Roy Barreras: El chamán

Roy Barreras: El chamán

8 de agosto del 2013

Hace más de dos décadas, el senador Roy Barreras probó el yagé por primera vez. Tomar el bebedizo, de sabor amargo, hacía parte del ritual para convertirse en chamán. La ceremonia duró algo más de siete horas, hasta el amanecer. Aunque para él sólo transcurrieron quince minutos.

La vivienda del ‘taita’ Martín Agreda, considerado el médico tradicional más importante de la comunidad indígena Kamsá, en Sibundoy (Putumayo), fue el lugar elegido. Roy permaneció sentado en el centro de la maloca. Estaba casi desnudo, solo llevaba puesta una pantaloneta.

Barreras tuvo que pasar por un entrenamiento y cumplir con una serie de prohibiciones durante tres meses antes de merecer el título de médico de la selva. Vivió en la chagra, nombre de la zona donde habita la comunidad indígena, ubicada en el Bajo Putumayo. Un territorio selvático de bajas temperaturas y alejado de grandes poblaciones.

Dejó de comer carne por unos cuantos días y solo se alimentó de granos cultivados en la huerta indígena. Tomó varias purgas hasta purificarse. También participó en largos rituales nocturnos y tuvo un periodo de abstinencia sexual. Fue así como se hizo merecedor de la iniciación chamánica. Tenía 25 años y era médico cirujano.

Roy Barreras, kienyke

Aquella noche comenzó con cánticos indígenas que sirvieron para que el ‘taita’ sacudiera al ritmo de la música una planta que espantaba los malos espíritus y dejaba limpio el ambiente. Después vino una toma especial de un yagé que promete subir al cielo. El ‘taita’ lo hizo de primero. Luego le pasó la totuma a Roy.

“Entramos al mismo tiempo en el viaje y por primera vez nos conectamos. Es una experiencia mágica y la más intensa que he tenido en la vida. Que abre la mente a otras dimensiones”, recuerda. Poco después del primer sorbo, perdió la noción del tiempo.

“Un tigre salió de la nada y se posó sobre mí”, narra Barreras mientras imita las garras del animal con sus manos. “Yo me asusté. Pero en ese instante el taita me dijo: ‘tranquilo, el tigre soy yo’. Comenzó a guiarme. Segundos después me pregunté: ¿Cómo así que él ve mi alucinación? Desde el punto de vista médico, yo entendía que lo que estaba viendo era una alucinación. Pero la alucinación es mía, de mi cerebro. Y él la estaba viendo. La conclusión de la experiencia chamánica es que existe la trasmisión de pensamiento. Pero que además te pueden sembrar en el pensamiento y pueden guiártelo”.

El animal lo orientó en un viaje por la selva, le enseñó las plantas y sus bondades. Aquellas que servían para curar una enfermedad, un maleficio o el mal de ojo. Sobre la alucinación dice: “Tú estás viendo como un cine 3D –lo pronuncia en inglés–. Mejor que eso. Ves, escuchas y puedes hablar. Despertar es como cuando se acaba la película. Sigues viendo tu realidad y guardas memoria de lo sucedido”.

Indigenas Kamentsa, kienyke

Luego de graduarse como médico cirujano de la Universidad Nacional, Barreras fue a trabajar al grupo de investigación de medicina de la Universidad del Valle. Allí hizo parte de un proyecto de Colciencias para estudiar las plantas de secreto y medicinales usadas por las etnias indígenas Inga y Kamsá del Putumayo.

“Encontramos que muchas de esas eran usadas para el tratamiento contra el maleficio y mal de ojo. Y nos propusimos investigar si era cierto”. Durante dos años compartieron con las comunidades indígenas. Su principal fuente eran los chamanes o taitas, quienes las usan para su actividad curativa y ritual.

Pero una de las condiciones de los indígenas Kamsá, especializados en las plantas de secreto y maleficio, era iniciarse en el ritual chamánico. Roy fue el único que se preparó, pues tenía un interés especial en los efectos de estas sustancias y en el estado alterado de conciencia que producían. El estudio fue tan importante para él que todavía recuerda con exactitud los nombres científicos de las plantas.

Durante 18 años Barreras ejerció como médico en su clínica particular de Cali. Allí combinó en muchas ocasiones la medicina convencional con los conocimientos indígenas para curar. Usó sus manos, plantas medicinales y hasta su propia voz para tratar las dolencias de sus pacientes. Algo que él mismo define como: “Otra forma de curar, de aliviar el dolor”.

Sobre el maleficio considera que “lo primero que tengo que decir es que a nadie le hacen maleficio a menos que lo permita. Si abre su mente o está en disposición es posible sembrar un pensamiento. Y médicamente sabemos que hay una relación entre la corteza cerebral, el hipotálamo, el sistema inmunológico y hormonal. Si fuerzas el pensamiento es posible influir desde ese punto de vista. La otra conclusión es que eso solo puede ocurrir a través del uso de sustancias químicas”.

Yage

Su rol como chamán no acabó con la política. Confiesa que toma yagé con frecuencia, pero no con la que quisiera. Lo hace dos o tres veces al año, sobre todo cuando tiene que indagar por el futuro. La última vez fue hace un par de semanas. No siempre viaja al Putumayo, pues tiene la capacidad de hacerlo solo y logra comunicarse –conversar– con su ‘taita’.

También suele hacer ritos chamánicos para proteger y cerrar el cuerpo ante un maleficio. “En términos occidentales yo ando desintoxicado”. Tiene una pequeña huerta en su casa con algunas platas que para él son “necesarias”. Se refiere a las plantas de secreto.

El senador Roy Barreras dice que suele hacer ritos chamánicos para “protegerse de los maleficios de la política y para aprender a no tenerle miedo ni al diablo”, incluso lideró un ritual en su oficina –hecho que confiesa en voz baja y con picardía– para espantar energías negativas del pasado. ¿Y ha tenido buenos resultados? “Siente la energía positiva que se respira acá”, responde.