Mafalda: La cincuentona que halló la fórmula de la eterna juventud

Mafalda: La cincuentona que halló la fórmula de la eterna juventud

3 de febrero del 2014

A estas alturas de su vida, al nombre de Mafalda le deberían agregar un alias: La Siempreviva. La “niña iracunda que no está de acuerdo con el mundo”, como la definió Umberto Eco, está celebrando sus 50 años, aunque solo vivió diez, más vigente y más leída que nunca.

El Hay Festival de Cartagena le organizó una fiesta de 50. El patio del ultracentenario Claustro de Santo Domingo estuvo repleto con un público que llegó hasta allí para recordar, unos, y aprender, otros. Los animadores de la fiesta fueron un trío de maestros intérpretes de Mafalda y de la obra de Joaquín Lavado, “Quino”:  Daniel Divinsky, un abogado-editor de Buenos Aires que sin quererlo se convirtió en el editor del cómic al poco tiempo de su aparición. Sin quererlo, porque su relación con Quino se inició cuando éste recurrió a la oficina de abogados de Divinsky por un problema de platas que tenía con quien era su editor en esos momentos. Solucionado el lío, el autor le propuso que su empresa Ediciones de La Flor incluyera a Mafalda dentro de sus producciones editoriales. Felipe Ossa: un librero, dueño de la Librería Nacional,  apasionado desde siempre por las tiras cómicas y el humor, que fue el socio de Divinsky para traer Mafalda a Colombia. El tercero, moderador del conversatorio, Daniel Samper Pizano, admirador de siempre de la tira cómica, que a punta de leerla y de su relación personal con el autor, Quino, y el editor, Divinsky, se ha convertido en un “mafaldólogo” de primera línea.

Conversatorio Mafalda, Kienyke

La llegada al mundo

Ya se sabía que en septiembre de 1964 apareció en una revista la primera tira cómica de Mafalda. Lo que muchos no conocíamos era que existió un primer intento fallido, cuando a Quino, entonces publicista, le pidieron que se inventara un cómic que llevara discretamente incluida una publicidad de los electrodomésticos “Marshall”, firma que ya desapareció. Fue así como nació la idea de una familia de clase media argentina, que en su casa utilizaba los productos del patrocinador. La campaña no funcionó y la idea quedó archivada para un próximo uso.

En la mente de Quino nació una niña, quien sería el personaje central de esa familia y del mundillo a su alrededor. Había leído la novela “Dar la Cara”, del argentino David Viñas, que le impactó profundamente. En la historia aparece una bebita en los brazos de su mamá, a quien le preguntan cuál es su nombre: Mafalda, nombre que Quino aprovechó para su personaje. Por lo demás, el Principessa Mafalda era un trasatlántico de lujo que unía los puertos de Italia y Argentina a comienzos del siglo XX, a bordo del cual llegaron muchos inmigrantes italianos. El barco se hundió en 1927 en una tragedia que muchos han comparado con la del Titanic.

Pero a parte de ser la estrella del cómic latinoamericano más conocido y más vendido en el mundo, ¿quién es Mafalda?  “Es el sentido común ético de las clases medias latinoamericanas, que se parecen mucho a las de otros países, lo que explica la repercusión internacional… Refleja algunas cosas que están en el fondo de cierta moralidad ética de la clase media”, dice Divinsky. Felipe Ossa agrega que “Es uno de los personajes representativos de los años 60. De todo lo que significó los años 60 para nuestras generaciones y para el mundo”.

Y es que en medio del humor, la historieta de Mafalda tocó los grandes temas de la actualidad de su tiempo: la guerra de Vietnam, la aventura espacial, la fuga de cerebros, la amenaza china, Los Beatles, la guerra fría, el existencialismo de Sartre, Fidel Castro, las Naciones Unidas… También los sentimientos y valores de su clase social: La igualdad, la democracia, la felicidad, la dignidad, la ternura, el porvenir, la situación de las mujeres, “y hasta Dios, aunque Quino es ateo…”, resalta Daniel Samper.

La llegada a Colombia

Algo que muy pocas personas sabían era que Mafalda llegó a Colombia de contrabando. Felipe Ossa conoció el personaje en Cali gracias a un argentino residente en esa ciudad, Juan Leopoldo Roché, quien, como regalo, le llevó a su librería el primer libro de Mafalda para que la conociera y tratara de traerla al país porque sería un éxito.

