El juez de Samuel Moreno

Mar, 20/09/2011 - 00:00
 –Déjeme saludar al juez más popular de toda Colombia.
 –Ni tanto –le responde entre risas a un auxiliar de su despacho Jor

 –Déjeme saludar al juez más popular de toda Colombia.

 –Ni tanto –le responde entre risas a un auxiliar de su despacho Jorge Polidoro Bernal, el juez 28 de garantías del circuito de Paloquemao, quien tendrá que decidir si el suspendido alcalde Samuel Moreno irá o no a la cárcel, mientras avanza el proceso en su contra, por el escándalo del ‘Carrusel de la contratación de obras públicas en Bogotá'. Sin duda, el encargo más trascendental que le ha tocado en su carrera.

El juez Bernal toma tinto en su despacho. Ya no tiene la toga negra con la que instauró la audiencia de imputación al alcalde Moreno. “Cuando empecé la audiencia me pareció simpático que el alcalde se me acercó a saludarme y me dijo: ‘Doctor Bernal, ¿cómo le va?, mucho gusto, yo a usted lo distingo’. Y yo le dije, pues yo a usted no doctor. (Se ríe).

El fiscal Ricardo González le imputó tres cargos al suspendido alcalde que le pueden dar entre 10 y 15 años de cárcel.

Bogotano, egresado de la facultad de derecho de la Universidad Nacional en 1990, juez de pueblos de Cundinamarca y Boyacá, casado y padre de dos hijos, Jorge Polidoro, o Polidoro a secas, como lo conocen en Paloquemao, es juez en Bogotá desde el 1 de abril de 2004, cuando fue trasladado luego de ser amenazado en La Palma (Cundinamarca), en donde era juez promiscuo municipal, por el frente 22 de las Farc. En esa época le dieron 48 horas para salir del pueblo antes de declararlo objetivo militar, porque según ellos había nombrado a la novia de un paramilitar como notificadora del despacho. Presentó la denuncia en la Fiscalía y al día siguiente salió del pueblo en un bus escoltado por la Cruz Roja Internacional.

El juez Bernal, de 49 años, tiene una risa contagiosa. Cuando estuvo en bachillerato peleó a puños con quienes lo llamaban Polidoro, e incluso pensó en cambiarse el nombre, hasta que se dio cuenta de que ese nombre lo identificaba por encima del universo de jueces. “Hoy si usted pregunta en Paloquemao por Jorge Bernal nadie le da razón, pero si usted pregunta por Polidoro, de inmediato me encuentra”, dice y cuenta que le dio risa cuando en la audiencia de Moreno las cámaras de los medios lo grabaron haciendo un barquito de papel con una lámina de chocolatina que tenía en el escritorio. “Pero yo sí estaba parando bolas, en todo caso, en esta audiencia de imputación el que debía poner 100% de atención era el alcalde. Yo simplemente tenía que mirar que todo tuviera los requisitos y las formalidades”.

Ese detalle no fue lo único que sorprendió al auditorio. A la 1.40 p.m., cuando terminó la audiencia de imputación, y todos, en especial el fiscal, esperaban que continuara la audiencia de medida de aseguramiento, el juez Polidoro suspendió la diligencia. “La razón: mi horario de trabajo va hasta las 2.00 p.m. tengo un hijo discapacitado, no tengo empleada y me toca ir a recogerlo”. Y así fue. La audiencia se suspendió para el día siguiente a las 7.30 a.m.

Samuel Moreno no aceptó los cargos que le imputaron.

Sergio, su hijo mayor, tiene 15 años y no habla, sólo emite sonidos. Estudia en una fundación al norte de Bogotá, que trata su enfermedad: autismo e hiperactividad. “Al comienzo la enfermedad nos dio muy duro a todos. A tal punto que la familia cada vez que había reuniones sociales, bautizos y primeras comuniones, quería tomar fotos con todos menos con mi hijo. En varias ocasiones les dije que si no se tomaban fotos con él yo me iba. Luego decidí no volver a las fiestas. Llegaron a decir que no querían que sus amigos se enteraran de que había una persona con discapacidad en la familia. Sólo ocho meses después algunos se acercaron y me preguntaron qué sufría mi hijo y cómo podían ayudar. Con el tiempo esa situación ha mejorado”.

