Jorge Oñate: las historias detrás del hombre

Publicado por: Erika Mesa Díaz el Mié, 03/03/2021 - 15:24
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Alrededor de la vida del recientemente fallecido cantante Jorge Oñate hay muchas historias. ¿Qué hay de cierto y de falso en ellas? Kienyke.com recuperó la información que se conoce hasta ahora.
Jorge Oñate: las historias detrás del hombre

Las liebres y la tortuga

Una de las historias que rodearon la vida de Jorge Oñate fue la de su rivalidad profesional y personal con otras estrellas que revolucionaron el vallenato: Diomedes Díaz y Rafael Orozco. 

Oñate no nació en las condiciones precarias que sí tuvieron que enfrentar esas dos leyendas del vallenato: mientras Oñate era el hijo menor de tres, Orozco y Díaz eran hijos de familias empobrecidas y numerosas. De todos modos, el joven jilguero de América hizo muchos sacrificios en su vida para llegar a ser reconocido como uno de los más grandes exponentes de ese género. Soportó ser recluido en escuelas de internado porque su familia quería un profesional y no un cantante, palabras que en ciertas sociedades son mutuamente excluyentes.

También fue enviado a la fría Bogotá para que dejara atrás la idea de cantar al son del acordeón, porque a lo mejor a esa distancia no le comprarían la idea. Sin embargo, el amor por la música le pudo más y abandonó la escuela en grado décimo para comenzar su carrera.

Aunque Jorge Oñate es mayor y comenzó a editar su trabajo antes que los demás, su éxito anduvo como el de una tortuga: sus interpretaciones podían o no pegar en la radio y él solo continuaba grabando sin más. Ni siquiera el título de rey vallenato le quitó este impulso.

Luego aparecieron las grabaciones de Orozco y Díaz, que tuvieron acogida de inmediato. Avanzaron en la carrera como ágiles liebres por su carisma e innovación. Esto no le caía en gracia a Oñate, quien frecuentemente usaba términos desobligantes en contra del Cacique de la Junta para criticarlo. Por ejemplo, se burló de su ojo virado diciéndole “Bizquito”.

También tenía una rivalidad con Orozco, pero esta era estrictamente comercial. Finalmente, de los tres, el último que pudo culminar la carrera fue el sacrificado de Oñate, quien aún seguiría vivo de no ser por la pandemia.

Pavo real

Cuando una persona debe enfrentarse a las expectativas sociales para conseguir lo que quiere, es normal que esta persona desarrolle lo que podría considerarse un exceso de confianza en sí mismo. 

A Jorge Oñate lo acusaron de envidia por la situación que ocurrió con Diomedes Díaz y Rafael Orozco, pero también de él dijeron que era una persona prepotente. En realidad, como indica el maestro Egberto Bermúdez, él sí expresaba la calidez estereotípica que se le atribuye a la persona de la costa atlántica colombiana, pero tuvo que armarse de carnes duras para resistir la idea de la música que él tenía.

De todas maneras, era una situación jocosa y entrañable ver cuando se equivocaba pese a su confianza. “En alguna ocasión en los primeros años de la década de los ochenta, yo venía de Santa Marta para Valledupar en un Topolino que había comprado, con tan mala suerte que llegando a Bosconia se varó”, recuerda Beto Murgas, director del Museo del Vallenato en Valledupar. 

“Jorge Oñate, que también cubría la misma ruta, me vio y quiso brindarme su ayuda. Me ordenó que abriera el capó delantero. Cuando lo hice, cuál sorpresa se llevó: airadamente me reclamó y me regañó. ‘Oye Beto, este carro ni siquiera tiene motor, ¿cómo quieres que te prenda?’ Claro, el Jilguero ignoraba que los Topolinos traen el motor en la parte trasera”, recuerda Murgas.

La cabina del eco

De la misma forma en que las personas no acostumbradas a tratar con una pareja de gemelos los confunde hasta cuando aprende a distinguir los rasgos y las personalidades de cada uno, las personas en el interior del país tienen confusiones sobre los intérpretes de la música vallenata y sus historias. Se asume que toda la música vallenata es parecida y que las vidas de sus intérpretes están calcadas, lo cual está muy alejado de la realidad. Eso sí, quienes no ahondan demasiado en el mundo de la información cultural no están obligados a saber eso; para eso hay historias como esta.

Por eso, en el momento en el que Jorge Oñate cayó enfermo por cuenta de la covid-19, y posteriormente cuando murió, muchas personas llegaron a confundirlo con la persona que en un escenario salió a vociferar "¡que viva la tierra paramilitar!", e incluso llegaron a regocijarse con su muerte, en una clara distinción entre el hombre y el artista. Sin embargo, la persona que dijo esto fue Iván Villazón. 

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