"Colombia, periodísticamente, no ha aterrizado en el siglo XXI"

Sáb, 03/11/2012 - 04:00
HOMENAJE A DON JOSÉ SALGAR
Se acaba de poner a nueve años del centenario de su natalicio en Bogotá, la ciudad de todos, don José Salgar, toda una institución del periodismo
HOMENAJE A DON JOSÉ SALGAR
Se acaba de poner a nueve años del centenario de su natalicio en Bogotá, la ciudad de todos, don José Salgar, toda una institución del periodismo colombiano. El Mono –el más querido y admirado de los exponentes de la vieja guardia del diarismo nacional– estuvo vinculado durante 60 años a El Espectador.En "El Canódromo" fue verdadero maestro de muchos reporteros, empezando por el Nobel Gabriel García Márquez, "cuando el hijo de Aracataca era feliz e indocumentado".En la cumbre de los 91 años –lujo que se dio en agosto Otto Morales Benítez, otro periodista y escritor de todos los quilates– don José se niega a poner la pluma en remojo; mantiene intacta su claridad mental y opina, sin ambages, sobre la situación del país, a través de su columna de toda la vida, titulada, sin incómodas comillas, El Hombre de la Calle.Saludamos con alborozo la envidiable longevidad de este colombiano ejemplar que se metió al apasionante oficio cuando todavía llevaba pantalones cortos y sus compañeritos se dedicaban en las calles bogotanas a jugar a las canicas o a correr detrás de las ruedas impulsadas por el infaltable palito.   Uno de sus mejores biógrafos (don Oliverio Perry) lo describió así: "José Salgar Escobar nació en Bogotá el 21 de septiembre de 1921. Contrajo primeras nupcias con Cecilia Vargas Flórez, de cuya unión nacieron Ana Paulina y Germán. Al enviudar se casó con Inés Hurtado Valencia. Son padres de Carlos (periodista como su padre) y Luis Alberto. Salgar hizo sus estudios primarios en el colegio San Vicente y la secundaria en el instituto de La Salle. Jose Salgar y Gabriel García Márquez Apenas tenía 13 años de edad cuando ingresó a El Espectador, en 1934. Hizo toda su carrera allí en las secciones de talleres y redacción, pasando por los cargos de reportero, fotógrafo y la jefatura de armada hasta llegar a ser, en 1948, jefe de redacción y en 1960, subdirector. En 1965 asumió la dirección de El Vespertino, hasta su desaparición. Es autor de la columna (que en principio fue diaria) El hombre de la calle que aún mantiene en El Espectador, redactada en un estilo sobrio, accesible para la persona del común. En las notas refleja la personalidad del hombre sencillo que trata los temas más simples sin aspavientos ni espectacularidades. Profesor de periodismo de la Universidad Javeriana, ha recibido merecidas distinciones de entidades nacionales y extranjeras. Es uno de los periodistas colombianos de más brillante trayectoria". El Mono evocó sus inicios en el periodismo, en el diario de sus amores: "Hice de todo y tal vez lo más importante para mí fue que nunca me dejé seducir por nada distinto del trabajo que yo hacía: ni por la política, ni por el dinero que posiblemente habría sido mejor; entonces me quedé ahí y me fue muy bien. Yo hice todas las cosas, incluyendo participar en la parte administrativa, aunque, claro, siempre estuve en la redacción hasta que ocurrió lo que todos conocen: el desmoronamiento de la empresa familiar de El Espectador, que coincidió con el desmoronamiento de ese tipo de periódicos en todo el mundo; El Espectador fue uno más de tantos, pero de todas maneras asistí a todo ese proceso con cierto dolor, viéndolo morir, aunque no murió completamente porque le aplicaron una inyección de cerveza". A sus 78 años en el oficio, al muy acatado don José le sobran bríos para enunciar frases tan duras y contundentes como estas: "Las palabras periodismo y periodista están mandadas a recoger"... "Colombia, periodísticamente, no ha aterrizado en el siglo XXI"... "El país quedó con el periodismo de peores condiciones en el mundo: con pena de muerte y con impunidad total".
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