Entre la memoria y la reconciliación

31 de octubre del 2018

Las canciones que hoy entona Rafael Gustavo Posso, un humilde agricultor de 50 años oriundo de San Juan Nepomuceno solo hablan de paz, memoria, reconciliación y perdón. Este hombre desde muy pequeño combinó el azadón con la música vallenata.  Pocos imaginarían que hace 18 años, en una noche del mes de marzo, vivió la peor de sus […]

Entre la memoria y la reconciliación

Foto: ANTV

Las canciones que hoy entona Rafael Gustavo Posso, un humilde agricultor de 50 años oriundo de San Juan Nepomuceno solo hablan de paz, memoria, reconciliación y perdón. Este hombre desde muy pequeño combinó el azadón con la música vallenata.

Pocos imaginarían que hace 18 años, en una noche del mes de marzo, vivió la peor de sus pesadillas. Un grupo paramilitar llegó a la Vereda Las Brisas y asesinó a su padre, Joaquín Fernando Posso, a sus hermanos José Joaquín y Alfredo Luis. Además de otras nueve personas que se convertiría en el mayor destierro en la historia de Montes de María. El hecho generó que más de 200 familias quedaran desplazadas.

“Fue el 11 de marzo del año 2000 y mataron tres de mis familiares. También tres compañeros más, sindicados de guerrilleros o de colaboradores de la guerrilla. A nosotros nos truncaron la vida”, recuerda ‘Rafa’ con nostalgia, mientras hace una pausa antes de volver al escenario.

La cartilla de ‘Maye’

Ese mismo escenario que él recorre una y otra vez en la Escuela de Música Lucho Bermúdez, es el mismo que ahora es ocupado por Mayerlyn Luna. Ella es una joven de 15 años, qué así como ‘Rafa’, nació en medio de esta enorme serranía de los Montes de María. Esta es una de las regiones más azotadas por el conflicto armado en Colombia.

El festival que llegó este año a su séptima edición, se cumplió entre el 25 y el 29 de octubre en El Carmen de Bolívar.

Sus ojos no tuvieron que presenciar el horror de la guerra, sin embargo su familia cargó la cruz del dolor y la muerte que dejaron a su paso las autodefensas. “Mis papás sufrieron la violencia, son desplazados. Vivieron la violencia y no quiero contar eso como algo triste, quiero que sea algo que transforme. Si otra persona lo escucha que no se ponga a llorar, sino que sonría al ver que en realidad se está generando un cambio”, expresa esta adolescente que desde ahora, concibe su futuro en medio de las luces, la cámara y la acción.

Mayerlyn Luna. Realizadora Audiovisual de 15 años. Creó un cortometraje sobre la exclusión de los niños venezolanos en El Carmen de Bolívar. También una cartilla para fomentar su inclusión.

Tiene apenas 15 años, pero habla con tal seguridad, que hasta el mejor orador la envidiaría. Y es que esa suficiencia y madurez la adquirió tras conocer su pasado lleno de odio que no quiere repetir. Por eso le apuesta a un presente de entendimiento y de paz. Los valores que ahora promueve nacieron al vivir el desplazamiento, ya no de su familia, sino de decenas de niños venezolanos que han llegado a El Carmen de Bolívar. Los pequeños viven otro drama: el de la exclusión, la xenofobia y el desprecio.

“Algo que aprendí es que los venezolanos no se están viniendo a este país porque allá estén muertos de hambre, sino que simplemente les gusta. Otros sí están viven una situación difícil”, asegura, mientras se vuelve a arreglar la flor que adorna su largo cabello castaño oscuro y que llama la atención de los asistentes. También es impresionante la confianza al hablar en público.

A su corta edad, a ‘Maye’ le parece inverosímil la discriminación que tanto reprocha. Por eso junto a otros compañeros decidieron hacer una cartilla para migrantes para entender y convivir pacíficamente con sus nuevos compañeros. Quienes deben afrontar, lejos de su hogar, una tragedia tan difícil como la que vivieron sus padres, sus tíos o sus abuelos. Sin embargo su misión no quedó allí, plasmada en unas hojas que escribió con amor, comprensión y ternura. Todo lo dimensionó al lenguaje audiovisual.

El festival de la memoria histórica

Ella al igual que decenas de realizadores audiovisuales de todas las edades decidieron hacer un ejercicio de memoria histórica. En el video, tras el silencio de los fusiles, mostraron la realidad de esta región, cuna del maestro Lucho Bermúdez, y de buena parte del folclor colombiano. La gestora de este invaluable trabajo, que cuenta con el decidido apoyo de la Autoridad Nacional de Televisión, es Soraya Bayuelo. Es una valiente líder social que ganó el Premio Nacional de Paz en 2003, y que desde el año 2004 organiza el FAMMA: Festival Audiovisual de los Montes de María.

“Este Festival Audiovisual de los Montes de María significa muchísimo para el territorio. Se ha construido con la voz pública y política de la gente, donde la narran sus historias, cuentan su memoria, se juntan unos y otros. Pero es allí, precisamente, en monte adentro donde surgen las historias y los relatos como una forma de resistencia.

Es una opción para decirle no a la violencia, no a los armados y hacerle un quite a la guerra”, asegura esta luchadora de la paz, quien también sufrió los rigores de la violencia. Hace algún tiempo la explosión de una bomba de las Farc acabó con la vida de su sobrina, de apenas 13 años.

Foto: ANTV

Soraya Bayuelo es fundadora y directora del Colectivo de Comunicaciones de los Montes de María Línea 21 y organizadora del FAMMA. Junto a ella ha estado Álvaro Ruiz, un payanés que se enamoró de esta tierra y del cariño de su gente. Él desde el 2013 se convirtió en el director artístico de este festival que en 2018 llegó a su séptima edición, y que contó con la participación de 103 producciones en 12 categorías.

“Hemos logrado que los habitantes de la región, desde jóvenes, hasta adultos mayores, realicen producciones audiovisuales. Ya sean cortometrajes de ficción, cortometrajes de documental, producciones radiales y otro tipo de producciones audiovisuales a nivel experimental”, manifiesta con orgullo.

Y así, entre decenas de documentales y cortometrajes que se mezclan con el sonido de las gaitas, el porro y los acordeones, se vive el Festival Audiovisual de los Montes de María. Hay una ilusión común: tener un país mejor, con memoria, más incluyente, más tolerante, más pacífico, lejos de los amargos recuerdos de desolación y muerte que a su paso por estas tierras dejaron los protagonistas de la guerra.

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