Chocquibtown es el alma del Pacífico

Chocquibtown es el alma del Pacífico

4 de septiembre del 2011

Algún iluminado les aconsejó, hace ya tantos años, que se fueran para Bogotá. ‘Tostao’ trabajaba en Rumba Estéreo, ‘Goyo’ y ‘Slow’ se la rebuscaban como podían, mientras ChocQuibTown, el sueño de los tres, despegaba. “Somos una banda de Cali”, me dijo alguna vez ‘Tostao’, quizá para darme el gusto de sentir que su banda les pertenecía a los caleños. Pero si se hubieran quedado en la Sultana del Valle, es difícil imaginar que la vida los hubiera llevado hasta Las Vegas, la meca del “showbiz”, a recibir un Grammy.

Los ChocQuibTown no son los consentidos de una disquera poderosa, ni el producto empaquetado de un operario musical, ni los cantantes de moda del ritmo de moda. Son una banda que toca una mezcolanza extraña y única originaria del pacífico colombiano. Una banda que se hizo a la vieja usanza, a punta de toques a lo largo y ancho de Colombia. Desde la Concha Acústica de los Cristales, en Cali, hasta las salas de concierto de la capital, pasando por los parques de las ciudades intermedias, el malecón de Quibdó, las galas de la farándula criolla y una letanía de bares miserables que se encendieron con su energía.

¿Quién en Colombia no se acuerda de la primera vez que oyó hablar de CQT? Un nombre que quedaba sonando, pero es poco probable recordarlo. Lo inolvidable de verdad era verlos tocar en vivo. La exquisitez de ‘Goyo’ –la cabeza en la tierra del grupo–, el flow de Slow –el link con lo electrónico–, el performance de ‘Tostao’ –el genio musical–. La buena vibra expansiva que se apodera del recinto. La música que invita al baile, ‘El Bombo’, que amaba sin reparos, ‘Nadie Como Tú’, que pedía prestado del hip–hop, de la marimba, de los sonidos ancestrales del folclor pacífico que iluminan los cielos caleños durante el festival Petronio Álvarez. Canciones que hablaban del mundo pero no sermoneaban, que pedían baile sin ser escapistas. Despojadas de cualquier pretensión, unían, ‘Somos Pacífico’.