Estrella de Belén: la historia de una leyenda navideña

Publicado por: Erika Mesa Díaz el Mar, 08/12/2020 - 18:21
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La ciencia ha tratado de explicar la luz que habría guiado a los Reyes Magos hasta la cuna de Jesús. A propósito del evento astronómico del próximo 21 de diciembre, Kienyke presenta algunas hipótesis sobre la estrella de Belén.

En los próximos días se verá un curioso fenómeno astronómico. Dos planetas, el enorme Júpiter y el anillado Saturno, se alinearán y estarán tan cerca entre sí como no lo habían estado desde 1623. Sin embargo, esa alineación estrecha no fue visible desde la Tierra: la última que se pudo ver ocurrió en 1226. Los medios de comunicación han divulgado este evento astronómico como “la estrella de Belén”. 

El nombre tiene sentido: además de que se acomoda muy bien a la temporada decembrina, la alineación de estos dos planetas gigantes es una de las explicaciones más aceptadas sobre la luz que habría guiado a los Reyes Magos hasta la cuna de Jesús de Nazareth. Sin embargo, no es la única teoría que existe. Kienyke.com presenta la historia de una misteriosa estrella que puede ser muchas otras cosas.

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¿Un recurso estilístico?

Cuatro evangelios son los aceptados en la mayoría de comunidades cristianas: los de Mateo, Juan, Lucas y Marcos. Aunque los cuatro hablan de la vida de Jesús de Nazaret, cada uno de esos textos fue escrito con un propósito particular. El único de los cuatro que menciona la estrella de Belén y los Reyes Magos que la ven es el escrito por el apóstol Mateo Leví. Claro, si se hace el acto de fe de creer que él fue su verdadero autor. 

El propósito del evangelio de San Mateo es probar a los lectores que Jesús de Nazaret fue el Mesías que los judíos habían esperado —y siguen esperando hasta hoy—. Su argumento es una serie de profecías que, a su juicio, se cumplieron durante la vida del carpintero más famoso del mundo.

La figura de la estrella está asociada a una profecía del libro de Números. La revelación en forma de poema se le atribuye al profeta mesopotámico Balaam. Justo después de ser despedido por el rey de los moabitas, tras negarse a maldecir a Israel, el profeta dijo que se alzaría en el cielo la estrella de Jacob y que esta tendría autoridad sobre los israelitas.

Mateo nunca detalló la cantidad o los nombres de los sabios —probablemente astrólogos de profesión; tal vez pudientes pero no nobles— que repararon en una luz alargada y brillante que apareció en el oriente. Al interpretarla como señal del nacimiento del rey de los judíos, acudieron al rey Herodes para preguntar por el recién nacido. Ni él ni sus asesores tenían idea de la existencia de tal estrella o lo que significaba.

Como Herodes estaba preocupado por perder su reino, los invitó a retornar al palacio cuando lo hubieran encontrado. Entonces, según el relato de Mateo, la estrella se movió para guiar el camino de los sabios y se detuvo justo encima del lugar donde nació el niño. Luego, ellos recibieron un mensaje divino que los disuadió de volver donde el rey envidioso y volvieron a su sitio de origen por otro camino.

Pintura de Giotto di Bondone sobre la visita de los sabios al niño Jesús. La estrella se parece al cometa Halley, que di Bondone pudo ver en 1301.
Créditos:
Giotto di Bondone/Creative Commons

Hay un par de problemas con la historia de Mateo, detallados por el profesor de astronomía David Weintraub, de la Universidad de Vanderbilt. El primero de ellos es que los sabios vieron la estrella, pero los asesores de Herodes no —ni la vieron moverse tras la retirada de los sabios del palacio—. 

Si la estrella era tan visible como fue descrita en el relato, el equipo de Herodes sufría de una miopía severa o la aparición era selectiva con sus espectadores —por seguridad, como una contraseña para un evento privado en Zoom—. Si, por el contrario, no era tan visible y solo podía ser hallada mediante cálculos complejos, Herodes tenía problemas de talento humano.

El segundo problema identificado por el académico es que los sabios viajaron desde Jerusalén hasta Belén guiados por una estrella que apareció en el oriente; pero Belén queda al sur de Jerusalén. Además, esta estrella se movió por la delantera hasta posarse sobre el sitio donde se encontraba el niño. 

