El 12 de abril de 1999, guerrilleros del Eln obligaron a la tripulación de un Fokker 50 de Avianca que volaba entre Bucaramanga-Bogotá a salirse de su ruta y aterrizar en una pista del sur de Bolívar llamada Sábalos. Fueron secuestrados 41 pasajeros, entre ellos el entonces representante a la Cámara Juan Manuel Corzo, quien estuvo 17 meses en cautiverio. Al salir, rogó para que durante el gobierno de su copartidario conservador, Andrés Pastrana, se hiciera la paz con la guerrilla. “La paz es un imperativo”, dijo.
Ese momento traumático en su vida lo marcó para siempre. Muchos percibieron un cambio en su personalidad. Años atrás, Corzo era un león que se batía con jefes liberales para obtener un cupo en las corporaciones regionales y emprender una carrera ascendente en la política. Empezó muy joven. Fue concejal en 1992, diputado en 1995 y representante a la Cámara en 1998. El secuestro lo volvió pacífico, una persona más conciliadora que no entraba en peleas políticas.
Llegó al Senado en 2002 y desde entonces ha conservado su curul, siempre con buenas votaciones. Pero lo que parecía ser el gran logro en su carrera parlamentaria, la Presidencia del Congreso, que logró este año, se ha convertido en un dolor de cabeza.
Sus iniciativas han sido mal recibidas. Debutó con un intento de resurrección de la inmunidad parlamentaria, una figura que no permite que la Corte Suprema investigue a los congresistas. Luego quiso revivir el subsidio de la gasolina para evitarle a sus colegas parlamentarios pagar de su bolsillo el combustible de los carros oficiales que les entrega el Congreso.

El senador Juan Manuel Corzo es el poder detrás de Corponor, la Alcaldía de Cúcuta y la Notaría Segunda de esa ciudad.
Últimamente, Corzo ha dejado ver la personalidad que tenía antes de su secuestro. Ha respondido a los cuestionamientos de manera rabiosa y con frases destempladas como aquella según la cual su sueldo (16 millones de pesos) no le alcanza para ‘tanquear’ el carro oficial, o que a él y a sus colega les va a tocar más o menos robar.
En Bogotá aparece como un hombre sencillo pero en Cúcuta su peso burocrático se siente. Es el poder detrás de la dirección de la Corporación Autónoma Nororiental, Corponor, cuyo presupuesto es superior a los 16.000 millones de pesos. Su director, Luis Lizcano, se ha sostenido en el cargo durante tres periodos con el respaldo de Juan Manuel Corzo. Hace poco, Caracol Radio reveló que Luis Alejandro Corzo, hermano del Senador, trabaja allí y es el ojo avizor que supervisa la contratación en la entidad. De hecho, a Corponor la llaman jocosamente ‘Corzolor’.
Su otro fortín es en la Alcaldía de Cúcuta. Corzo fue uno de los pocos congresistas que apoyó de frente a la actual alcaldesa, María Eugenia Riascos. Con esta movida política consiguió influir sobre 12 secretarías, entre las que se cuentan Infraestructura, Bienestar Social, Salud y Hacienda, En todas ellas logró nombrar a amigos políticos suyos. Su influencia se extiende a parte de los nueve departamentos administrativos con recursos presupuestales.
La Secretaría de Hacienda ha sido cuestionada por querer tramitar, a tres meses de culminar labores, un crédito por 40.000 mil millones de pesos, supuestamente para atender necesidades de la malla vial de Cúcuta, maniobra que en esa ciudad le adjudican a Corzo. Sus apuestas en esa región para las próximas elecciones son Juan Alcides Santaella para la gobernación, y Gregorio Angarita para la alcaldía.

Homenaje a Juan Manuel Corzo de sus compañeros del Colegio Calazans. Lo acompaña la plana mayor del Partido Conservador.
En el ámbito personal Corzo se benefició de su nombramiento en la Notaría Segunda de Cúcuta en 2006, en cabeza de Samuel Darío Quintero Pineda, cuando se dio la llamada ‘Feria de las Notarias’, promovida por el entonces ministro del Interior, Sabas Pretelt de la Vega, para asegurar la votación en favor de la reelección presidencial.
Pero el senador Corzo sigue adelante. Las críticas en su contra no le han hecho mella, como tampoco las denuncias de jefes paramilitares como Jorge Iván Laverde, ‘El Iguano’, quien aseguró que Corzo mantuvo relaciones con el paramilitarismo de Norte de Santander. Por esa razón la Corte Suprema tiene abierto un expediente que en Cúcuta no tiene eco.
Por el contrario, allí sigue la celebración por el logro del cucuteño. Sus amigos y excompañeros del Colegio Calasanz le brindaron un homenaje al que asistió la plana mayor del Conservatismo: los expresidentes del partido Carlos Holguín Sardi, Efraín Cepeda y Hernán Andrade, este último investigado por tráfico de influencias en la DNE. Es claro que una cosa es Corzo en boca de la opinión pública y las redes sociales, y otra es en su natal Cúcuta, donde sigue siendo el rey.
