La pasión de Sebastián Toro por las motos es reflejo de su espíritu aventurero. En dos ruedas ha atravesado continentes, visto paisajes desconocidos y aprendido a sobrevivir en medio de la nada.
Al final del verano de 2002, Toro en una moto transalp recorrió parte de Europa. La travesía que duró tres meses y medio desde Francia hasta Bosnia, en vías secundarias y parques naturales, le enseñó a dormir en carpas y alimentarse de jamón y queso. Años después, el piloto, abogado de profesión, atravesó los llanos orientales para llegar a Venezuela en 22 días. En otra ocasión, su moto lo llevó a Santiago de Chile en 34 días. Hoy, Sebastián Toro se prepara para el sueño y hazaña de su vida: ser el primer colombiano en correr en Rally Dakkar 2013 sobre una moto.
Desde niño, Sebastián se enamoró de la adrenalina que le producían las motos. Su primer maestro fue su primo Jerónimo Canal y su primera pista los alrededores de la vereda Yerbabuena en Chía. Recuerda que ni siquiera alcanzaba el piso con los pies.
Luego de insistir por varios años y convencer a sus papás, Toro logró tener su primera moto en 1993. Tenía 15 años y cursaba séptimo grado. Se trató de una KTM 300 que solo podía montar en la finca. Sin embargo, su pasión por la velocidad lo llevó a romper las reglas de su casa. Tres meses después, se inscribió en su primera carrera en el saltamontodromo de Guatavita por 80 mil pesos de la época.
Desde aquel momento, las competencias comenzaron hacer parte de su rutina, pese a que sus papás no le volvieron ayudar económicamente con el mantenimiento de la moto. Fue así que comenzó a pedirle prestado a sus amigos los carros para transportarla y vender dulces en el colegio para cubrir los gastos de mecánica, repuestos y comprar el uniforme adecuado para competir. Dos años después, Sebastián logró comprase la primera moto con su propio dinero y a cambiar de modelo según las novedades del mercado.
El sueño de ser un corredor profesional se desvaneció cuando comenzó a estudiar Derecho. Por esa época las clases y una grave lesión lo alejaron de las competencias. Sin embargo, compró una moto de calle para movilizarse en la ciudad. Las competencias volvieron a su vida en 2007, luego de vivir en Francia y Boston, donde conoció el negocio del Valet Parking y al que se dedica en la actualidad. Se trató de la Six Days en Chile, carrera en la que no tuvo éxito. Ya en Colombia, participó en varios rallys en cuatrimoto y moto. Poco a poco el sueño del Dakkar se veía cerca.
Mientras asiste al Rally Guajira 800 en agosto de 2011, Sebastián conoce a Joan Manuel Pedregá, campeón de Dakkar en el 2006 y tercer lugar en el 2010, quien se convirtió en una especie de padrino. Es así como este empresario de 34 años empieza a entrenarse para competir en el Rally Dakkar 2013, una competencia que tiene más de 30 años de historia, no premia a sus ganadores con dinero y es vista por 4,5 millones de espectadores en el mundo.
Este piloto y mecánico empírico de motos no le da pena admitir que ahora juega a ser un deportista profesional. Hace viajes fugaces a Marruecos y Perú donde tiene programadas sus prácticas deportivas. Además, mientras trabaja para conseguir más de 46 mil euros –el costo de la inscripción a la competencia, moto y asistencia técnica durante el Dakkar– alterna su vida de empresario de Valet Parking con un entrenamiento físico donde la natación, varias horas de gimnasio a la semana, montar bicicleta y el pilates, pueden ayudarlo a terminar una competencia que dura 15 días y atraviesa 12 mil kilómetros de senderos desolados del Perú, Argentina y Chile. Competencia donde solo estará acompañado de sus amuletos: el colmillo de un lobo marino de la Isla Galápagos y una cinta de la Virgen del Pilar de Zaragoza.
Luego de insistir por varios años y convencer a sus papás, Toro logró tener su primera moto en 1993. Tenía 15 años y cursaba séptimo grado. Se trató de una KTM 300 que solo podía montar en la finca. Sin embargo, su pasión por la velocidad lo llevó a romper las reglas de su casa. Tres meses después, se inscribió en su primera carrera en el saltamontodromo de Guatavita por 80 mil pesos de la época.
Desde aquel momento, las competencias comenzaron hacer parte de su rutina, pese a que sus papás no le volvieron ayudar económicamente con el mantenimiento de la moto. Fue así que comenzó a pedirle prestado a sus amigos los carros para transportarla y vender dulces en el colegio para cubrir los gastos de mecánica, repuestos y comprar el uniforme adecuado para competir. Dos años después, Sebastián logró comprase la primera moto con su propio dinero y a cambiar de modelo según las novedades del mercado.
El sueño de ser un corredor profesional se desvaneció cuando comenzó a estudiar Derecho. Por esa época las clases y una grave lesión lo alejaron de las competencias. Sin embargo, compró una moto de calle para movilizarse en la ciudad. Las competencias volvieron a su vida en 2007, luego de vivir en Francia y Boston, donde conoció el negocio del Valet Parking y al que se dedica en la actualidad. Se trató de la Six Days en Chile, carrera en la que no tuvo éxito. Ya en Colombia, participó en varios rallys en cuatrimoto y moto. Poco a poco el sueño del Dakkar se veía cerca.
Mientras asiste al Rally Guajira 800 en agosto de 2011, Sebastián conoce a Joan Manuel Pedregá, campeón de Dakkar en el 2006 y tercer lugar en el 2010, quien se convirtió en una especie de padrino. Es así como este empresario de 34 años empieza a entrenarse para competir en el Rally Dakkar 2013, una competencia que tiene más de 30 años de historia, no premia a sus ganadores con dinero y es vista por 4,5 millones de espectadores en el mundo.
Este piloto y mecánico empírico de motos no le da pena admitir que ahora juega a ser un deportista profesional. Hace viajes fugaces a Marruecos y Perú donde tiene programadas sus prácticas deportivas. Además, mientras trabaja para conseguir más de 46 mil euros –el costo de la inscripción a la competencia, moto y asistencia técnica durante el Dakkar– alterna su vida de empresario de Valet Parking con un entrenamiento físico donde la natación, varias horas de gimnasio a la semana, montar bicicleta y el pilates, pueden ayudarlo a terminar una competencia que dura 15 días y atraviesa 12 mil kilómetros de senderos desolados del Perú, Argentina y Chile. Competencia donde solo estará acompañado de sus amuletos: el colmillo de un lobo marino de la Isla Galápagos y una cinta de la Virgen del Pilar de Zaragoza.