El tema es que, a excepción de nuestro sol, las estrellas no cambian mucho de lugar; menos de una manera tan brusca. De hecho, ubicar la estrella polar en el firmamento es útil para ubicarse porque su movimiento es más bien lento en tiempo humano.

Entonces, aquí aparecen las primeras hipótesis: la estrella de Belén, como fue descrita en este evangelio, se trató de un milagro, entendido como un suceso extraordinario y maravilloso que no puede explicarse por las leyes regulares de la naturaleza, o un bello recurso estilístico de Mateo para hablar de una especie primitiva de luz de bengala —las bengalas como las conocemos aparecieron en la China del siglo XIII— o un fenómeno astronómico ligeramente parecido a lo que se verá durante la semana del 21 de diciembre. El papel aguanta todo, dice el refrán.

Una estrella que puede ser varias cosas

La astronomía ha tratado de explicar lo que habría visto este grupo de sabios. Según el investigador David Hughes, de la Universidad de Sheffield, el planeta Venus suele destacar en el firmamento de Belén por su altura y su brillo. Entonces, es posible que esa sea la estrella descrita por Mateo. Sin embargo, encontrarse a Venus en una noche estrellada es más bien común.

La luna y Venus

Otra hipótesis debía incluir la posibilidad de un cometa, puesto que esos cuerpos celestes sí tienen movimiento. Hughes encuentra varios problemas en esa explicación. Las apariciones del cometa Halley que están registradas ocurrieron demasiado pronto y demasiado tarde con respecto a la posible fecha de nacimiento de Jesús. No hay registros de avistamiento de otros cometas durante esos años. Además, de haberlo, los asistentes de Herodes debieron ser capaces de localizarlo también.

El cometa Halley es un cuerpo celeste de brillo poco discreto y mucho movimiento. Sin embargo, según las cuentas de los astrónomos, no apareció para la fecha que nos atañe
Créditos:
NASA/W. Liller

La estrella de Belén tiene otra característica: que apareció y desapareció del firmamento de Jerusalén. Una estrella naciente, mejor conocida como nova o cometa sin cola, para los chinos, también es una buena candidata. De acuerdo con el trabajo del doctor Robert Cockcroft, de la Universidad McMaster, la luz generada por el nacimiento de una estrella puede ser muy llamativa desde la Tierra y desaparecer al cabo de unos meses. Ahora, el tamaño y comportamiento de la nova tampoco cuaja del todo con la descripción de Mateo. La estrella tenía la capacidad de moverse. Eso nos lleva a la siguiente hipótesis, la más aceptada en la comunidad científica.

El fenómeno astronómico que veremos este mes es conocido como conjunción: cuando dos cuerpos celestes se hallan en la misma longitud celeste. Cuando este fenómeno involucra a Júpiter y Saturno, se le llama gran conjunción. El astrónomo alemán Johannes Kepler identificó una gran conjunción en 1603 y fue el primero en plantearse que, tal vez, eso fue lo que vieron los sabios. La posición de estos planetas en la bóveda celeste habría indicado al hábil equipo de astrólogos que una nueva era había iniciado para los judíos; eso los habría motivado a emprender la marcha hacia el palacio de Herodes. Además, la luz de esta conjunción sí podía moverse de una forma muy discreta, comparada en un espacio de varios días.

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Un bonito fenómeno astronómico

De nuevo, todo esto son hipótesis que se han creado ante la curiosidad por revelar uno de los grandes misterios de nuestra era. Entonces, ¿qué hace especial a la conjunción que está próxima a ocurrir? Primero, que se podrá ver desde la Tierra. A veces, la conjunción ocurre muy cerca del sol y no es posible verla a simple vista. 

También es la primera vez que estos dos planetas se acercan tanto desde 1623; desde la Tierra se verá como si los separara la distancia de una pequeña moneda de $50. Aunque Galileo Galilei ya había inventado el telescopio para entonces, el fenómeno no se pudo ver porque estaba muy cerca del sol. Un acercamiento parecido solo volverá a ocurrir en 2080; los que hoy somos adultos solo tendremos esta oportunidad.

Además, esta conjunción será muy parecida a la que vio Johannes Kepler, que fue tan llamativa a la vista que despertó su curiosidad. Si resultara cierto que la gran conjunción es lo que vieron los sabios de ese entonces, usted podría ser testigo de un pedacito de historia.

 

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