Los rostros de los agüeros de fin de año

Publicado por: admin el Dom, 31/12/2017 - 11:02
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Cuando le pregunté de qué color iban a ser los calzoncillos que se pondría el 31 de diciembre, me miró con cara de asombro. No es normal que uno ande por la calle preguntándole a la gente el colo
Los rostros de los agüeros de fin de año
Cuando le pregunté de qué color iban a ser los calzoncillos que se pondría el 31 de diciembre, me miró con cara de asombro. No es normal que uno ande por la calle preguntándole a la gente el color de su ropa interior. O no es normal durante el año, porque para la noche del 31, algunos creen que cucos y pantaloncillos deben ser amarillos. Ese es uno de los tantos agüeros para el 31 de diciembre. Don Jorge nació en Bogotá pero habla con acento paisa porque pasó muchos años en Manizales. No tiene agüeros para fin de año. Nada de uvas. Nada de espigas. Nada de calzones amarillos. Es un hombre simple, directo, que sólo quiere un año más de vida para trabajar. Lo único que hace es pedirle a Dios que le dé salud. Y ojalá trabajo, porque últimamente las cosas no han estado fáciles. Lleva más de 20 años vendiendo cobijas en el centro y las cosas “están muy complicadas como para que uno ande pensando en el color de los calzones que se va a poner”. [single-related post_id="802603"] San Victorino, en el centro de Bogotá siempre está lleno de gente. Gente que sale de aquí y de allá. Y por esta época es peor. Muchos de los que andan por esas calles estrechas están buscando lo necesario para la noche de año nuevo: las uvas, los ‘cucos’ amarillos, las espigas, la ropa para estrenar. Marina Camacho, al contrario que don Jorge, sí tiene muchos agüeros. Es vendedora de espigas y lleva 10 años en San Victorino. Es clara y precisa con la explicación de esa costumbre. “Las espigas se las regala uno a la gente para que siempre haya comida en la mesa”. Tiene otro muy particular: “el de las papas”. A la media noche, agarra tres papas. Pela una por completo, deja otra a medio pelar y una tercera que queda con cáscara. Las echa debajo de la cama y al otro día saca una. De acuerdo a la que le salga sabrá cómo estará su bolsillo. Es cosa de lógica: si le sale la “pelada”, así va a pasar el 2018: pelada. Si agarra la que tiene la corteza, no habrá problemas de dinero. [single-related post_id="803751"] Por la carrera 11 fluye un río de gente. Caminar es difícil. Aquí y allá hay improvisados puestos que muestran la infaltable pieza de ropa interior amarilla, tanto para él como para ella, grandes y chicos. Ninguno de los vendedores tiene ni la más remota idea de dónde salió o quién dijo que los calzones amarillos el 31 serían de buena suerte. Y aun así la gente los compra mucho. Ni Google sabe, concretamente, cuál es el significado de esa tradición. En todo caso, puede ser más simple de lo que parece: la clave es el color. El amarillo representa la luz, el brillo, el oro. Por eso llevarlo el último día del año estaría relacionado con la abundancia. Por aquí se ve de todo. Drago Jesús es gitano. Dice que tiene raíces rumanas y españolas. “Personalmente –dice–, tengo un agüero muy particular: quemar algo personal”. El fuego renueva, destruye, pero luego, explica “es posible levantar cosas nuevas desde las cenizas”. Puede que lo que importe sea el fondo y no la forma. Al final de cuentas lo que esperan quienes creen en los agüeros y quienes no es que el año por venir les traga simple y llanamente una vida mejor. Lo que quieren todos.