Paloma Valencia divide opiniones con su idea de descentralizar el país

Publicado por: christian.sandoval el Mar, 14/09/2021 - 09:43
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De acuerdo con la senadora Paloma Valencia, descentralizar el aparato burocrático del Estado permitiría que "los ministros y altos funcionarios observen de cerca los problemas y sean catalizadores para las soluciones de los mismos" en las regiones.

En su más reciente columna en Kienyke.com, la senadora del Centro democrático, Paloma Valencia, aseguró que lo que Colombia necesita para llevar progreso a la ruralidad y a la totalidad del territorio es una descentralización del aparato burocrático del Estado. Una propuesta que, asegura, dista mucho del federalismo que “terminaría otorgándole todo lo que ya tienen a los que se han beneficiado del centralismo”. 

“Todos estamos cansados del centralismo en Colombia. Cansados de que las decisiones se tomen desde Bogotá sin atender ni a los intereses, ni a las preferencias, ni al concepto de quienes viven en la región. Por eso, muchas veces se ha sugerido convertir a Colombia en un país federalista. Creo que sería un gran error”, aseguró.

De acuerdo con la senadora, el centralismo actual garantiza que con una “sola bolsa” se beneficien a los territorios menos desarrollados con los  recursos de los “más poderosos”. Sin desconocer, por supuesto, que el centralismo del trabajo estatal ayuda a fomentar inequidades históricas a lo largo y ancho del país. 

La idea de Paloma Valencia es “dividir el aparato burocrático del Estado en 32 partes equivalentes, donde cada uno de los sectores se desplace a un departamento de Colombia, se instale y se quede”. Lo que en sus palabras significa que cada sector, junto a su ministerio, se distribuya de forma equitativa por el país. “Por ejemplo, en Barranquilla podríamos tener el sector comercio. En el Amazonas el sector ambiental, incluyendo por supuesto, los ministerios de cada ramo”, explica. 

“Significa que el presupuesto de esa entidad, los cargos, la infraestructura estaría en la región. Nos ayudaría además a que los ojos de los ministros y altos funcionarios observen de cerca los problemas y sean catalizadores para las soluciones de los mismos”, añade Paloma Valencia.

En ese orden de ideas, para la congresista del Centro Democrático optar por este sistema garantiza seguir teniendo un gobierno central, al tiempo que se distribuyen oportunidades, cargos y mercados en aquellos sitios donde hoy se carece de todo ello. 

Las reacciones a la columna de Paloma Valencia son varias y se dividen entre aquellos que apoyan su propuesta y quienes, por el contrario, consideran que dividir el aparato burocrático del Estado podría crear redes todavía más complejas de corrupción y desconexión estatal (teniendo en cuenta que el centro del poder seguiría siendo Bogotá). 

Algunas de las reacciones a la columna de Paloma Valencia.

Cifras y alternativas de la propuesta de Paloma Valencia

 

Cabe mencionar que la propuesta de Paloma Valencia no es nueva ni sorpresiva, sino que en realidad obedece a todo un movimiento de parte de ciertos sectores políticos que defienden que la toma de decisiones desde las principales ciudades contribuye a mantener las desigualdades históricas en los territorios más alejados del país.

Ya en 2018, por ejemplo, aparecían algunos tuits en apoyo de una propuesta de la senadora, que no dista de la que plasmó en su columna de opinión. 

Reacciones a la columna de Paloma Valencia.

Aún así, ella es la única que propone un sistema de descentralización del poder, aunque sí es un poco divergente en la forma en que considera se debe dar este proceso. La mayoría opta por defender sistemas federalistas que fragmentarían el sistema del Estado y no se limitarían a redistribuirlo en el territorio. 

Uno de ellos, por ejemplo, es el precandidato presidencial y exgobernador de Antioquia, Luis Pérez, quien en repetidas ocasiones ha arremetido en contra del centralismo, calificándolo como un sistema que ignora las necesidades de las regiones. 

En una columna en Kienyke.com, el exfuncionario señaló que “es imprescindible para salvar a Colombia, erradicar el centralismo con todos sus vicios, y caminar hacia el florecimiento de las autonomías de las regiones”. Algo que ha defendido desde diferentes espacios de la política. 

No obstante, la pregunta de fondo es: ¿Qué tan necesario puede llegar a ser realmente dividir bien sea el poder del estado o su estructura territorial? Dejando a un lado si es o no acertada la propuesta, acá van algunas cifras del empleo en Colombia que podrían llegar a dimensionar parte del problema expuesto por Paloma Valencia

De acuerdo con el más reciente informe del Dane, a junio de 2021 la tasa de desempleo a nivel nacional era de 14,3%, mientras que la población ocupada reflejó un aumento del 16,2% con respecto al mismo periodo de 2020. Lo que en números significa que 20,9 millones de personas poseen trabajo formal en el país. 

No obstante, de ese total, las 13 ciudades y zonas metropolitanas más importantes concentran 10,3 millones de personas ocupadas, casi la mitad del total nacional. Un mismo escenario puede observarse en la empleabilidad estatal, que hoy en día cuenta con 1’268.423 funcionarios, de los cuales el 26% son docentes y 30% uniformados. 

En un informe de 2015 en el que se detalla la distribución de los empleados del Estado, que para entonces eran 1’173.351, se especifica que “la rama ejecutiva del orden nacional cuenta con 201 entidades para los 24 sectores”. Las cosas así, existen en Colombia 16 ministerios que conforman 177 entidades y ocho departamentos administrativos con 24 entidades vinculadas o adscritas

Mapa de la distribución del aparato burocrático del Estado.
Créditos:
Informe Función Pública 2015

No obstante, de las 6.002 entidades en las que se subdivide finalmente el Estado en todo el territorio nacional, la mayoría se encuentra en el centro del país y conforme más se mira la periferia, menor es la presencia.

En ese orden de ideas, lejos de si es o no la descentralización la solución para llevar el desarrollo las regiones, es evidente que en el país existe una distribución desigual de la empleabilidad estatal y privada, que bien puede estar alentada por el interés de las empresas de tener sede en las ciudades (permitiéndose abaratar costes de transporte de mercancías, mejores condiciones de seguridad, internet y otros medios de mejor calidad) y promueve la migración laboral desde las regiones. Algo así como una fuga de cerebros a pequeña escala.

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