El juez Bernal cree en Dios, por eso comparte las palabras de su madre cuando le dice que Sergio no es un castigo sino una bendición, “un angelito que viene de los cielos para que tenga los pies sobre la tierra”.

 –Juez Bernal, ¿es usted insobornable?

 – Sí, porque yo sé que el futuro de mi hijo es mi pensión. Dicen que los niños autistas viven 55 años. Cuando yo salga de aquí, mi hijo tendrá de qué vivir hasta el último día de su vida. Por eso tengo que portarme bien.

 –¿Pero alguna vez han intentado corromperlo?

 –No, pero muchas veces se me han acercado y me han dado a entender que somos conocidos o cercanos de vieja data, y me dicen: ‘la decisión va por este lado ¿cierto señor juez?’ Y yo les he respondido: No señor, la decisión se toma en el estrado, no aquí.

Lo cierto es que, detrás de bambalinas, la abrupta suspensión de la audiencia de Moreno también tiene asidero en una vieja pelea. “Los anteriores directores del Centro de Servicios de Paloquemao eran amables y comprendían mi situación, incluso una vez recogieron a mi hijo en la fundación, lo llevaron a la casa y lo cuidaron mientras yo terminaba una audiencia. Por esa razón yo concentraba las diligencias y me quedaba hasta la hora que fuera necesaria. En cambio, la actual directora, Carmen Aliria Gualteros, no me ha apoyado en nada. Incluso, cuando pedí un permiso para viajar a Cali a visitar a mi padre enfermo, me lo negó. Por eso le dije "de ahora en adelante, cuando sean las 2.00 p.m. y se acabe mi turno, suspendo y continúo en horas laborales”.

El juez Polidoro habla de su rectitud: “Las decisiones las he tomado a conciencia, en derecho y sin perjudicar a nadie”, aunque no niega que ha tenido sanciones disciplinarias. “Me han tildado de todo, un defensor me dijo una vez que no le había dado el uso de la palabra porque le dije que si seguía interrumpiendo la audiencia sin mi permiso, lo sancionaba con 10 salarios mínimos y podía incluso ordenar su arresto”.

Polidoro ha tenido audiencias complicadas, pero nunca con tantas cámaras y periodistas como la de Samuel. “Un día me tocó el caso de 14 personas que se dedicaban al narcotráfico en el Urabá. Los llevaron en helicóptero de Urabá a Medellín y de allí a Bogotá. La sala estaba llena sólo con los abogados. Y mientras los defensores pedían casa por cárcel para sus clientes, ellos pedían ser encerrados en una cárcel de Medellín, me decían que por ningún motivo los dejara libres”.

También cuenta con emoción, como si se tratara de una aventura policiaca, que el año pasado, cuando era juez sexto penal del circuito,  envió a seis años de prisión a dos hombres mal encarados, por porte ilegal de armas y hurto calificado.  A la salida, dos familiares de los presos le dijeron: ‘Lo veremos sin toga’. Fueron ellos quienes lo esperaron en una moto al frente de Paloquemao. Polidoro los vio. Asustado, se devolvió e intentó salir por otra parte, pero allí también estaban esperándolo. Entonces escapó por el parqueadero, camuflado en un taxi.

Pocos minutos antes de salir corriendo para recoger a su hijo, ante la pregunta de cómo vio la audiencia de Moreno, el juez Polidoro dijo: “hay que esperar, pero sé que el defensor de Samuel es bueno. En audiencias pasadas ha demostrado ser habilidoso. En cambio, al fiscal creo que le faltó ímpetu”.

 –Juez Bernal, ¿Samuel Moreno irá a la cárcel?

 –No sé, si el fiscal plantea mal la medida de aseguramiento y el defensor de Samuel justifica bien su libertad, le puedo dar la domiciliaria. Todo depende de la argumentación. Mañana se define todo. Me tienen que convencer.

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