Algunos políticos que han sido víctimas de la guerra en Colombia

Publicado por: christian.sandoval el Mié, 26/01/2022 - 12:19
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Varios candidatos presidenciales se definieron como víctimas de la guerra en Colombia. Su historia, se enmarca en una larga lista de políticos que han sido alcanzados por la violencia.

La cercanía entre el conflicto armado y la política es tan estrecha como de vieja data en Colombia. Por montones se cuentan los políticos que en algún punto de su vida han tenido encuentros personales con la crueldad de la guerra y puede que en una buena parte de esos casos ello haya sido el detonante de una iniciativa política temprana. Al final, es desde esta que se pueden cambiar las cosas en el país para bien o para mal.

En ese sentido, es innegable la incidencia que tienen los años en guerra, que bien pueden ser más de 50 del conflicto armado reciente o más de 200 si se tienen en cuenta las diferentes expresiones de violencia antes y después de la independencia, sobre la idiosincrasia colombiana que no está acostumbrada a vivir en paz. Es la misma violencia, acompañada de impunidad y exclusión social, la que genera más violencia y la perpetúa

En ese marco, una buena parte de la sociedad no ha sido ajena a ser alcanzada en carne propia por esa realidad y los políticos, algunos provenientes de los escaños más privilegiados, tampoco se han logrado escapar. El país quedó atónito, por ejemplo, cuando un buen número de los candidatos presidenciales para este 2022 confesaron ser víctimas del conflicto en el debate de la Revista Semana y El Tiempo. 

Ingrid Betancourt, de la Coalición de la Esperanza, es quizá el caso más obvio: secuestrada el 23 de febrero de 2002 cuando se dirigía a la zona de distensión del Caguán, mismo lugar donde hace dos días se había producido la ruptura de los diálogos entre el gobierno de Andrés Pastrana y la guerrilla de las FARC. Seis años duró secuestrada, hasta que en 2008 fue liberada por las Fuerzas Armadas en la famosa Operación Jaque. 

Detrás de ella, se sumó Juan Manuel Galán, uno de los dos hijos del líder político asesinado Luis Carlos Galán. Tanto él como su hermano Carlos Fernando Galán, quien fue candidato a la alcaldía de Bogotá en 2019, han hecho parte activa de la escena política desde el Congreso de la República por años. En esa misma línea también se adhiere el caso de Rodrigo Lara, cuyo padre, el exministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, fue asesinado por sicarios del Cartel de Medellín en 1984. Ambos, fundadores del Nuevo Liberalismo, movimiento político que logró ser revivido por la familia Galán en 2021. 

Otra sorpresa del evento fue Alejandro Gaviria, quien manifestó ser víctima del conflicto ya que sufrió el secuestro de su hermano, el asesinato de una prima hermana y un intento de asesinato en Medellín en 1989. Esto, luego de que el candidato Rodolfo Hernández contara, con un evidente nudo en su garganta, que su padre fue secuestrado por las FARC por 135 días, así como su hija secuestrada y asesinada por el ELN

Al final se sumaron Francia Márquez, una candidata ajena a las grandes familias políticas del país y quien fue víctima en su momento de desplazamiento y Gustavo Petro, quien manifestó haber sido preso político y haber sufrido torturas, así como el exilio de su madre. Este último punto resultó controversial por las burlas del público. 

Las otras víctimas de la política 

 

Lejos de todo ello, como se había mencionado, la historia política colombiana está estrechamente entrelazada con la guerra. De por sí, muchos de los episodios antes mencionados se dieron en el marco del gobierno de personas que en su momento también fueron víctimas del conflicto, como Andrés Pastrana y Álvaro Uribe Vélez

Quizá el más reconocido de estos casos fue el asesinato del padre del expresidente Uribe a manos de las FARC el 14 de junio de 1983, crimen en el que también resultó herido un hermano suyo por una bala de fusil que le atravesó su pulmón. El líder político, hoy cabeza del partido Centro Democrático y abierto opositor de la guerrilla y de los acuerdos de paz, también ha relatado que su hermana sufrió un intento de secuestro. 

Por otro lado, quién no recuerda el secuestro de Andrés Pastrana Arango por parte del Cartel de Medellín el 18 de enero de 1988, cuando era candidato a la alcaldía de Bogotá, y liberado siete días después, el mismo día del asesinato del exprocurador Carlos Mauro Hoyos. Luego de eso fue alcalde de Bogotá, senador y presidente de la República. 

Ahora bien, hay que mencionar que tampoco es un tema exclusivo de presidenciales, pues en el Congreso también hay figuras como la representante a la Cámara María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro Leongómez, exguerrillero del M-19 asesinado en 1990 tras dejar las armas y siendo candidato presidencial. Su historia se enmarca en el oscuro capítulo de la realidad nacional que incluye exterminios políticos como los sufridos por la Unión Patriótica, movimiento político al que los paramilitares le asesinaron más de mil miembros entre 1985 y 1993.

También resalta el caso de Navarro Wolf, exintegrante del M-19 que perdió una pierna y tuvo afectaciones en su habla por un atentado con granada que sufrió en 1985, cuando hacía parte activa de los intentos de diálogos entre dicha guerrilla y el Gobierno. Luego de eso fue alcalde de Pasto, congresista, gobernador de Nariño e incluso precandidato presidencial del Polo Democrático en 2006. 

Como dejar de lado casos tan renombrados como el de Germán Vargas Lleras, ex senador, vicepresidente y ministro de distintas carteras durante los gobiernos de Santos y Uribe, quien perdió varios dedos en 2003 por un libro bomba que le envió las FARC y luego sufrió otro atentado con carro bomba en 2005. 

Otro ejemplo es el de la cabeza de lista para el Senado del Centro Democrático, Miguel Uribe Turbay: su madre, Diana Turbay, fue secuestrada por el Cartel de Medellín en 1990 y asesinada el 25 de enero de 1991 en medio de una operación de rescate (que el gobierno aseguró que nunca existió). Sobre este caso hay dos versiones: la que asegura que fue asesinada por sus captores y la que señala que la bala de fusil que acabó con su vida provino de las armas de los uniformados. 

En fin, lo importante en medio de todo este análisis es no olvidar que la historia no tiene una sola forma de escribirse. En sus páginas, relatos de todas las orillas políticas, con dolores que no discriminan por ideología, protagonizan los más cruentos episodios de la guerra nacional. No obstante, en definitiva la risa o la burla hacia la tragedia personal de alguien, como lo sucedido con Petro, no puede ser el camino para la construcción de una nación incluyente y en paz. 

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