Miguel Calero, el inolvidable cóndor del arco

Publicado por: david.palencia el Mié, 14/04/2021 - 12:27
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Creado Por
David Palencia
En el Día Internacional del Portero de Fútbol, KienyKe.com recuerda la figura del legendario Miguel Calero, un gran arquero que dejó una huella imborrable en el fútbol internacional.
Miguel Calero
Créditos:
Flickr: Edgar Negrete

El fútbol, el bendito fútbol. Aquel deporte reúne multitudes sin distinguir edad, raza, género o condición social. Esta disciplina produce un sin fin de emociones alrededor de un balón: desde lo más profundo del corazón emergen los sentimientos por cuenta del amor hacia los colores de un equipo o un jugador en especial, a la expectativa del momento más excitante del juego: ¡el gol!

El gol es el momento sublime y esperado por jugadores e hinchas. Significa la gloria y felicidad para algunos, derrota y tristeza para otros. Dentro de los once jugadores que conforman un equipo hay uno que cumple una misión especial: ese es el arquero. Es un jugador único dentro del campo, que juega con las manos y cuyas armas son los guantes, porta un uniforme diferente y se llena de valentía para evitar lo que muchos esperan, el gol.

Son hombres y mujeres que cuentan con nervios de acero y reflejos felinos, que no deben dar oportunidad al error y que defienden con toda su integridad la portería como si fuera su vida, su todo. Es un puesto ingrato y poco reconocido para la magnitud de su misión, porque no todos tienen la fortaleza de pararse bajo los tres palos para evitar que la esférica pase.

No tienen alas, pero vuelan. Van por aquel balón a veces con una espectacularidad que los convierte en la cereza del pastel para los lentes fotográficos y de televisión, que capturan esa magna acción que ablanda la emoción de unos y devuelve la tranquilidad de otros.

Los porteros de fútbol también celebran su día: el 14 de abril, en homenaje al natalicio de Miguel Calero, apodado 'El Show' o 'El Cóndor'. Con talento, reflejos, jerarquía y prominente figura —con sus 1,91 m de estatura—, este legendario arquero colombiano defendió con gallardía las porterías de Sporting de Barranquilla, Deportivo Cali, Atlético Nacional en Colombia, Pachuca de México y la Selección Colombia.

Miguel Ángel Calero Rodríguez nació el 14 de abril de 1971 en Ginebra, Valle del Cauca. Este pequeño municipio fue testigo de los primeros pasos de este hombre que se convirtió en todo un símbolo de la portería a nivel mundial.

Calero empezó a mostrar su talento en la Escuela Carlos Sarmiento Lora de Cali, semillero de grandes futbolistas en el país. Allí coincidió con Faryd Mondragón y Óscar Córdoba; ellos conjugaron una trilogía de grandes porteros que dejaron huella en Colombia y en el fútbol del exterior. Es poco común que tres leyendas del arco coincidan en un mismo lugar y en una misma generación.

Reinaldo Rueda fue parte fundamental en la vida y carrera de Miguel Calero. El actual entrenador de la Selección Colombia lo acompañó en sus primeros pasos cuando este era profesor del Colegio Mayor de Yumbo, Valle. Luego de conocer las grandes cualidades, consiguió una beca para el joven Miguel en dicha institución y hasta se convirtió en su conductor, lo recogía en la mañana a su casa y en la tarde iba y lo dejaba.

Corría el año 1987 y llegó el tan anhelado debut como profesional cuando el desaparecido Sporting de Barranquilla lo contrató en sus filas. Su figura empezó a sobresalir y su estilo también: a la manera de Higuita, Miguel Calero solía salir de su área y hacía jugadas intrépidas y arriesgadas que dejaban en vilo a la tribuna. De ahí se ganó los apodos que lo acompañaron siempre.

Luego de defender el arco del Sporting por cinco años, Miguel Calero regresó a su Valle del Cauca, se puso el buzo y los guantes por el Deportivo Cali, donde vivió una de las mejores etapas de su carrera. En 1992 recibió la convocatoria de la Selección Colombia Sub-23, comandada por Hernán Darío 'El Bolillo' Gómez. Medios deportivos sugerían que su nivel estaba por encima de aquellos referentes de la época, como René Higuita y Eduardo Niño.

Con la selección sub 23, el equipo de Calero, Faustino Asprilla, Harold Lozano e Iván René Valenciano, entre otros grandes, llevó la bandera de Colombia a los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, donde la selección llegó como favorita y terminó eliminada en primera ronda.

Su carrera apenas comenzaba y le esperaban grandes alegrías. Una de las más grandes fue la estrella que ganó con el Cali en 1996, después de veintidós años de sequía. Un año antes marcó su primer gol: Calero disparó desde la mitad de la cancha hacia el arco del Deportivo Pereira y el balón se coló luego de una mala salida del portero rival.

En el año 2000, luego de jugar tres años en Atlético Nacional, Miguel Calero llegó al club que más lo quiso y donde fue considerado el máximo ídolo: el Pachuca de México. El portero colombiano dejó un legado imborrable: ganó cuatro títulos nacionales, cuatro internacionales, y anotó un gol de leyenda contra Chivas que le dio el paso a la final del torneo Clausura de 2006. Era el último minuto y, después de un cobro de costado, Calero se elevó para conectar un cabezazo certero que venció al portero rival. El estadio rugió de emoción aquella tarde.

 

Con la Selección Colombia de mayores, Miguel Calero jugó 71 partidos y se coronó campeón de la Copa América de 2001, donde fue suplente de Óscar Córdoba. Su gran sueño, jugar un mundial, nunca se cumplió, pues no fue convocado en 1994 ni en 1998.

‘El Cóndor’ Calero bajó sus alas en septiembre de 2011 en un partido contra Los Pumas. Ese día, el periodista que narraba el juego dijo al terminar: “Señoras y señores, a nombre de Alfonso Hidalgo y de Jorge Campos, adiós Calero. Te vamos a extrañar, eres un gigante de la portería. Gracias por todo y por todas las memorias”. Mientras tanto, Calero se quitaba su saco rojo y lanzaba su último par de guantes a la tribuna, que por varios minutos lo aclamó entre lágrimas.

El 25 de noviembre de 2011, Miguel Calero sufrió una embolia cerebral que le ocasionó un infarto cerebral. El 3 de diciembre fue declarado muerto. Dos días después, el Pachuca le rindió un homenaje y el cuerpo de colombiano, cuyo ataúd tenía el escudo del Pachuca, fue llevado a la cancha del estadio Hidalgo. La gente volvió a corear su nombre y le cantó al cóndor colombiano que durante once años hizo ver grande al club.

Miguel Calero dejó una huella imborrable en el lindo “juego de la vida” que es el fútbol. Su figura dejó un legado impresionante como deportista y persona. Su carrera resignificó el honor de ser portero.