A sus avanzada edad, cercana a los 88 años, Guillermo Gaviria debió pensar que la vida no le pondría una prueba más difícil que enterrar a su hijo mayor, Guillermo Gaviria, quien siendo gobernador de Antioquia murió asesinado por las Farc en un rescate fallido de las Fuerza Militares. Sin embargo, la Fiscalía lo acusó por presuntos nexos con grupos paramilitares en el departamento y ordenó su captura. Gaviria ya salía poco de su casa por cuestiones de edad y salud, solo que ahora es una imposición de la justicia.
Permanece en detención domiciliaria en su tradicional casona de Medellín. La misma por donde han pasado los jefes liberales del país. Allí y en el periódico El Mundo, que adquirió hace más de una década, se han fraguado las campañas que han posibilitado distintos triunfos liberales en Antioquia, pero sobre todo la llegada de sus hijos, primero de Guillermo y luego Aníbal, a la gobernación y alcaldía de esa ciudad.
Desde joven ha combinado la política con las actividades empresariales como ingeniero, que lo llevaron a Urabá a donde llegó en la época de la colonización del banano y alcanzó a poseer importantes extensiones de tierra, algunas de las cuales guardan dolorosas historias de violencia y muerte.
La Fiscalía ha avalado las versiones del empresario y paramilitar que operaba en esa zona, Raúl Hasbún alias 'Pedro Bonito', ante la Unidad de Justicia y Paz, en las que ha hecho referencia a Gaviria y a sus presuntas contribuciones de dinero a las AUC. Sin embargo, ese no sería el pecado que pesa sobre los cansados hombros del empresario paisa.
El 17 de julio de 2008, el también jefe paramilitar Diego Fernando Murillo, Alias ‘Don Berna’, quien actualmente se encuentra en una cárcel de Estados Unidos, entregó versión libre a fiscales de Justicia y Paz en la que dio las coordenadas exactas donde se encontraban los cuerpos de los integrantes de varias familias de los municipios de Sopetrán y San Jerónimo, desaparecidos entre agosto de 1996 y febrero de 1997.

En el periódico El Mundo se han fraguado varios de los triunfos liberales en Antioquia, pero sobre todo la llegada de sus hijos, Guillermo y luego Aníbal, a la política de esa región.
Se trataba, según el expediente, de los cuerpos de Franklin Varón, María Mercedes Toro, Juan Carlos Ortiz, Claudia Elena Orrego y Guillermo Serna, asesinados por orden del extinto jefe de las AUC, Carlos Castaño. Sus familias, que se habían organizado en la fundación de víctimas de la violencia Madres de la Candelaria, llevaban once años buscándolos y habían enviado cartas suplicándole a ‘Don Berna’ que diera la ubicación de los restos.
Como lo relató la desaparecida revista Cambio, ese mismo año ‘Don Berna’ entregó los datos, y un grupo de fiscales viajaron hasta donde señalaban las coordenadas. Llegaron entonces a la vereda La Florida, y allí un GPS los guió hasta la finca La Gavina, que resultó ser propiedad de Guillermo Gaviria.
Después de un recorrido, y de remover varios metros cúbicos de tierra, los encargados de la exhumación encontraron los cuerpos de Claudia Elena Orrego y de María Mercedes Toro Agudelo. Los investigadores regresaron diez días después y, en otra búsqueda, hallaron otra fosa con los restos de Ortiz. No obstante, ni Franklin Varón ni Guillermo Serna aparecieron.
El hecho llamó la atención de las autoridades, pues no se explicaban por qué los restos de las víctimas de las AUC aparecieron en las tierras del jefe liberal. Pero tampoco hicieron esfuerzos por ir más allá del descubrimiento de los cadáveres de las víctimas de las AUC.
Gaviria fue consultado por los periodistas en su momento, y dijo que desconocía las razones por las cuales esos cuerpos estaban enterrados en su finca: "Probablemente alguien fue a buscar dónde enterrar el producto de su crimen, pero yo no sé nada de eso”. También aseguró que no sabía de investigaciones en su contra.
El episodio aún está sin esclarecer, pero las reclamaciones de las víctimas que buscan la huella de los suyos siguen pendientes por resolver. Esto unido a las últimas acusaciones de la Fiscalía, vuelve sombrío el panorama de quien fuera uno de los patriarcas de Antioquia. Un ocaso triste para una vida que se va cerrando.
