristi, se permite la reelección presidencial por un periodo más. La propuesta fue impulsada en ese entonces por Rafael Correa, un popular mandatario de izquierda que sabía que podría asegurarse otro cuatrienio en el palacio de Carondelet.
En efecto, en 2013 Correa se reeligió formalmente bajo la nueva norma de Montecristi, lo que en principio le otorgó su segundo periodo presidencial.
Su gobierno va hasta 2017. Sin embargo hace un mes surgió una propuesta oficialista de reformar desde la Asamblea Nacional la Constitución y permitir que el mandatario pueda aspirar cuantas veces quiera a la reelección.
Patricia Estupiñán, editora genera de la Revista Vistazo, recuerda que el economista Rafael Corea tiene una mayoría “significativa” en el parlamento, y quiere que a través de una enmienda los asambleístas garanticen su perpetuidad.
“Hay una fuerte discusión porque se considera que esto debería ser aprobado por una consulta popular, y no una enmienda en la Asamblea Nacional. El otro debate es si es conveniente o no, porque el gobierno concentra mucho poder y ha sido difícil en los procesos electorales recientes contrarrestar su poder por parte de los otros candidatos. Frente a esas maquinarias resulta imposible competir y él puede ganar siempre”, dijo la especialista en información política.
Este fenómeno ha sido uno de los puntos más criticados en el modelo reeleccionista colombiano. La oposición acusa al gobernante-candidato de utilizar el andamiaje estatal, sus infraestructuras, sus medios de comunicación y hasta sus recursos para beneficiarse en campaña. El problema es la delgada línea que distingue entre un acto de gobierno un mensaje proselitista: para cualquiera de las partes, esta es traspasada y deja en desventaja a los contrincantes.
“Él, en la reelección, abusó de la maquinaria y de los medios que tiene que son públicos e incautados”, dijo Estupiñán y agregó: “Pero creo que la reelección como institución no es mala. El problema es cuan endeble es el andamiaje que controle a quienes están en el poder. En Ecuador no hay tradición jurídica ni institucionalidad fuerte, lo que no da garantías en una competencia electoral. Convierte la democracia en una tradición caudillista empaquetada con apoyo de voto popular”.
El avance del proyecto que sumaría a Ecuador a los pocos países americanos que permiten la reelección indefinida puede tardar varios años. La reforma también debería ampliar la posibilidad a alcaldes y autoridades locales. Rafael Correa cuenta con una abrumadora mayoría en el Legislativo.
Estados Unidos: La reelección que tiene a todos contentos
A partir de la Enmienda XXII de la Constitución, en 1951, la reelección en Estados Unidos quedó limitada únicamente a dos mandatos sucesivos. Hasta entonces, la repetición en el gobierno era indefinida.
Desde entonces el sistema ha gustado a los norteamericanos y poco se ha hablado sobre la posibilidad de debatirlo. “En la historia, el sistema ha beneficiado y ha castigado tanto al partido Demócrata como al Republicano por igual”, dijo a KienyKe.com Peter Hakim, presidente emérito del Diálogo Interamericano.
Los dos partidos se han repartido el poder en Estados Unidos sin quejas sobre la posibilidad de que el gobernante de turno repita, si así lo pide la ciudadanía.
Barack Obama, George W. Bush y Bill Clinton, mandatarios que han repetido en la Casa Blanca.
“Hasta dos periodos de gobierno me parece razonable; da la posibilidad de cumplir una agenda presidencial que se queda escasa de tiempo en cuatro años. Y aunque las experiencias de segundo periodo con Obama, Bush, Clinton o Reagan no han salido tan buenas, a la población no le disgusta que se mantenga el sistema y simplemente lo aceptan”, añadió Hakim desde Washington.
Lo favorable de la reelección, estima el experto, es que permite a la ciudadanía aplaudir o castigar a un gobernante que está por terminar su primer periodo. Lo aplauden dejándolo en la Casa Blanca, o lo castigan retirándolo del poder.
Hakim añade que en Estados Unidos las instituciones son lo suficientemente sólidas para aguantar la tensión que se genera cuando el gobernante en funciones hace campaña y al mismo tiempo administra. Ese es el fenómeno que más se critica en otros sistemas latinoamericanos.
“Hay una separación de financiamiento de campañas y financiamiento gubernamental. Y hay una filtración cuando un presidente hace un anuncio de éxito de gobierno que está cubierto por todos los medios y recibe mucha atención. Casi siempre el otro partido lo critica por utilizar su oficina con fines electorales, pero en realidad se sabe separar la función de gobierno de la campaña. No ha habido un escándalo relacionado con corrupción o supuesta ventaja electora”.
Sobre la opción de ampliar a seis años un periodo de gobierno pero eliminar la reelección, Hakim expresa: “Cuatro años es muy poco tiempo y seis años es demasiado. Si un presidente funciona, la gente puede elegirlo para cuatro años más. Pero si un presidente comienza a fracasar y dura cuatro años, la situación se complica”.
