La cita con Dios del Procurador

La cita con Dios del Procurador

18 de diciembre del 2010

Desde el primer día en el que Alejandro Ordóñez llegó a su despacho en la Procuraduría, la oficina y los pasillos contiguos fueron invadidos por crucifijos, camándulas, estampillas y, sobre todo, de ángeles de colores de formas distintas. Desde su escritorio no se ve un lugar que no tenga un elemento religioso.  Al poner los íconos en su despacho en enero de 2009 retiró el cuadro de Francisco de Paula de Santander, el hombre de las leyes, para reemplazarlo por un crucifijo del cuerpo de Cristo, con el INRI resplandeciente en la parte superior de la cruz. Ese ritual lo hizo también cuando se posesionó como presidente del Consejo de Estado.

Veinte minutos antes de las 11 a. m., una camioneta plateada de marca Toyota V-6 de 3.400 c. c. Quad Cam, y una moto Suzuky de 600 c. c. con dos policías, rodea la iglesia de Los Sagrados Corazones de Jesús y de María, en la calle 35 con carrera 18, en el barrio de La Soledad, en Bogotá. Esa es la avanzada de seguridad del Procurador, que a su llegada debe haber concluido la tarea de verificación del lugar, en el que no puede haber ningún objeto extraño, “inconsistencias físicas”, como dicen los escoltas. El Procurador sale raudo de una Ford Expedition, acompañada por tres camionetas blindadas más que llegan a último momento, presto a cumplir su cita con Dios. Allí se encuentra con su esposa, Beatriz Hernández, con quien comparte la ceremonia, los rezos y los cantos. El ritual lo repite una vez a la semana, forzando muchas veces su agenda. Son pocos los domingos en los que falta a la misa que presiden tres sacerdotes, el argentino Fernando Altamira, el mexicano Bernardo Ariza y el español José Ramón García.

La Iglesia pertenece a la Orden de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, creada por el Cardenal Francés Marcel Lefebvre en 1970, en oposición a las innovaciones del Concilio Vaticano II  realizadas por el Papa Juan XXIII en 1960. La fidelidad de este movimiento a la misa en latín o “Misa Tidentina” y las sanciones del Vaticano contra esta Fraternidad, hicieron famoso a Lefebvre. Sólo existen en el mundo 300 párrocos que continúan el ideario religioso del cardenal francés, y están decididos a expandir su mensaje en los cincuenta países donde tienen presencia. En Bogotá hay dos.

Alejandro Ordoñez nació, creció y conoció a los lefrevistas en Bucaramanga. El párroco chileno René Trincado hacía en esa ciudad un ritual aún más estricto, con vestidores para hombres y mujeres, quienes deben usar mantillas negras y blancas que utilizan de forma obligatoria en las eucaristías. Las mujeres en Bogotá también las usan en señal de respeto. El párroco oficia la misa en latín, frente a un altar cubierto con un mantel rojo con bordes de hilo color blanco, de espalda a los fieles. Sólo se vuelve al final, o cuando ofrece la hostia, con los ojos cerrados, las manos juntas y de rodillas.

Con su arquitectura colonial, la iglesia de Los Sagrados Corazones de Jesús y de María siempre está lista a recibir las 300 personas que alcanza a albergar. La construcción es impecable, con sus dos cruces célticas en cada costado del umbral, seis en cada una de las naves de la iglesia, una imagen de un Jesús adulto de pie y la de la Virgen María con el niño Dios.

El Procurador, como los hombres que van a la iglesia, sostiene una camándula en la mano derecha que lo acompaña durante la ceremonia. Una hora y media en presencia de su Dios bastan para que Ordóñez salga tranquilo, dispuesto a saludar sin prevención y simpatía a las decenas de admiradores que lo esperan a la salida de la misa. Su devoción es tal que cuando no alcanza a llegar a la iglesia, un sacerdote se desplaza hasta su casa para oficiarle la misa, que al terminar continúa en un almuerzo con su familia. Su hermana María Eugenia comparte su religiosidad. Con ella dirige el colegio y también la congregación de las Hermanas de la Presentación de Bucaramanga, uno de los colegios más tradicionales de la ciudad. En 2007 recibió de las propias manos de Don Sixto Enrique de Borbón la orden de caballero, la misma que le impusieron al golpista Juan María Bordaberry, ex presidente de Uruguay, quien aún está detenido.

Su talante, fortalecido con la devoción semanal por su Dios, se expresa en su trabajo de control disciplinario frente a los funcionarios públicos. El Procurador Ordóñez se siente en una cruzada evangelizadora cuando le trasmite sus convicciones al país. Antes de ser elegido en el cargo ya se había opuesto en público y con fiereza al aborto y no dudó demandar a la revista SoHo por la representación gráfica de La última cena, en la que figuras de la política, la cultura y el periodismo suplantaron a los apóstoles y Alejandra Azcárate a Jesús. De joven, como estudiante del Colegio San Pedro Claver de Bucaramanga, quemó libros de autores de la literatura universal, como Diego Hurtado de Mendoza, Gustave Flaubert, Víctor Hugo, Thomas Mann, Jean-Jacques Rousseau y Marcel Proust, que reposaban en la Biblioteca Pública Gabriel Turbay, el día de la celebración de la Virgen María.

Se ha rodeado en el trabajo por personas afines a él, como Ilva Myriam Hoyos Castañeda, la procuradora delegada para la Defensa de los Derechos de la Infancia, la Mujer, la  Adolescencia y la Familia, con quien adelanta una verdadera cruzada para no permitir, bajo ninguna circunstancia,  la legalización del aborto y la igualdad de derechos entre parejas del mismo sexo. Ella, como su mano derecha, lideró la oposición a la demanda presentada para la despenalización del aborto, y lo acompaña en las misas que celebran cada tanto en las instalaciones de la Procuraduría.

Antes de cualquier entrevista, el Procurador se retira diez o quince minutos para rezar y buscar claridad en un oratorio, que denomina “la ermita”. Allí se encomienda a San Benito y San Juan de la Cruz en una especie de oráculo divino que acondicionó en uno de los rincones de su oficina. Así lo hizo antes de decidir la muerte política de la senadora Piedad Córdoba. Ordóñez pertenece la Orden de la Legitimidad Proscrita, una especie de comunidad secreta dentro del ala extrema y más radical de la iglesia católica. Ese grupo hace de la política una herramienta para expandir el ideario católico radical, asociado al respeto a la vida sin consideración alguna y el rechazo irrestricto a la homosexualidad. Esas posiciones las dejó consignadas en su libro El Desarrollo de nuestra animalidad. Por este sendero Alejandro Ordóñez se convirtió en presidente de las juventudes departamentales del Partido Conservador en Santander, llegó al concejo de la ciudad y proyectó su carrera política y judicial hasta llegar a la Procuraduría, un cargo que ejerce de la mano de un Dios que invoca las 24 horas del día.