Muchas veces los empleados reciben sobrecarga de trabajo que se refleja en una tensión física. Esta, a su vez, se demuestra en diversos síntomas, entre los que se destacan la irritabilidad, la depresión, el agotamiento físico y mental.
Especialistas indican que el estrés laboral puede ser ocasionado además por una excesiva carga de trabajo, un elevado nivel de responsabilidad que pone a prueba la capacidad del individuo o relaciones sociales insatisfactorias e incluso tóxicas en el puesto de trabajo. También por la mala planificación de turnos u horarios o una remuneración inadecuada del trabajador.
La Organización Mundial de la Salud define al estrés laboral como aquel que afecta negativamente a la salud psicológica y física de los trabajadores, y a la eficacia de las entidades para las que trabajan.Los expertos además explican que el estrés laboral tiene tres fases: fase de alarma, en la que el organismo comienza a prepararse para hacer frente a lo que considera una agresión externa que exige un esfuerzo extra, y se libera cortisol, adrenalina y otras hormonas que pueden provocar síntomas como aceleración del ritmo cardíaco y la respiración, mayor presión arterial y ansiedad. [single-related post_id="822482"] En la fase de resistencia el organismo pasa a un estado de resistencia activa frente al estrés para evitar el agotamiento. El cuerpo se estabiliza o se “normaliza” y los síntomas tienden a reducirse cuando la situación empieza a estar bajo control. Y en la fase de agotamiento, el trabajador consume todos los recursos fisiológicos. Es una fase de agotamiento físico y mental, en la que el organismo ya no puede seguir resistiendo las agresiones del entorno y que puede traer consecuencias serias para la salud si se da de modo repetitivo y prolongado.