México: Reelección… ni pensarlo
En México los periodos de gobierno son de seis años. Luis Estrada Straffon, director de una firma de estrategia política y doctor en Ciencia Política, recuerda que a partir del gobierno de Lázaro Cárdenas del Río, en 1934, todos los presidentes en México han podido gobernar seis años y nunca han modificado su sistema presidencialista ni con propuestas de reelección ni con cambio en los largos periodos gubernamentales.
“Desde el punto de vista académico, se han planteado comparaciones con el modelo presidencialista de Estados Unidos. Pero desde lo práctico, los partidos políticos no sienten interés (…) una reforma así obligaría a hacer un cambio en el periodo de elección de los legisladores, para hacer emparejamiento de los periodos”, indica Estrada Straffon quien recuerda que recientemente su país aprobó una reforma que facilita la reelección de congresistas y alcaldes.
La reciente enmienda política permite que los Diputados electos a partir de los próximos comicios puedan ser electos por cuatro años y dos periodos consecutivos. Los senadores podrán hacer lo propio para seis años y también dos periodos consecutivos.
Por la tradición histórica, el pueblo mexicano ya se acostumbró a sostener mandatos presidenciales por un sexenio. La revocatoria de mandato no se contempla.
Chile: Reelección no consecutiva
En el país austral se permite la reelección pero no consecutiva. Así sucedió con la actual presidenta Michelle Bachelet, quien dejó su cargo hace cinco años y volvió a la competencia por el palacio de La Moneda hasta el año pasado.
El analista político chileno Patricio Gajardo explica que la cultura política chilena no ha contemplado la reelección inmediata en su historia institucional.
“Hasta ahora ha habido un consenso importante que negarse a adoptar la reelección consecutiva. Incluso desde antes de la dictadura, lo que hemos tenido es sistemas con periodos de seis años de gobierno sin reelección o cuatro años de gobierno con reelección pero no consecutiva”, expuso.
Según él, en Chile “no existiría piso político” para establecer la reelección inmediata, aunque no descarta un debate el próximo año, cuando se prevé una eventual reforma constitucional.
“No me parece conveniente. En América Latina el poder del Estado y la intervención del gobierno en los procesos electorales es rutinario. El hecho de que un gobierno pueda reelegirse inmediatamente le da el poder del Estado a su servicio. Eso no sucedería si el que quiere volver a gobernar ya no está en el poder”.
Tampoco cree que haya ambiente para ampliar los periodos de gobierno más de cuatro años. “Hay que pensar en los malos gobernantes. Cuando se eligen y resultan un fracaso, tienen que aguantarlos mucho tiempo y se pagan costos muy altos”, añade.
Gajardo sostiene que el modelo de su país es ‘hiperpresidencialista’ y una reelección consecutiva le desbordaría el poder. “El presidente en Chile es colegislador. Pone los ritmos al Congreso. Tiene plena autoridad”.
“Cada país puede hacer sus evaluaciones, pero las reelecciones indefinidas no me gustan. La hegemonía en países del Alba, donde el equilibrio de poderes se ha venido perdiendo por excesivo presidencialismo, impide que existan democracias efectivas y equilibradas. Eso lleva a una distorsión de democracia y alternancia de poder, que es esencial en la democracia”.
Nicaragua: en el poder, hasta que la muerte lo separe
Nicaragua, junto con Venezuela, tienen adaptado su sistema presidencial para que el gobernante de turno se pueda reelegir las veces que quiera y de forma consecutiva. Daniel Ortega fue el promotor de esta posibilidad y actualmente está cursando su segundo periodo de gobierno, con interés de continuar en él.
El destacado constitucionalista nicaragüense, Gabriel Álvarez, aclaró a KienyKe.com que las recientes maniobras legislativas que abrieron la puerta para la permanencia ilimitada en el poder de un gobernante fue en realidad una consecuencia de la constitución de 1987.
Para ese momento se permitía a los gobernantes aspirar las veces que quisieran al poder, pero fue a mediados de los 90 que se limitó la reelección a un solo periodo consecutivo.
“Daniel Ortega ha sido el primer y único gobernante de Nicaragua que se ha reelegido. Creo que la reelección ha sido nefasta para los procesos democráticos. Han propiciado regímenes dictatoriales, caudillismo, y a partir de ahí un circulo vicioso de confrontación, de violencia, pobreza”, aseguró.
En Nicaragua se suele denunciar coacción de parte del oficialismo en procesos electorales, que utiliza la maquinaria estatal para imponerse. “Ha habido denuncias de utilización de edificios públicos, de vehículos y de bienes del Estado en las campañas electorales. Esas denuncias han sido desestimadas por la fiscalía electoral, que ha sido cuestionada por su sesgo a favor del partido gubernamental”, indicó.
La oposición al gobernante partido Sandinista exige una reforma para acabar con la reelección. Sin embargo, el oficialismo domina con una mayoría absoluta el Legislativo, además de tener influencia en la rama judicial y controlar amplios sectores ejecutivos regionales. Ese terreno abona a que Ortega pueda seguir al mando, al menos el resto de esta década.
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