Fukushima recuerda Hiroshima

Fukushima recuerda Hiroshima

15 de marzo del 2011

La réplica que sacudió hoy a la provincia de Fukushima fue de 6,3 grados en la escala Richter.  Allí se han confirmado fugas radiactivas que han azotado a la región desde el sábado pasado con la explosión del primer reactor. Se dice que la radiación ya llegó a trece países europeos y que los niveles de radiactividad en la zona marcaron los 8.217 microsievert por hora, frente a los 500 permitidos. Las cifras ya estiman las cifras de muertes y desaparecidos por encima de los 10.000. Las comparaciones con Hiroshima son inevitables. Se estima que el terremoto en Japón del 11 de marzo fue similar a 10 mil bombas de Hiroshima.

Fukushima.

http://vimeo.com/5874878

Hiroshima.

Un resplandor silencioso (tomado de Hiroshima, de John Hersey).

Exactamente a las ocho y cuarto de la mañana, el 6 de agosto de 1945, hora japonesa, en el momento en que la bomba atómica relampagueó sobre Hiroshima, la señorita Toshiro Sasaki, secretaria del departamento de personal de la East Asia Tin Works, acababa de sentarse en su sitio de la planta de oficinas y estaba volviendo la cabeza para decirle algo a la muchacha que ocupaba el pupitre contiguo.

En el mismo momento, el doctor Masazaku Fujii se estaba sentando de piernas cruzadas para leer el Osaki Osahi en el porche de su hospital privado, que se proyectaba sobre uno de los siete ríos deltaicos que dividen Hiroshima; la señorita Hatsuyo Nakamura, viuda de un sastre, permanecía de pie tras la ventana de su cocina, mirando cómo un vecino suyo derruía su casa porque estaba justamente situada sobre una línea de defensa antiárea; el padre Wilhelm Kleinsorge, un sacerdote alemán perteneciente a la Sociedad de Jesús, descansaba en ropa interior tumbado en una hamaca emplazada en el piso de arriba de la casa de tres plantas perteneciente a su orden, leyendo una revista jesuita, Stimmen del Zeit; el doctor Terufumi Sazaki, un joven integrante de la plantilla médica del gran y moderno hospital de la Cruz Roja de la ciudad, caminaba a lo largo de uno de los pasillos del hospital, empuñando una muestra desangre para hacer un test Wasserman; y el reverendo señor Kiyoshi Tanimoto, pastor de la iglesia Metodista de Hiroshima acababa de pararse ante la puerta de la casa de un hombre rico, situada en Koi, el suburbio occidental de la ciudad, y estaba apunto de abrir una bolsa llena de objetos que había evacuado de la ciudad por miedo al masivo bombardeo de los B-29 que todo el mundo esperaba que Hiroshima iba a sufrir.

Más de cien mil personas murieron a causa de la bomba, y éstas seis estuvieron entre los supervivientes.

Todavía se preguntan por qué sobrevivieron cuando tantos otros murieron. Cada uno de ellos enumera muchos pequeños detalles de oportunidad o voluntad ‒un escalón tomado a tiempo, la decisión de entrar, perder un tranvía en vez del siguiente‒ que lo salvaron. Y ahora cuando cada uno sabe que por el hecho de sobrevivir a la explosión vivió una docena de vidas y vio más muerte de lo que nunca hubiese podido imaginar. En aquel momento, ninguno de ellos sabía nada…