Hace tan solo una semana, la Superintendencia de Sociedades anunció que 187.612 personas fueron reconocidas por esa entidad como reclamantes de aportes que habrían hecho a la desaparecida pirámide DMG. Lo malo es que esas personas estafadas recibirán solo 275.000 pesos.
Mientras los socios se lamentan, el controvertido propietario de DMG, David Murcia, acaba de recibir una sentencia de 9 años por parte de un juez de Nueva York. Su delito: lavado de activos no derivados del narcotráfico.
Murcia y sus abogados llegaron a un acuerdo en el que el empresario se compromete a entregar una buena suma de dinero a la justicia norteamericana a cambio de esos pocos años de prisión. El acuerdo abarcaría su traslado a una cárcel en la Florida. Quizás ese dinero sea el mismo que consignaron miles de “tarjeta habientes” de DMG entre 2006 y 2009.
Es muy probable que cuando termine de pagar su pena, Murcia tenga que regresar a Colombia, donde le espera una larga condena. En diciembre de 2009, un juez lo condenó a 30 años por lavado de activos y captación masiva y habitual de dineros del público.
Quizás le esperen cárceles en las que no podrá ser el hombre vanidoso de uñas esmaltadas y tenis Lacoste, que se alimentaba con polen, propóleo, jalea real y makra, una raíz de origen peruano de alto valor nutritivo que él mismo comercializaba en el sur del país, especialmente en Mocoa, Putumayo, donde comenzó su carrera empresarial.
Es posible que cuando termine su sentencia en Estados Unidos, David Murcia deba regresar a Colombia y enfrentar una condena de treinta años.
Durante su encierro que, según allegados no lo ha afectado mentalmente, acaso continuará pensando que es el elegido para acabar con el hambre en el mundo. En una entrevista a la revista Don Juan, aseguró tener la fortaleza comercial para acumular cinco trillones de dólares en activos y ayudar a los desprotegidos. Ya había empezado la carrera de acumular fortuna. En una cuenta del banco Merrill Lynch, en Nueva York, movió más de dos millones de dólares. Eso lo llevó tras las rejas en ese país.
Murcia también quiso llegar a la presidencia de Colombia. El 17 de noviembre de 2008 el entonces presidente Álvaro Uribe ordenó el cierre de 59 sedes en 21 municipios del país, donde Murcia jugaba con el dinero de los ahorradores. Uribe tomó esa decisión días después de que el empresario asegurara en una entrevista radial que Tomás y Jerónimo Uribe habían tenido relaciones comerciales con él. Eso desató la furia del entonces presidente. En pocos días Murcia y sus empresas eran historia.
Meses después, Estados Unidos lo pidió en extradición, y su abogado Robert Abreu dijo meses más tarde que él y su cliente no habían contemplado la posibilidad de una negociación con las autoridades judiciales de ese país.
Pero en el encierro de una celda de 3x2 metros, como las que ha ocupado Murcia, cualquiera se desespera. Allí las vanidades se ablandan. El controvertido empresario logró un acuerdo con un fiscal. Este viernes, un juez le dio 9 años de cárcel. Es el final de la historia de un hombre que, de manera maquiavélica, quiso ser el más rico del mundo.
Es posible que cuando termine su sentencia en Estados Unidos, David Murcia deba regresar a Colombia y enfrentar una condena de treinta años.
Durante su encierro que, según allegados no lo ha afectado mentalmente, acaso continuará pensando que es el elegido para acabar con el hambre en el mundo. En una entrevista a la revista Don Juan, aseguró tener la fortaleza comercial para acumular cinco trillones de dólares en activos y ayudar a los desprotegidos. Ya había empezado la carrera de acumular fortuna. En una cuenta del banco Merrill Lynch, en Nueva York, movió más de dos millones de dólares. Eso lo llevó tras las rejas en ese país.
Murcia también quiso llegar a la presidencia de Colombia. El 17 de noviembre de 2008 el entonces presidente Álvaro Uribe ordenó el cierre de 59 sedes en 21 municipios del país, donde Murcia jugaba con el dinero de los ahorradores. Uribe tomó esa decisión días después de que el empresario asegurara en una entrevista radial que Tomás y Jerónimo Uribe habían tenido relaciones comerciales con él. Eso desató la furia del entonces presidente. En pocos días Murcia y sus empresas eran historia.
Meses después, Estados Unidos lo pidió en extradición, y su abogado Robert Abreu dijo meses más tarde que él y su cliente no habían contemplado la posibilidad de una negociación con las autoridades judiciales de ese país.
Pero en el encierro de una celda de 3x2 metros, como las que ha ocupado Murcia, cualquiera se desespera. Allí las vanidades se ablandan. El controvertido empresario logró un acuerdo con un fiscal. Este viernes, un juez le dio 9 años de cárcel. Es el final de la historia de un hombre que, de manera maquiavélica, quiso ser el más rico del mundo.
