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De La cara oculta y otros demonios del cine colombiano

La cara oculta llegó para mostrar una nueva dimensión de la producción local. Columna crítica de ...
La cara oculta

 

Mucho se ha dicho del cine colombiano en los últimos años. Que sólo habla de putas, tetas y drogas; que sólo vende el falso cliché de humor de Dago García y Harold Trompetero; que prefiere la técnica a las buenas historias, pero sobretodo que no ha logrado encontrar un lugar entre el público, más en el local que sigue pensando que no hay película colombiana digna del valor de la entrada al cine.

Pues bien, La cara oculta (Andrés Baiz) llegó para mostrar una nueva dimensión de la producción local. No diré que es la mejor, eso sería ofender a Satanás (del mismo Baiz) o a Los colores de la montaña (de Carlos Arbeláez), pero su simplicidad constante, la tranquilidad con que cada actor asume su lugar y la majestuosa capacidad del director por contar dos veces la misma historia desde ángulos diferentes la convierten en una película digna de ver, disfrutar y, por qué no, criticar.

Sí, La cara oculta puede no ser perfecta, de hecho al principio los actores parecen incómodos con los libretos, pero pasados los primeros veinte minutos todo mejora: Martina García encuentra su lugar y nos demuestra por qué su carrera va en ascenso, Clara Lago pone una cuota dramático-cómica que resulta difícil de explicar, y la historia, los giros dramáticos y las diferentes perspectivas de un mismo hecho nos amarran a la silla sin poder escapar de esta simple trama de celos, venganza y suspenso.

¿Qué juega en contra? Internamente, nada que haya estado entre las posibilidades. Externamente, casi todo. De hecho, la colaboración de 20th Century Fox le agrega una responsabilidad económica que, además de materializarse en una alta recaudación de taquilla, se convierte en el principal enemigo de La cara oculta: la expectativa.

Y aunque resulte extraño, son precisamente la anterior película de Baiz y esa alta expectativa los culpables de que parte del público no salga satisfecho. Sencillo, el dicho popular no puede ser más claro: el que más espera es también el más propenso a sentirse defraudado. Aplica perfectamente aquí, pues ésta no supera a Satanás y se queda corta frente a lo que promete el tráiler.

Al final de cuentas lo importante es llegar a cine sin más esperanzas que ver una película colombiana bien hecha, bien contada y bien actuada, lo demás viene por gusto del espectador… eso sí: prepárese para un final inesperado, simple y modestamente inteligente tipo Los otros y El orfanato.

www.twitter.com/jadinsamit

Sobre el autor: “siempre he pensado que la vida es como una película: cada persona tiene su papel y cada canción nos recuerda algo (¿o a alguien?). Eterno aprendiz y crítico audiovisual, enseña la cátedra América Latina a través del cine y en los tiempos libres es Comunicador social”.

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