Vicente Moros, una voz con magia, música y poder

Publicado por: david.palencia el Mié, 24/03/2021 - 13:53
Share
Creado Por
David Palencia
En el Día del Locutor en Colombia, KienyKe.com conoció la historia de Vicente Moros Ortega, uno de los profesionales de la voz más destacados de Colombia y América Latina.
Vicente Moros
Créditos:
Samuel Villalobos - KienyKe.com

La voz es un sonido complejo que se impulsa desde nuestros pulmones, hace vibrar nuestras cuerdas vocales, resuena en la nariz y la boca, viaja a través del aire y, en los oídos de los otros, se convierte en expresión de ideas y sentimientos. Este sonido es una marca única de cada persona; es una 'huella digital' auditiva.

Existen voces de diferentes matices. Algunos privilegiados poseen voces distintivas y melodiosas que, con disciplina y cuidado, les han llevado pan a la mesa y prestigio a sus vidas. Es el caso de los locutores: día a día, en diferentes medios como la radio, la televisión y plataformas de internet, estas voces amigas acompañan a sus oyentes.

La voz de Vicente Moros Ortega se puede escuchar todos los días en las distintas frecuencias y plataformas de Caracol Radio en el país. De hecho, su tono de voz inconfundible identifica la marca de esta importante cadena radial en Colombia y de otras a nivel internacional. Es un hombre que vive y respira para la radio y la música.

Fuera de los micrófonos, este reconocido locutor se considera un hombre alegre, sensible y sincero. Vive para entregar su amistad a las personas y dar amor a su esposa, a su familia y, por supuesto, a su gran pasión: la radio. Después de todo, él tiene una premisa: “Un día leí en un libro: uno no se debe definir por lo que hace, sino por lo que es”.

En el Día del Locutor en Colombia, KienyKe.com conoció la historia de este profesional de la voz y licenciado en Música, quien es una de las voces más importantes del país y el continente.

Ángela María Narváez y Vicente Moros
Créditos:
Archivo particular

Los primeros años

Vicente Moros Ortega nació en la ciudad de Barranquilla bajo el seno del hogar conformado por sus padres, Vicente y Graciela, y sus hermanas, María del Pilar y Maristella. Su padre fue un exsacerdote español que arribó a Colombia a ejercer su misión vocacional, pero el amor por una mujer tocó su corazón. Tras ser autorizado por el Vaticano, decidió dejar los votos religiosos y escribir su propia historia al lado de su compañera de vida. Al 'dejar la sotana' se dedicó a la docencia y, ante las dificultades laborales que encontró en la capital del Atlántico, se trasladó junto a su familia a Cali y luego a Popayán, lugar donde terminó forjando su proyecto de vida.

La familia se estableció en el popular barrio Pandiguando. Allí, el pequeño Vicente Moros Ortega empezó a vivir sus primeros años bajo los principios y valores de una familia sólida, aunada a las reglas estrictas promovidas por su padre, dada a su otrora formación sacerdotal.

“Los tiempos cambian, pero antes se generaban unos lazos familiares muy bonitos y uno sin darse cuenta estaba viviendo una hermosa experiencia. Uno solo se fijaba en ello con el pasar del tiempo. ¡Éramos felices y no lo sabíamos, como dicen por ahí!”, afirmó.

Escuche aquí la voz de Vicente Moros Ortega:

Somos tres

El joven Vicente Moros Ortega se desarrolló personal y académicamente como cualquier muchacho de su edad. Pasó sus estudios escolares en la Normal de Varones José Eusebio Caro y en el INEM. Luego se animó a construir su camino vocacional desde el programa de Licenciatura en Música de la Universidad del Cauca, donde eligió la especialidad en saxofón. En aquellos años de juventud y ganas de conquistar el mundo, Vicente vivió un momento que cambiaría su vida para siempre: se convertiría en padre a la tierna edad de 16 años.

Tal como relatan las estrofas de aquella famosa canción de Franco de Vita, que para esa época estaba de moda, esta noticia cambió su visión de la vida por completo. Quizá sus expectativas y sueños también tuvieron que cambiar, pero su propio criterio, valores y formación del hogar lo animaron a salir adelante. En esta oportunidad lo haría por la vida y bienestar de su hijo Cristian Andrés.

“Recuerdo que justamente dediqué esta canción y siempre me enfoqué en trabajar y sacar adelante a mi hijo, a hacer las cosas bien. Siempre tuve la instrucción de mi padre de la disciplina, de estudiar y ser alguien en la vida. En ese momento me alejé un poco de esas amistades que por ahí uno forjaba en la calle y me volví un poco más juicioso”, recuerda.

