“Mire como salí: sin ojos y sin manos”: exguerrillero del ELN que manipulaba minas

“Mire como salí: sin ojos y sin manos”: exguerrillero del ELN que manipulaba minas

5 de Septiembre del 2015

“Uno es víctima de su propio invento”, dice Fabián* mientras describe el momento de su accidente.

Lea también- “Yo iba pal´infierno”: Alias karina

Ejercía como radista (quien maneja comunicaciones) en una de las estructuras guerrilleras del ELN. Durante cuatro años se acostumbró a cargar entre tres y cuatro minas antipersonal, según él, para su seguridad y la del radio que debía proteger.

Dentro de su rutina estaba sembrar y desactivar artefactos explosivos improvisados a diario; se había convertido en un proceso repetitivo, hasta el día en que la confianza le jugó una mala pasada.

Lea también: “Mi primo se metió a la guerrilla para rescatarme”

“Fue un error, me mandaron a desactivar una mina para que unos compañeros y unos comandantes pasaran. La levanté y el error mío fue que la moví y ella estaba directa. El estallido me levantó, a mí no se me olvida. Yo no perdí el conocimiento; vi unas luces oscuras, moradas, de todos los colores”.

Lea también: “No quiero ir a la guerra”: niño de 12 años teme ser reclutado en Urabá

Fabián perdió la vista y sus extremidades superiores. La explosión fue tan fuerte que sus compañeros exclamaban: “¡se mató, se mató!”, mientras él intentaba ponerse de pie. Pero sus brazos no respondían a sus impulsos.

“Yo no sabía que había perdido las manos. Cuando ellos me las amarraron, ahí sí me empezó el dolor más bravo, porque yo no sabía qué me dolía más, si los ojos, la cara o las manos”.

Fueron cerca de 30 días los que Fabián debió soportar sus heridas al interior del campamento, de la manera más precaria. Incluso uno de los guerrillero debía ventilarlo para alejar las moscas que se asentaban en sus manos heridas, aún en carne viva.

Cuenta que sus compañeros, con conocimientos adquiridos empíricamente, comenzaron a curarlo, pero la droga no le hacía efecto. “Empezaron con la mano izquierda. La curaron y taparon, y siguieron con el brazo derecho. Tocó pelar el hueso porque estaba rajado. Y ahí mismo empezaron a cortar; eso fue mucho dolor, yo me iba a desangrar ese día, no me pude ni parar. Gritaba cuando mandaban esa sierra”, narró dramáticamente este hombre quien, paradójicamente, encontró en su accidente el camino hacia la libertad.

Desmovilizado ELN

Las minas antipersonal habían sido en diferentes ocasiones su salvación, y está vez no fue la excepción.

“Cuando uno queda así, reflexiona. Y por algo las cosas tienen que suceder, para bien. Yo pensé que me iba a morir, pero por algo estoy aquí. Creo que Dios me tiene para muchas cosas grandes, y yo sé que se van a realizar algún día porque las ganas de vivir son muchas”.

Consiguió salir de la guerrilla. Se desmovilizó e inscribió a los programas de reinserción del Ministerio de Defensa Nacional y a la Agencia Colombiana para la Reintegración. Obtuvo oportunidad de estudio, pues en la guerrilla no sabía leer ni escribir. Ahora tiene su diploma de bachiller y de varios cursos realizados en el Sena, entre ellos de Emprendimiento y Marroquinería.

Su vida había cambiado y él se sentía orgulloso de ello. Tenía claro que debía salir adelante, por eso empezó a vender chicles, “con una caja, después dos, ya la gente empezó a pedirme más y fui creciendo hasta que ya monte mi propio negocio”.

Fabián es reflejo de las miles de historias que esconden los desmovilizados del país, que deciden cambiar su vida y apostarle a un camino dentro de la legalidad. Su mensaje a quienes se mantienen en los grupos armados ilegales es contundente. “Dejen de hacer daño. Que se desmovilicen; hay muchas oportunidades aquí afuera para salir adelante. Mire mi experiencia propia. Estaba bien allá y cómo salí, sin ojos y sin manos, por estar manipulando esos artefactos. Cuando usted le hace mal a alguien, tarde que temprano le llega a usted. La felicidad es vivir en paz y tranquilo”.

De acuerdo a cifras de la Séptima División del Ejército (Antioquia), en lo que va de 2015 se han desmovilizado 67 guerrilleros. El coronel Martín Daza, coordinador del Grupo Asesor del Comandante (GAC), además agregó que una persona que deja las armas y se acoge al Programa de Atención Humanitaria al Desmovilizado del Ministerio de Defensa, “es vital para la ubicación de artefactos explosivos improvisados (minas antipersonal), la disminución de la capacidad de fuerza de los grupos armados al margen de la ley, y se convierte en una persona menos que afectará los objetivos estratégicos de una región, basados en la economía y seguridad”.

Por: Paulina Giraldo Arias, Grupo Asesor del Comandante de la Séptima División del Ejército.

*El nombre de la fuente fue cambiado para su protección.