Cuando los eclipses mataban

Publicado por: erika.diaz el Lun, 30/11/2020 - 15:56
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Los eclipses eran percibidos como un augurio por algunas civilizaciones antiguas. Kienyke.com comparte algunas de estas creencias mitológicas del pasado.
Los eclipses eran percibidos como un augurio por algunas civilizaciones antiguas. Kienyke.com comparte algunas de estas creencias mitológicas del pasado.

El último eclipse del convulsionado año 2020 tuvo lugar en la madrugada de hoy, 30 de noviembre. Una gran decepción se estarán llevando aquellos que tenían en la cabeza la idea de que el eclipse lunar, que fue visible de forma parcial en Colombia, ocurriría en la noche que marca el final de noviembre y el inicio de diciembre.

Pero no se desanimen: el año entrante será posible ver más eclipses. Ojalá para ese entonces tengan la oportunidad de verlos en compañía de amigos desde el observatorio local. 

Mientras tanto, Kienyke.com deja a su disposición las historias mitológicas que los ancestros de diversas culturas atribuían a estos eventos celestes.

Comida para lobos

Los vikingos tenían la creencia de que había dos huargos —una criatura fantástica parecida al lobo, pero más grande y audaz— que se alimentaba de cuerpos celestes, como las lunas y las estrellas. Cuando llegaban a llevarse a la boca al sol y a la luna, se apagaba la luz de ese cuerpo celeste y ocurría el eclipse. Al igual que los chinos, los vikingos hacían ruidos estridentes para que los dos huargos escupieran las presas y se alejaran.

El final de los tiempos —el ragnarök— llegaría si nadie intervenía y los huargos terminaban de comerse sus presas.

Ejecutados por un eclipse

El primer registro de un eclipse causó la muerte de dos astrónomos chinos aproximadamente en el año 2159, como lo registra el volumen 39 de Popular Astronomy. En la China imperial, registrar la aparición de un eclipse era un buen augurio para el emperador a cargo. Ojo: no solo tenía que ocurrir, sino que debían anticiparse a él. Si los cálculos de los astrónomos fallaban y el eclipse aparecía por sorpresa, el emperador corría el grave peligro de ser digerido por el mismo dragón que se comió el sol y causó el eclipse. Por eso era de utilidad saber cuándo ocurriría el eclipse: para alejar al dragón del emperador con todo tipo de ruidos.

Los astrónomos Hsi y Ho no pudieron predecir que un eclipse solar ocurriría, aparentemente porque estaban muy borrachos para darse cuenta, y pagaron su error con la vida. Otra teoría dice que estos astrónomos se rebelaron contra el emperador y se negaron a avisarle que el eclipse ocurriría para que la desgracia cayera sobre él. En todo caso, esa ejecución hizo que algunos desistieran de ser astrónomos, lo cual parece una decisión razonable.

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El impostor

De acuerdo con la profesora Ulla Koch-Westenholz, en el artículo que escribió para Démons et merveilles d'Orient, los eclipses en Mesopotamia eran atribuidos a desgracias por venir, que podían caer sobre la ciudad, los templos o el rey. Los babilonios estaban en capacidad de escribir un presagio preciso según la parte de la luna que se cubriera y la fecha en la que ocurría el eclipse. 

Para curarse en salud, el rey cedía su corona a una persona pobre o a un prisionero del reino durante cien días —el tiempo que supuestamente duraba el influjo del eclipse—. Si alguna desgracia debía ocurrirle al rey, este intercambio garantizaba que el rey verdadero sobreviviera. Si no pasaba nada, el rey impostor era ejecutado.

A los mesopotámicos se les debe el hallazgo del ciclo de saros; un ciclo de 84 eclipses que ocurre cada 6585,32 días —un periodo de unos 18 años y once días—.

La mordida maya

Los mayas consideraban que los eclipses ocurrían porque uno de los dos cuerpos celestes mordía al otro. No era una cosa buena: era un indicador de que los dioses se estaban peleando y que una desgracia ocurriría pronto. Otro relato dice que los eclipses ocurrían porque una serie de animales siniestros atacaban a los astros y los devoraban. Los mayas podían ayudar a sus dioses a conciliar sus diferencias o zafarse del ataque mediante rituales sonoros y pinturas del sol. 

Las mujeres debían cubrirse de recibir la luz de un eclipse. Si eran cobijadas por la luz de la deidad enojada, el niño en camino podía venir con serias malformaciones o manchas. Si por accidente recibían la luz, debían ingerir agua que enjuagó la piedra de moler. Para protegerse, se podía usar amuletos de metal o un pañuelo rojo en la cintura.

Por otro lado, los sacerdotes mayas hicieron grandes avances científicos y lograron predecir eclipses que incluso ocurrieron fuera de su campo visual. El registro más importante está en el almanaque contenido en el Códice de Dresde. Sin embargo, estos conocimientos no eran ampliamente difundidos en el resto de la comunidad, así que el carácter esotérico de los eclipses persistió con los años.