Ossa y Divinsky establecieron una relación comercial para que Mafalda aterrizara en Colombia. En esa época -años 70- existía en este país una Ley que establecía un gravamen altísimo al cómic “como para desalentar la importación de historietas, sin tener en cuenta que los cómics son una de las maneras de crear en los niños la afición de la lectura”, opina Divinsky. Mafalda, entonces, no podía aterrizar en Bogotá porque los impuestos de importación eran tan altos, que la hacían invendible por su elevado precio. Decidieron entonces traerla por Barranquilla “en donde aparentemente el criterio era distinto… al fin y al cabo la mayoría del contrabando en Colombia entra por la costa…”. Así llegó Mafalda a Colombia con un precio razonable. “Podemos confesarlo ahora porque ya está extinguida la acción penal”, Dice Divinsky. Ossa agrega que “No se consideraba que el cómic fuera cultura. Esa ley duró 50 años. Apenas el año pasado se derogó y ahora hay libertad de importación de libros de humor gráfico”.

Colombia fue también uno de los primeros países en piratear la obra de Quino. Muy pronto después de su llegada apareció en las calles una copia del Tomo 8. Los piratas tuvieron la gracia (¿cinismo?) de poner el crédito de “Ediciones de La Rosa”, emulando la original “Ediciones de La Flor”. Los libros pudieron ser decomisados por la policía colombiana.

“La siempreviva”

Se habían publicado 1928 tiras de Mafalda cuando, diez años después de su creación, en 1973,Quino dejó de producirla. No se puede hablar de la “muerte” de Mafalda a pesar de que en México estuvo corriendo la versión de que el personaje moriría en la próxima tira, arrollada por un camión cargado se sopa… El término apropiado sería entonces ese: Suspendida.

No se puede hablar de “muerte” de un personaje cuando cada vez se publican y se venden más sus historias. Además del español, Mafalda habla francés, italiano, alemán, holandés flamenco, hebreo, griego, turco, japonés, coreano, chino… Paradójicamente, se ha traducido muy poco al inglés. El motivo lo contó Divinsky en una graciosa anécdota: Después de muchos esfuerzos infructuosos para despertar en los editores americanos e ingleses el interés por Mafalda, apareció un alto ejecutivo de Scholastic, editora estadounidense de textos escolares, quien había vivido en Argentina y conocía la tira cómica. El hombre se entusiasmó y prometió que haría que su empresa produjera la versión inglesa del cómic. Un año después,  Divinsky recibió el informe final del departamento de mercadeo de Scholastic diciendo que “Mafalda es muy sofisticada para los niños norteamericanos”…

Mafalda en chino, Kienyke

Mafalda no ha escapado a los controles gubernamentales. En la España franquista, los libros llevaban en su portada una cinta que decía “Solo para adultos”. Y en China, en donde la tira fue copiada impunemente pues no era signataria de la convención internacional sobre derechos de autor, simplemente eliminaron las historias en las cuales se hacía alusión a ese país, que Mafalda criticaba frecuentemente cuando se paraba frente al mapamundi. “Las suprimimos porque sabíamos que usted no conocía nuestro país” fue la explicación que dieron a Quino cuando por primera vez visitó el gigante asiático.

¿Por qué se acabó Mafalda? Esa es la gran pregunta de nos hacemos quienes la conocemos y quedamos fascinados por sus historias. Daniel Divinsky cita dos motivos: Primero, porque Quino le hizo caso a Oscar Conti, maestro del humor gráfico argentino, quien dijo que si al dibujar una tira se tapa la última viñeta y el lector adivina que sucede, es momento de suspenderla porque se está repitiendo. Segundo motivo: En 1973 se reinstauró la democracia en Argentina (que volvería a perder tres años después). Quino pensó entonces que, habiendo democracia, no tenía sentido mantener una actitud crítica permanente. Lo cierto es que Mafalda obsesionó y cansó demasiado a Quino. “Él descansó cuando dejo de dibujarla”, dice Divinsky. “Quino y Mafalda se dieron la libertad los dos. O sea, Quino dejó libre a Mafalda y Mafalda dejó libre a Quino”, agrega Felipe Ossa.

¿Por qué se sigue vendiendo Mafalda? “Porque es un clásico y los clásicos siempre tienen algo que decir”, responde categóricamente Felipe Ossa, quien intercala sus adjetivos de admiración entre Mafalda y su autor, Quino, de quien dice que “es un filósofo del humor”.

Paradójicamente, a pesar de su fama universal, solo existe un monumento a Mafalda en el mundo. Esta situado en el barrio San Telmo, el más antiguo de Buenos Aires, al frente del edificio donde vivía Quino cuando creó la tira. Allí aparece Mafalda, hecha en cerámica, sentada en una banca. Es el punto de peregrinación de admiradores de todo el mundo que, antes de visitar Buenos Aires, ya habían erigido a Mafalda un monumento en su corazón y en su memoria.

Mafalda y Quino, Kienyke

Lea también Carta a Mafalda. Cincuentona y polémica”  – “El hombre que sacó a Mafalda del papel”

“A Mafalda”