La de Pilar Velilla es una gestión cultural de oro

Foto: Gobernación de Antioquia

La de Pilar Velilla es una gestión cultural de oro

2 de mayo del 2017

La de Pilar Velilla es una voz de esas que se puede escuchar por horas sin molestia. De pronto es porque su tono suave hace las anécdotas más amenas, en especial aquellas que hay detrás de dos de los grandes proyectos de su vida que, al tiempo, son dos grandes logros de Medellín.

Ella es la mujer que unió voluntades, empujó, aceleró y enamoró a los líderes antioqueños para salvar el Museo de Antioquia, una institución centenaria, y el Jardín Botánico Joaquín Antonio Uribe.

Sin su pasión y capacidad de liderazgo estos lugares no serían lo que son hoy para la capital antioqueña: referentes de cultura y sitios para el encuentro de propios y visitantes.

Ahora lleva sobre sus hombros la responsabilidad de cambiar el Centro de Medellín para “civilizarlo”, como ella dice aunque la critiquen.

Si bien para Pilar su gestión no es más que “cumplir con el deber”, la Gobernación de Antioquia, en cabeza de Luis Pérez Gutiérrez, decidió rendirle homenaje a su trabajo. Por eso fue condecorada como la gran Antioqueña de Oro, en los 20 años que lleva entregándose este galardón.

“Con toda la humildad digo que me emocionó profundamente que el gobernador me hubiera escogido para hacerme un reconocimiento, pero lo que más me conmovió fue el entorno en el que me lo hizo”, le contó Pilar a kienyke.com. 

Es que el pasado 18 de abril, en el Teatro Pablo Tobón Uribe, no solo ella fue reconocida, sino otras siete mujeres distinguidas por su labor empresarial, social, en educación, en ciencia, tecnología e innovación; en el arte y la cultura; como servidora pública y como joven sub 20.

El teatro a reventar, lleno de voces femeninas de distintas partes de Antioquia e invadido por la emoción, fue el mejor escenario para recibir la distinción, aseguró Velilla.

¿Quién es Pilar Velilla Moreno?

“Soy una colombiana empeñada en que mi paso por la vida deje el mundo un poquito mejor de cómo lo encontré” son las palabras de Pilar para describirse.

A esa labor ha estado dedicada desde que empezó su camino profesional, primero como periodista – al pasar por la sala de redacción fundadora del periódico El Mundo y al crear Sobretodo Editores junto a Héctor Rincón y Ana María Cano, un germen de lo que luego sería La Hoja de Medellín -, y luego como gestora cultural.

Foto; Jesús Abad Colorado

Foto; Jesús Abad Colorado

Esa habilidad de trabajar por entidades que parecen destinadas a la desaparición es el resultado de “una mezcla de conciencia social, solidaridad y visión” que, según ella, le permiten “vislumbrar entidades útiles, convertirlas en realidad, adaptarlas a las necesidades de la comunidad y hacerlas viables”.

“Conozco mi país, sus posibilidades y riquezas y sus hondos problemas, esta conciencia me ha permitido dirigir mis acciones a obtener los resultados que se requieren para hacer que las entidades en donde trabajo contribuyan a mejorar la calidad de vida de las comunidades”, expresó.

Con ese nivel de compromiso, asumió en 1997 la dirección del Museo de Antioquia, “cuando ser directora de esta entidad no tenía el reconocimiento actual”, y desde esa posición se empeñó en unir voluntades, trabajo que llegó a sacarle lágrimas, para convertirlo en un referente de Medellín.

De “bodega de trebejos” a Museo

Esa voz suave que caracteriza a Pilar se llena de emoción cuando habla del Museo de Antioquia.

Se acuerda de Luz Marina, la señora de los tintos que soñó con cantinas de leche que entraban por las puertas de la antigua sede como una premonición de los buenos tiempos que venía para la institución; de sus maratónicas jornadas con arquitectos y funcionarios para elegir el lugar ideal entre 28 sedes; de las risas en son de burla que aparecían al contar sus ideas, de las puertas que le cerraron en la nariz, y de la promesa que le hizo a Fernando Botero y luego se arrepintió porque en sus manos no estaba poder cumplirla.

Foto: Shutterstock

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En una de las tantas conversaciones con el maestro, él le preguntó: “¿Podré ver esto en vida?” y ella le respondió: “se lo prometo”. Tras colgar, cayó en cuenta de sus palabras. Pero le cumplió.

De tener una sede de 1.500 a 2.000 metros de área, “con bodegas llenas de trebejos, goteras en las salas, una colección no guardada en unas reservas técnicas sino en una habitación, sin codificar”, contó Pilar, pasó a inaugurar un espacio que se convirtió en modelo en el país. Luego de años de dar pérdidas, el museo terminó dejando ganancias.

“Si había que barrer, barríamos, si la tarea era sacar trebejos, lo hacíamos. Yo llegué con el ánimo de crecer en forma, llevaba años pensando en el museo”, rememoró.

Uno de los mayores méritos de esta mujer es que recuperó para la ciudad una donación que Botero quería hacer, pero que nadie había tomado en serio.

“La ciudad había pasado 12 años con la propuesta de un artista y no le había parado bolas”.