Vicente Moros
Créditos:
Archivo particular

La música, su eterno vínculo

Se puede decir que Vicente Moros Ortega ha vivido para la música, no solo desde su formación académica, sino también por su curiosidad y amor por ella. No en vano es una de las personas expertas de la materia en Colombia. Es un profesional a la vanguardia en cuanto a información y conocimiento musical: es un hombre que la estudia, la analiza y sobre todo, la disfruta.

Este vínculo surge a raíz de las diarias jornadas de consumo de radio infundadas por su padre. En aquella época, las baladas románticas eran el furor en los jóvenes y lo más presentado por las emisoras. Sus hermanas disfrutaban mucho de las canciones de artistas como Matia Bazar, Julio Iglesias y Dyango, cuyas interpretaciones y letras hacían suspirar a más de uno. Esas melodías fueron los cimientos de su curiosidad musical.

Este locutor también es reconocido por ser un experto en salsa. Él descubrió este género durante la reconstrucción de la ciudad de Popayán, luego del devastador terremoto de 1983. Los obreros que ayudaron a levantar esta ciudad provenían de Cali y trajeron consigo estos ritmos caribeños. Vicente Moros Ortega escuchaba atentamente aquella música que le despertó inquietud y agrado.

“Empecé a escuchar a Los Hermanos Lebrón, El Gran Combo de Puerto Rico, Willie Colón, El Grupo Niche, Sammy Marrero con la Selecta y me pareció esa propuesta interesantísima. Me gustaba porque le ponía como esa alegría a la vida mientras íbamos reconstruyendo la casa. Allí me gustó la salsa, allí vino el aprendizaje, allí empecé a preguntar de salsa”, comentó.

Popayán es una ciudad que, por su ubicación geográfica, tiene una gran influencia cultural del sur de Colombia: allí suenan ritmos andinos basados en zampoñas, quenas y charangos. Esos sonidos llamaron la atención de Vicente, que al mezclar estas melodías más la influencia adquirida por las baladas y la salsa, se convenció de que su camino en la vida sería la música.

“Soy un melómano de tiempo completo, no tengo ningún tipo de restricción con la música y no condeno ninguno de sus conceptos”, afirmó este hombre, que gracias a su trayectoria ha podido compartir momentos entrañables con varias estrellas de la escena musical.

Sin embargo, tiene algunos reparos con algunos segmentos musicales como el trap. Vicente Moros Ortega considera que un reggaetón bien hecho no le molesta, pero no tolera que en sus letras toquen sin filtros situaciones como el maltrato y las palabras obscenas. Además, él califica su concepto musical como nulo.

“Yo lo veo desde dos maneras: las nuevas generaciones recibiendo este tipo de información no van a tener ningún tipo de valores, entonces me parece tenaz. Además, me parece tenaz que los medios de comunicación hagan difusión de este contenido. Pero pongo los pies en la tierra: eso es lo que está viviendo la sociedad y la música es reflejo de lo que la sociedad quiere, y si la sociedad quiere eso, pues eso es lo que hay, y se refleja en el contenido que esta brinda. No he podido digerir eso del trap”, sentenció.

Vicente Moros - La Vallenata
Créditos:
Archivo particular

El taxi y una carrera hacia el saxofón

Vicente Moros Ortega escogió el saxofón como especialidad para su formación académica, pero este es un instrumento costoso y su hogar no contaba con una gran capacidad económica. Fiel a sus principios y comprometido con sus objetivos, se dedicó a conducir taxi mientras alternaba sus clases en la Universidad del Cauca.

Para conseguir el propósito de comprar su propio saxofón, el entonces estudiante recorría las calles de la Ciudad Blanca con un 'amarillito' marca Dacia. Es una labor que hizo con mucho amor y gusto, con la cual aprendió los secretos de la mecánica automotriz y pasó muchas horas frente al volante. Sin duda, tener su propio instrumento fue el premio al sacrificio, la perseverancia y el trabajo duro cuando se tiene un objetivo en la mira.

“Ese carrito tenía todos los problemas del mundo. Cuando llovía se le entraba el agua por todo lado. Además, allí aprendí mecánica: cambiar llantas, revisión del inyector, cuando se reventaba la guaya del embrague, cambio de correas de repartición. Pero le saqué el gusto, fue una experiencia muy bonita y le tuve mucho cariño a esa 'tartalita'”, recuerda.

