El álbum de los mendigos de Barranquilla

El álbum de los mendigos de Barranquilla

6 de abril del 2011

Óscar Robles acababa de llegar de México a la ciudad donde nació, Barranquilla. Como siempre, este fotógrafo de 46 años se subió en un bus de transporte público y se fue a recorrer la verdadera ciudad. La “Curramba” de ventas de minutos a celular, de tiendas en cada calle y de costeños que toman cerveza sentados en un andén.

Cinco cuadras más tarde llegó la intriga. Robles observó un bulto cobijado con ropas. Parecía un cadáver. Parecía alguien que acababa de morir por inanición. Parecía un muerto. Robles siguió su ruta, pero la incertidumbre pudo más y decidió bajarse para ver qué era.

El bulto apenas sintió su presencia, levantó la cabeza, abrió los ojos y le pidió una moneda. Robles sacó su cámara, cuadró el diafragma y obturó. Esa fue su primera foto de las más de 10.000 que hizo en un especial de indigencia desgarrador. Todas en la misma ciudad, en un periodo de tres meses, en lugares diferentes y bajo el mismo sol. Robles no quiso colaborar con una moneda, quiso revelar que algo pasaba en la ciudad del mejor carnaval de Colombia.

Barranquilla según estudios del DANE, es la ciudad del Caribe con más mendigos en sus calles. Su pobreza, dice la entidad, es de 30%. Es decir, de cada cien habitantes, treinta se encuentran en condiciones mínimas. Así mismo, el último estudio de la Misión para el Empalme de las Series de Empleo, Pobreza y Desigualdad (MESEP), demuestra que la capital del Atlántico no es como la pintan las marimondas. Su incidencia respecto de pobreza extrema sólo se encuentra por debajo de ciudades como Medellín y Manizales.

“Mendigo es cualquier persona que trabaja o pide dinero en las calles sin importar el hecho de tener o no vivienda”, según los investigadores de la Universidad del Norte en un reciente estudio llamado La mendicidad como proyecto de vida. En él encontraron que aunque el gobierno de turno en Barranquilla trata de brindarle diferentes oportunidades a las personas que se encuentran dentro de estos cuadros críticos, prefieren considerar la mendicidad como un proyecto de vida, como un trabajo permanente y no como algo transitorio o temporal, porque para ellos es un oficio rentable en alguna medida.

Pero el fotógrafo Robles no se encontró con estos datos en las calles de su ciudad. Al volver nunca vio una valla que describiera un fenómeno que se había extendido desde las avenidas más tradicionales hasta las calles de los barrios más ricos. La Calle Murillo era un vertedero de hombres y mujeres que dormían en las aceras, con sus ropas raídas y pidiendo limosnas. De modo que Robles, que dice ser un hombre bastante pasional y que no acepta estas injusticias, se dedicó a disparar su cámara, a caminar las calles, a conocer a las personas y no correrle a los mendigos.

Sus fotos lo argumentan y sus relatos lo justifican. El ejercicio lo hizo hace dos años, justo después del carnaval, entre marzo y julio de 2009. Robles no sólo fue uno de los 200.000 visitantes que llegaron a disfrutar del “monocuco”, de las comparsas y de la fiesta barranquillera, personas que llegan y se van, sin advertir que atrás queda una ciudad real. Los retratos de Robles ocurrieron en calles reales: la Plaza de la Paz, el Portal del Prado, el  Parque Tomás Suri Salcedo, los alrededores del Estadio Metropolitano, en Puerto Colombia, el Barrio Simón Bolívar, en la Avenida Olaya Herrera, por la Murillo Toro,  la 84,  la 20 de Julio, la 43, la calle 72 y ciertos barrios tradicionales de la arenosa.

En dichas calles, el fotógrafo se encontraba con personajes particulares que además ya hacen parte del paisaje urbano de Barranquilla. En la carrera 44 con calle 31, dice Robles, desde hace casi seis años habita un indigente que siempre está semidesnudo y vive a la intemperie, sin que nadie advierta su presencia. Cerca de la zona de El Prado recorre las calles, desde hace más de un lustro, una indigente que es reconocida por dos cosas: muestra su esfínter como un mal que no tiene cura. Y por otro lado, la gente de edad sabe que esta mujer fue hace años Decana de la Facultad de Idiomas de la Universidad de Barranquilla. Hay otro personaje por el estilo que es conocido por muchos jóvenes como “El Profe”, un hombre que estudió matemáticas y que le ayuda por alguna limosna a los jóvenes a resolver los problemas de física. Muchos de los indigentes, como si fuese una paradoja, hablan inglés. La mayoría vivió en Estados Unidos, pero fueron repatriados por sus problemas de documentación. Así se podrían ir miles de caracteres con descripciones de los cientos de personajes que se extienden por la puerta del sol.

Las estadísticas que revela el trabajo de campo de Robles son para asustar a cualquier alcalde. El fotógrafo dice que de los cientos de indigentes que capturó su cámara, 60% se encuentran entre los 18 y 30 años, edad apta para cualquier trabajo, mientras el resto se reparte entre ancianos y niños.

Sin embargo, existe hoy por hoy una paradoja que habla por la ciudad: el acalde de Barranquilla, Alejandro Char, es considerado, según la prestigiosa empresa encuestadora Gallup, como el mejor acalde del país. La firma encuestadora dice que hasta julio del año pasado el apoyo a la gestión del alcalde Char era de 97% y ahora es de 88%. A pesar del descenso, se mantiene como el mandatario con el respaldo más alto entre los evaluados. La encuesta dice también que el optimismo de los barranquilleros es de 62%.

Para Elkin Robles, la culpa del mal momento por el que pasa la ciudad no es del alcalde actual, pero también deja entrever que la historia sigue igual y que Barranquilla sigue plagada de pobreza y la mendicidad. Para Robles, Gallup y Alejandro Char tal vez no han visto su trabajo fotográfico. Por eso quiere revelarlo, no sólo a los encuestadores, si no a todo el mundo.