“Llamé al maestro Botero y le dije que el museo iba a cambiar, aunque no tenía idea de cómo. Él me dijo que donaba una sala de pintura, una de dibujo y una de escultura”, narró.

Con una carta manuscrita del artista, que llegó por el único fax que tenía el museo en aquella época, empezó la tarea de tocar puertas. En ella, el pintor no solo confirmaba su donación sino la entrega de un millón de dólares para hacer realidad el sueño.

Entre 1997 y el 2000, Pilar trabajó sin descanso para levantar el museo que se merecía la ciudad y su gente. De hecho, desde sus puertas visionó la plaza Botero que hoy aloja las esculturas de uno de los antioqueños más famosos en el mundo.

Foto: Shutterstock

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“Mi intención era destaparle la fachada, pero realmente estaba marcando un hecho urbanístico de la mayor importancia”, explicó emocionada.

La inauguración fue la oportunidad para agradecer a todas las voluntades que consiguió unir. No se olvidó de nadie. Los niños, los políticos, los particulares, los empresarios, los obreros, los empleados que acompañaron todo el proceso, hasta Dios, estuvo presente en las cinco fiestas con las que se celebró el renacer de la institución.

“Hicimos un tedeum en la Catedral al que fueron 6.000 personas. Fue uno de los momentos más emocionantes para Botero. Llevamos la Orquesta Sinfónica con 50 voces. El maestro y Sofía salieron por la mitad de la iglesia y las muestras de gratitud y de afecto eran impresionantes”, detalló.

5.ooo niños de todo el departamento fueron a conocer las nuevas instalaciones, 700 artistas se vincularon a la actividad y Luz Marina, la señora de los tintos que predijo ese momento, fue la encargada de dar el discurso de agradecimiento.

El renacimiento del Jardín Botánico

Hasta el 2005 Pilar estuvo al frente del Museo. “Ya estaba andando y lo chévere es la causa”, comentó. Así que puso sus ojos en otro lugar: el Jardín Botánico Joaquín Antonio Uribe.

“Lo del jardín no fue fácil, pero fue más sencillo porque contaba con la voluntad del alcalde Sergio Fajardo”, aseguró.

Cuando llegó a este lugar, lo visitaban tres personas al día, máximo 15 un fin de semana. Cuando salió, más de dos y medio recorrían sus caminos al año.

Foto: Shutterstock

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“Todo estaba roto, viejo, mal tenido. No había ni luz”, contó. Pero empezó el toque de Pilar a darle otra cara a este escenario.

Cayeron los muros que lo cercaban, cambió la entrada, renació el orquideorama. Se convirtió en un verdadero espacio público que, como ella lo define, “debe ser extravagante, cómodo, fino y divino, para el disfrute del pueblo”.

“Todo debe tener un sentido, un propósito, un simbolismo. Ahí radica lo que yo he hecho. En la pasión, en la emoción, el amor por la gente, en servir”, expresó.

El Centro

Tomar proyectos que parecen imposibles es el deporte de alto riesgo de Pilar. Por eso aceptó la invitación de Federico Gutiérrez para, como gerente del Centro, encaminar la transformación que va sufrir este sector de la ciudad.

“Llevo pensando en el Centro mi vida entera”, afirmó, pero reconoció que es más fácil proponer desde afuera que hacer desde adentro. Sin embargo se le midió al reto.

“Sé que el centro no se arregla en una alcaldía, ni siquiera en todas. Es un proyecto de nunca acabar porque, como la ciudad, es un organismo vivo. El día que se termine se tiene que cerrar”, comentó.

“Tenemos un alcalde decidido, que puso la plata, la voluntad y la emoción para empezar un proceso de intervención profunda urbanística, social y cultural camino a la civilización”, explicó.

“Esa es la palabra. Nos vamos a civilizar, vamos a vender en el espacio público como es; vamos a manejar las basuras de la forma correcta, vamos a actuar como debe ser. Este es un proyecto de ésta y las alcaldías que siguen”, agregó.

Foto: Shutterstock

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De acuerdo con Pilar, “está garantizado que se hace el Parque de Bolívar y se intervienen Perú y Barbacoas, que son zonas críticas. También se empezará a limpiar las fachadas, porque el centro es agresivo visualmente, y a apagar los perifoneos y los parlantes”.

El legado

Ya Pilar sabe que no debe hacer promesas, y menos con el Centro que es un lugar vivo y debe estar en permanente transformación, pero bajo sus riendas la inversión de 270.000 millones de pesos que se proyecta en este lugar de la Medellín está en manos de alguien con experiencia para hacer lo que otros han considerado imposible.

Su futuro está en una tierrita en el Quindío, a donde se irá a vivir con su esposo Adolfo Naranjo en pocos años.

Para cerrar, esta mujer reiteró que se siente alagada con el reconocimiento que recibió, pero que solo cumplió con su deber.

“La medalla es un honor. Me siento muy satisfecha porque se la puedo mostrar a mis hijos y a mis nietos y decirles: ‘mis amores, hay que actuar así en la vida, tienen que cumplir con las responsabilidades que les ponen en las manos y hacer lo mejor”.

Pero también entiende por qué se reconoce a la gente que hace lo que debe hacer: “¿Por qué nos tienen qué premiar? Porque no todo el mundo cumple y el que lo hace es una excepción”, concluyó.