Un golpe del destino

En una de sus tantas jornadas a bordo del taxi, este tuvo daño en todo el sistema eléctrico, así que lo llevó al primer taller que encontró y lo dejó ahí para reparación. Cuando iba a tomar un bus hacia su casa, se encontró con un hombre que llevaba un portafolio. Este se desajustó y todos los documentos que portaba cayeron al suelo. Vicente lo vio, decidió no tomar el transporte y ayudó a aquel hombre a organizar sus papeles, sin llegar a imaginarse que ese momento marcaría su destino

Este señor le agradeció amablemente por la ayuda y le preguntó hacia dónde se dirigía.  El joven estudiante le responde que para su casa en Pandiguando. El hombre le dice que iba para la emisora Todelar, donde se desempeñaba como ejecutivo de ventas, y de paso lo invitaba a conocer una emisora. Vicente Moros Ortega pensó que no perdía nada con ir hasta allá; después de todo, el taxi estaba en el taller y no tenía clase en la universidad.

Al llegar a las instalaciones de aquella emisora, se encontró por primera vez con los micrófonos, las consolas, los discos y todo el universo radial. De repente, tocaba decir la hora al aire y no había alguien que lo hiciera en el momento. El ejecutivo de ventas lo animó a que la dijera y Vicente, de una manera muy natural, se sentó frente al micrófono y la dijo. Aunque se equivocó al momento de registrarla, esos segundos marcaron su vida para siempre.

Luego de este suceso, del segundo piso bajó el gerente de la emisora y exclamó: “¿Quién dijo la hora?”. El ejecutivo de ventas señaló al joven Vicente y explicó la circunstancia. En ese momento él se sentía un poco avergonzado por el error cometido, hasta que el gerente le dijo: “¡Qué voz tan bonita! Debería pasar todos los días, viene y nos ayuda a dar la hora”. Creyó que sería buena idea; además la universidad le quedaba cerca y sería una buena oportunidad.

Vicente empezaba a dar sus primeros pasos en la radio: daba la hora y comenzaba a tener más espacio dentro de la emisora; sin embargo, allí no le pagaban. Al cuestionar eso al gerente, este le dijo que si quería dinero, tendría que vender publicidad. Vicente, un hombre de retos y de cumplir objetivos, se animó a vender publicidad y le iba muy bien. 

Hizo el balance entre las labores en radio y las del taxi y se dio cuenta de que la radio le daba mejores réditos. “En aquella época el taxi me dejaba una ganancia de 25 mil pesos y la radio me dejaba 35 mil pesos y solo tenía que trabajar una hora, mientras que en el taxi tenía que dedicarle casi 12 horas diarias, así que vi que la radio era el camino”, recuerda. Entonces, dejó su oficio como taxista y dedicó sus esfuerzos a su nueva profesión 

Su camino continuó en la emisora Ondas del Puracé. El director de aquella estación le propuso contratarlo dentro de la nómina y ser lector de noticias. Nunca había hecho esa labor, pero ya traía ese ADN radial desde la infancia más su oído de músico, así esta labor no fue problema para él. Vicente Moros Ortega arrancó a leer noticias, obtuvo espacios musicales y amplió su espectro en el mundo de la radio.

Le estaba yendo muy bien, pero por cosas del destino la emisora quebró y el locutor se quedó sin trabajo. La situación de aquella estación fue tan difícil al final que le pagaron su liquidación con cajas de aguardiente de un patrocinador, las cuales tuvo que vender luego.

Vicente, Gabriela y Camila Moros
Créditos:
Archivo particular

Caracol Radio

Llegaba a Popayán la legendaria emisora Caracol Estéreo y Vicente fue allá a tocar puertas. Lo recibió el director Arles Ramírez (q.e.p.d.), a quien le expresó sus intenciones de trabajar con aquella cadena. Ramírez le preguntó sobre su experiencia y de una vez lo puso a prueba. Fue tal su desempeño que este director le informó de una vez que estaba contratado. Tras la firma de ese documento, el 1 de octubre de 1992, comenzó su gran y exitosa historia con Caracol Radio 'hasta el sol de hoy'.

