J Balvin, el negocio y el socio

J Balvin, el negocio y el socio

8 de abril del 2011

La popularidad del cantante J Balvin se debe a un hombre de sesenta años que sólo baila reguetón en la intimidad de su hogar. Álvaro Osorio, desde hace 25 años, es su papá, pero hace cuatro es su mánager. Cuando se le pregunta por la estrategia que usó para encaminarlo hacía el éxito responde, sin vergüenza, que ve a su hijo como un producto. Osorio es un hombre de experiencia. Luego de cuarenta años de ser gerente de varias empresas decidió tomar las riendas de la carrera musical de su hijo. Una vez a la semana lee páginas especializadas en reguetón para actualizarse y analizar con lupa cualquier propuesta antes de tomar una decisión. Sin embargo, admite que en su rol como papá llora cuando lo ve sobre una tarima, lo regaña cuando llega sobre el tiempo a las presentaciones y su contrato de trabajo se basa más en valores que en cifras y ganancias económicas.

Cuando J Balvin entra a su casa en Medellín deja de ser el cantante para convertirse en “Josecito” o “mijo”, como le dicen de cariño. Es el hijo mayor y el único varón, y eso llevó a su papá a reemplazar las canciones de cuna tradicionales por Nació varón, de Cuco Valoy. Álvaro recuerda que Balvin, hasta los dos años, lloraba sin motivo. También lo define como un niño juicioso, a pesar que entre la travesura más grande que hizo está incendiar un lote vació en el barrio de Medellín donde creció.

A JBalvin le dicen en su casa Josecito o mijo. Es el hijo mayor y el único varón.

El talento de J Balvin está en su información genética. En su familia hay muchos artistas, incluso, un tenor. Y Álvaro está incluido. De joven cantaba con frecuencia en los bares de Pereira, en su mayoría interpretaba boleros de Daniel Santos. Lo hacía por gusto y como una forma de obtener dinero.

El gusto por la música se intensificó cuando el cantante tenía diez años. Para la época ya tocaba el piano y la guitarra. En su casa aprendió de música, porque su papá era amante de la salsa, género musical que se oyó en el carro familiar hasta que Balvin comenzó a cantar como profesional. Tal vez por eso la canción con la que se identifica J Balvin hasta hoy es El cantante, de Héctor Lavoe. Sin embargo, en sus inicios era fanático del Rock, en el especial de Metallica. Álvaro recuerda que usaba converse y hasta fundó una banda con algunos amigos del colegio.

JBalvin recién nacido en compañía de su papás, Alba y José.

Pero una evaluación de matemáticas fue el detonante para tomar la decisión de entregarse a la música urbana. Ya en la universidad, mientras estudiaba dos carreras, un quiz hizo que se dedicara a la composición. En esa hoja de papel escribió algunas frases que luego se convirtieron en una canción llamada Éxtasis. Ese día abandonó sus dos carreras con la aprobación de Alba, su mamá. Llegó al género urbano, porque se enamoró del rap luego de vivir dos años en Estados Unidos y compartir con un gueto de negros en Nueva York.

En 2007, luego de tener dos mánagers, su papá tomó la decisión de hacerse cargo del sueño de su hijo mayor. J Balvin dejó de ser hijo para convertirse en cliente. Pero las condiciones de trabajo dejan ver que en medio del negocio se filtran los roles familiares. Para Álvaro es claro que dejaría de trabajar con su hijo por tres razones fundamentales: el consumo de drogas, deslealtad o ingratitud con su público. Y como en cualquier negocio hay discusiones, pero ambos han aprendido a imponer la lógica frente a los asuntos de trabajo. Álvaro es su mánager, pero también conoce sus límites. No siempre lo acompaña a sus presentaciones. La figura de papá-mánager puede hacer que J Balvin se cohiba frente a sus fans.

Desde 2007 su papá se convirtió en su manager. Es el encargado de detalles como la ropa que usa y su imagen.

J Balvin todavía es el niño de la casa. Alba, su mamá, es quien le compra ropa cada ocho días y le escoge la vestimenta para cada show. Siempre usa ropa nueva. Antes de salir al escenario recibe una llamada de ella para darle la bendición. Como agüero, siempre entra a la tarima con el pie derecho. Y aunque ya compró su propio apartamento, vive aún en su casa. Su cuarto todavía se conserva y duerme en él. Álvaro Osorio tiene claro darle su mejor herencia: posicionarlo en menos de dos años a nivel mundial.

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