Arriba de una bicicleta supera las barreras de la discapacidad

Publicado por: luis.cifuentes el Jue, 19/08/2021 - 11:10
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Luis Cifuentes
José Luis Soler nació en Espinal (Tolima), su gran característica es la resiliencia, ya que a pesar de padecer una discapacidad auditiva ha logrado sobreponerse a las dificultades.
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José Luis Soler es un joven de 26 años, que se caracteriza por ser muy conversador, aunque su lenguaje no sea el mismo nuestro. Una enfermedad congénita que le impide escuchar ha provocado que su vida sea más difícil de lo normal. Atiende esta entrevista con KienyKe.com con mucha disposición, además, su rostro no deja de transmitir alegría. 

Su resiliencia lo ha traído desde Ibagué, donde vivió por varios años, hasta Bogotá, donde vive con su esposa desde que se casó hace 10 meses. Arribó a la capital en busca de oportunidades porque entiende que cuanto más alejado del centro del país, más difícil resulta salir adelante, y su condición de discapacidad complica todo el doble.

José Luis trabaja bastante, aunque la oferta laboral para personas sordas es muy limitada. Actualmente recorre la ciudad de Bogotá montado sobre una bicicleta; él es el canal para que muchas personas tengan a disposición lo que quieran a la hora que quieran. Trabaja desde hace seis meses en Rappi, la plataforma de domicilios que une a compradores y vendedores a través de una pantalla de celular. Por supuesto, José Luis sirve como intermediario entre las partes, de la misma manera que Juliana Correa, intérprete y fonoaudióloga de profesión,  es nuestro canal para poder comunicarnos con él. 

“En mi experiencia personal en el tema laboral, ha sido un poquito complicado”, dice José Luis. El adjetivo “poquito” es una modestia de su parte, ya que la inclusión laboral en Colombia para personas con discapacidad es de niveles muy bajos. Según datos del DANE de 2018, tan solo un 26% de las personas con discapacidad dijeron haber tenido un trabajo pago. 

    Sobre la seguridad en las vías de la ciudad a bordo de su bicicleta nos dice: “Tengo que estar muy alerta, de pronto si siento un pito muy fuerte de algunos vehículos o  si hay algún camión o alguna flota, tengo precaución de tener mucho cuidado y tengo que estar muy alerta”. 

    En ese sentido, José Luis nos despoja de algunos prejuicios que tenemos alrededor de las personas sordas. Aclara que muchos de ellos también tienen la capacidad para manejar auto o moto porque alcanzan a captar las frecuencias de las bocinas de los autos. Su padre, quien también es sordo, es un ejemplo de ello. Advierte, además, que la mayoría de accidentes de tránsito involucra a personas que sí escuchan. Por otra parte, asegura que no es sordomudo, como muchas personas creen, incluso con terapia podría hablar ya que sus cuerdas vocales funcionan a la perfección.

    José Luis Soler
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    José Soler

    Su trabajo en Rappi lo intercala con un pequeño negocio de ventas online, a su vez se dedica a enseñar el lenguaje de señas para quienes lo requieran, como nosotros, por ejemplo. “A veces cuando de pronto necesitan un apoyo, me llaman y pues yo les colaboro”, dice. 

    En nuestro diálogo con José Luis Soler es visible la falta de inclusión; él habla pero nosotros no escuchamos. No entendemos su lenguaje, o mejor, no nos hemos esforzado por entenderlo. Somos el reflejo de una sociedad que aunque escucha, es sorda. En nuestra lógica, de por sí excluyente, son ellos quienes tienen que aprender nuestro lenguaje; son ellos quienes deben acomodarse a nuestro mundo “normal”, son ellos quienes deben conseguir los intérpretes para comunicarse con nosotros.

    Lamentablemente no podemos acceder mucho a la educación; en primer lugar, porque la educación es muy cara; y segundo, nosotros siempre tenemos que estar contando con el intérprete.Entonces, a veces, o tenemos para estudiar o tenemos para el intérprete. Es muy difícil”, apunta. 

    En ese sentido, denuncia que muchos estudiantes sordos tienen que estudiar hasta mayo o junio “porque las secretarías de Educación a nivel nacional contratan los intérpretes tarde”, con lo cual se vulnera el derecho a la educación de niños y jóvenes sordos. 

    Yo siento que me gradué con muchos conocimientos que quedaron como muy básicos y  me faltaron reforzar debido a esas inconvenientes que hubo en temas de contratación”, nos dice. 

    José Luis Soler se considera un defensor de los derechos de la comunidad sorda, incluso fue líder durante algún tiempo. Y aunque reconoce que ha habido ampliación de derechos para su comunidad, la lucha por ser escuchado continua.

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    “Ahorita siento que sí ha mejorado, claro, sí ha mejorado bastante, pero el principal problema que siento yo es el tema de la información, porque a veces hay información que no entendemos”, reconoce. 

    A pesar de los avances en acceso a la información para la comunidad sorda, los recursos siguen siendo insuficientes; solo algunos noticieros y programas televisivos tienen subtítulos, y aunque lo ideal es la presencia del intérprete, en los programas donde aparece una persona utilizando el lenguaje de señas, no alcanza a percibirse con claridad la imagen, debido a que por lo general está ubicada en la parte inferior derecha. 

    En ciertos días hay intérpretes para poder entender las noticias, pero a veces el cuadro es pequeño y no logramos entenderlo, y no siempre tenemos ese apoyo”, asegura. 

    Soler conoce a la perfección los numerales de leyes y decretos que amplían sus derechos. Nos nombra el decreto 1421 que reglamenta la inclusión educativa para personas en condición de discapacidad. Al mismo tiempo, nos habla de la Ley 1618 que tiene como objetivo la inclusión laboral. Sin embargo, reconoce que esta última no se cumple de manera satisfactoria: “La ley 1618 ya está reglamentada, pero también las empresas deberían ser conscientes para que apliquen la ley y puedan contratar más personas sordas y que también estas personas sordas tengan el apoyo del intérprete cuando sea necesario”. 

    Al parecer, el Estado y la sociedad, además de hacer oídos sordos, hacen de ojos ciegos, ya que aunque la ley está escrita desde el año 2013, no se cumple a cabalidad. 

    En ese sentido, le preguntamos cuáles son sus sueños, a lo que nos responde que uno de ellos es tener estabilidad laboral: “Lo principal es que quiero trabajar bien, quisiera tener un trabajo muy estable”. 

    “Lo único diferente de nosotros es que no escuchamos, pero el resto nos podemos desempeñar en una empresa al igual que una persona que escucha”, añade. 

    Por último, nos dice que “la vida no ha sido fácil”, sin embargo una sonrisa en su rostro esconde sus dificultades. En ese momento pensamos que tan difícil le hemos hecho la vida a José, ni siquiera hemos sido capaces de aprender su lenguaje para comunicarnos con él. Se lo reconocemos mientras hablamos, pero él sigue con su sonrisa y responde: “Ojalá un porcentaje grande de personas puedan aprender lenguaje de señas para que haya una buena inclusión”. 

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