“Yo vivo muy agradecido con Caracol Radio porque crecí y aprendí cómo funciona la radio desde su estructura interna: las ventas, dirección, programación, el manejo de personal y la pasión por la misma radio. Caracol ha pagado por mi voz y paga por mi trabajo, y cuando uno es agradecido por su empresa, sea la que sea, o con la vida y con la familia, esa misma energía se le devuelve a uno. Esta cadena lo ha sido casi todo para mí”, expresó.

Su trayectoria en Caracol Radio lo ha llevado a convertirse en uno de los referentes de la locución en Colombia. En dicha empresa ha ocupado cargos como director de algunas de sus emisoras como Tropicana, La Vallenata, entre otras. Es director de Radio Santa Fe, jefe de emisión, voice over e identificación sonora de la cadena básica. También ha tenido la oportunidad de liderar proyectos radiales fuera del país, para completar una gran trayectoria que lo ha convertido en todo un símbolo de esta casa radial.

Día a día está grabando y produciendo. Siempre está al aire y tiene una agenda muy ocupada de actividades, que comienzan desde tempranas horas del día. Él agradece a Dios que sea así.

Vicente Moros - Caracol Radio
Créditos:
Archivo particular

La visión de la radio y la locución en Colombia

Colombia es un país que por muchos años se ha caracterizado ante el mundo por ser un referente de radio de calidad. Este medio de comunicación ha sido fundamental en el desarrollo del país durante los últimos años: ella ha sido testigo de las noticias, ha informado sobre acontecimientos, ha entretenido y educado.

Vicente Moros Ortega es consciente de ello. Dada su experiencia, él hace este diagnóstico: “la radio en Colombia se trabaja con seriedad, con mucho profesionalismo, se trabaja con respeto todavía. Estamos perdiendo algunas cosas, pero es fruto también de la evolución de la sociedad.”, sentenció.

Destaca que la radio siempre ha estado y seguirá vigente porque es la compañía de millones de personas en Colombia y el mundo. Además, esta tiene la capacidad de adaptarse a los cambios, especialmente de formato: ha pasado invicta de aquellos primeros dispositivos con transistores hasta las plataformas digitales de hoy. La radio siempre ha estado ahí, seguirá evolucionando y estando muy presente en la sociedad.

Vicente Moros Ortega admira con entusiasmo aquellas voces que han hecho grande a la radio en nuestro país y han sido sus referentes dentro de este espectro radial: Gustavo Niño Mendoza, Juan Harvey Caicedo, Hernando 'El Capi' Romero, Judith Sarmiento. También destaca a periodistas como Juan Gossain, Yamid Amat y, en la actualidad, Gustavo Gómez.

Hernán Peláez, para él, es un capítulo aparte. “El 'Doctor Peláez' es un maestro que combina el talento con el ser humano porque respeta el profesionalismo de sus compañeros y sabe extraer lo mejor de cada uno de ellos, él deja que todos brillen”, destaca.

Cree que el profesional de la locución debe ser una persona honesta y muy responsable, porque frente a él tiene la misión de expresar la información sobre cualquier campo de una manera verídica y respetuosa. Le preocupa que las nuevas generaciones de locutores colombianos no están leyendo ni se están capacitando, y que están más atentos a las interacciones en redes sociales. Aunque prefiere no condenar ese hábito, porque hace parte de la evolución, si le gustaría que se preparan mejor.

Para Vicente Moros Ortega, en el país hacen falta emisoras con locutores cuyo contenido tenga propuestas interesantes al aire. Él siente que casi todas suenan iguales y les hace falta una esencia, que tenga elementos diferenciadores y atractivos.

Vicente Moros y Ángela María Narváez
Créditos:
Archivo particular

Los sueños de Vicente Moros Ortega

Este locutor cree firmemente que lo realmente importante es ser feliz. Vive y respira por la radio, ama a su esposa Ángela María, con quien ha compartido 22 años de camino juntos, y ve por los ojos de sus nietas, las pequeñas Gabriela y Camila, que le brindan color a sus días.

Le gusta y se mueve también en el campo de los negocios: cuenta que podría vivir tranquilamente de sus inversiones si tuviera que salir de la radio, pero esta es su gran vocación y pasión. Después de todo, Vicente Moros Ortega ama su trabajo, disfruta lo que hace y siente que es un privilegiado; al mirar atrás, considera que la vida es una carrera increíble. 

“Hasta que pueda vocalizar y hasta que pueda tener un criterio radial, me gustaría seguir en la radio. Obviamente uno va evolucionando y va buscando esos perfiles en donde uno mejor se sienta”, afirma.

¡Feliz Día del Locutor!

Por: David Palencia