Gabriel García Márquez es un escritor inmenso y universal. Su labor periodística y literaria lo llevó por muchos lugares del planeta. Esos lugares, después influenciaron sus textos. Hay que tener presente que siempre, un escritor toma muchos elementos prestados de la realidad para construir su mundo imaginario. Aquí encontrará algunos de esos lugares
Foto: Fundación Festival de la Leyenda Vallenata[/caption]
Y esto dijo de la ciudad: “Bogotá era entonces una ciudad remota y lúgubre donde estaba cayendo una llovizna insomne desde principios del siglo XVI. Me llamó la atención que había en la calle demasiados hombres deprisa, vestidos como yo desde mi llegada, de paño negro y sombreros duros. En cambio no se veía ni una mujer de consolación, cuya entrada estaba prohibida en los cafés sombríos del centro comercial, como la de sacerdotes con sotana y militares uniformados. En los tranvías y orinales públicos había un letrero triste: ‘Si no le temes a Dios, témele a la sífilis’”.
El Caribe colombiano
Sin duda, la referencia geográfica más importante de la obra de ‘Gabo’ es el basto Caribe Colombiano. Allá nacieron las historias y personajes más memorables del escritor. Sobre ese lugar, el Nobel le dijo a su amigo Ernesto McCausland: “En el momento en que desembarco aquí, yo noto que todo en el cuerpo y en la mente se me reajusta, y se identifica perfectamente con toda la realidad ecológica que tengo alrededor. Yo llegué a la conclusión que uno es de su medio ecológico y que es peligrosísimo y gravísimo salir de él. Entonces a mí me sucede solamente, francamente no en la Costa, sino en el Caribe, en cualquier lugar del Caribe. A mí me sueltan vendado, y yo sé que estoy en el Caribe porque el organismo me está funcionando de una manera que no me funciona en ninguna otra parte y la mente, todo. Es un reajuste que se debe a una identificación total del cuerpo y de la mente con el medio”.Bogotá
La capital de la república fue, para García Márquez, la antítesis a su idílica Costa. En sus memorias, escribió como su padre le había dicho, por allá en la década de los 40 que “no hay plata que alcance para los cachacos”. Sin embargo al escritor le tocó irse para allá cuando empezó a trabajar como periodista. [caption id="attachment_700225" align="alignnone" width="1024"]
Foto: Fundación Festival de la Leyenda Vallenata[/caption]
Y esto dijo de la ciudad: “Bogotá era entonces una ciudad remota y lúgubre donde estaba cayendo una llovizna insomne desde principios del siglo XVI. Me llamó la atención que había en la calle demasiados hombres deprisa, vestidos como yo desde mi llegada, de paño negro y sombreros duros. En cambio no se veía ni una mujer de consolación, cuya entrada estaba prohibida en los cafés sombríos del centro comercial, como la de sacerdotes con sotana y militares uniformados. En los tranvías y orinales públicos había un letrero triste: ‘Si no le temes a Dios, témele a la sífilis’”.
