A mí eso de pagar impuestos de por sí me parece cosa del pasado, un arcaísmo propio de sociedades involucionadas que creen en vainas tan deleznables como los bienes públicos. Poco a poco el mundo gira definitivamente hacia lo privado, única posibilidad, fuerza y razón de la existencia individual y colectiva.
De tal manera que, por principio, estoy en contra de que la gente que tiene con qué, esté regalando la plata largamente sudada a los menesterosos, a los vagos, de manera populista entregándole dineros a figuras y entelequias tan desagradables como el Estado, la Nación y la Sociedad.
El Estado: una parranda de zánganos sindicalistas y comunistas que solo saben hacer huelgas y cobrar los quince.
La Nación: un conglomerado de seres inferiores descendientes de la holgazanería producto de los protervos cruces raciales.
La Sociedad: una serie de sustratos desorganizados y anárquicos de gentecita del montón. Solo merece ese nombre la Alta Sociedad, depositaria de las tradiciones, el buen juicio, la elegancia, en medio de unas masas sedientas de parasitarla.
No contentos con que ya se les pague salarios, prestaciones y vainas de esas, en lugar de recibir comida y vestido en trueque por el trabajo, las casta inferiores se inventaron el Estado y la Hacienda Pública para robarnos y dilapidar en sancochos y libaciones de licores de maíz, la plata de uno.
Nada más inconveniente que la redistribución del ingreso a través de los impuestos. Tributo deberían rendir sí, los pata al suelo, a quienes buenamente les dan trabajo para que puedan alimentar sus fauces tribales. Pero eso de gravar los ingresos, la renta, las propiedades, es una salvajada de corte leninista. Ponerle tasas a lo privado para nutrir lo público, es subvertir el orden cósmico, entrar en sedición contras las leyes de las naturaleza, soliviantar el espléndido esquema de arriba y abajo sobre el cual está construido el universo mismo. ¡Paganos!
Por estas y por razones pecuniarias muy personales que no viene al caso citar, desde que me conozco no he hecho otra cosa que evadir todos los impuestos. Me confieso como un evasor profesional, como tantas gentes decentes, tantas empresas mineras, bancos y demás organizaciones filantrópicas, empeñadas en la cruzada de sabotear el Estado, como origen de todos los males de la vida colectiva.
No pago ¡y qué! Salvo contadas excepciones que puedo reducir por ejemplo al 4 por mil al cual contribuyo con amor ya que potencia la guerra que tanto nos desarrolla y hace avanzar, o los diezmos que rigurosamente entrego a la parroquia del Santa Fe y al arzobispado, de resto no le doy ni un maravedí al Estado. ¿Qué tal uno del bolsillo financiarle las reformas socialistas al Santos, su paz de pacotilla? ¿Qué tal pagar el predial y esas porquerías para darle plata al Petro?
Financiar lo público es contribuir al vicio de ser mantenido, es facilitar la peligrosa educación del vulgo. ¡Evade y vencerás, tal es mi divisa!
Estoy de acuerdo con no pocas comunidades nacionales que en acto de sana y legítima rebeldía se han opuesto a la tributación ladina y matrera a la que nos obligan. Por ejemplo a los habitantes de zonas de alta influencia de las auto defensas, donde se ha dicho en público y de frente “eche, no joda, aquí esa vaina del IVA, no pegó”
Por eso opino que frente a la tal reforma tributaria del prostático, en principio hay que oponerse a todo, pero claro, tratando de aprovechar, como debe ser, para pescar en rio revuelto, siempre a favor de la sagrada institución plutocrática de la cuenta bancaria.
Aunque filosóficamente estoy en contra del patético hurto continuado que son los impuestos, cautamente valoro algunas de las medidas que se pretenden tomar. Aquellas que favorecen directamente a la cima puntuda de la pirámide social y ponen en su sitio a los desarrapados parias de la tierra. Allá abajo, limpiando con su sudor los caminos nobles de la herencia, el negocio y la avivata malicia de nuestro empresariado.
Por ejemplo, si me parece muy bien que se reduzca aun más (como lo expresa la tal reforma) el impuesto para los grandes empresarios y multinacionales, no para crear empleo, como pretende en su la asonada de la redistribución el gobierno, sino para consolidar los activos de la gente decente.
Que reduzcan, ¿Qué les vamos a crear más empleos a la gaminería? Ni pendejos que fuéramos. Ya se las hemos hecho varias veces, como cuando logramos acabar con las horas extras y demás prebendas ilegales de los detestables proletarios. Con esa plata aumentamos nuestros patrimonios.
Somos una derecha sin complejos de hacer plata y piñata como sea y de cagarnos ampliamente en quienes nos permiten llenarnos la faltriquera. Se acabaron los viejos tiempos en los cuales explotar y enriquecerse nos daba pena. Gracias a esta New Age neoliberal, no solo lo hacemos, sino que hemos convertido en doctrina, en militancia y en filosofía la linda plutocracia, el crecimiento arrollador. Así esto signifique la miseria y la destrucción de la naturaleza. Eso es el futuro y el futuro nunca ha sido negocio. Por la plata no solo baila el perro, sino el zorro, el lagarto, el avión.
Lindo sí eso de ponerle 7% de impuesto al “corrientazo”. Ya era hora de que los llevados pagaran un poco más por lo que se tragan para su sustento. Además, con ello se incentiva la lucha nacional contra la obesidad. ¿Han visto un verdadero rico, gordo? No señor. Son las bestias de la clase media quienes se atarugan de pan de bono y lechona. La gente rica y decente es delgada, no aparenta opulencia. Y es en lo único que se asemeja al vulgo magro y escuálido, claro está, por razones totalmente opuestas.
También me parece espléndido que le suban al 16% el IVA a la medicina pre pagada. Si esa clase media se quiere parecer a la gente-gente, y andar tan bien como ella, pues que le cueste. Clase media envalentonada por su crecimiento y por la vaina esa peligrosa de la tal “movilidad social” que le ha permitido a más de un arribista salir de los tugurios. Si no les sirve así, pues que se vayan a las EPS y al Sisbén, que allá me los atienden post-mortem.
Importantísimo que la reforma esa no toque a las grandes empresas mineras y demás. Sería desmotivar a loables y generosas sociedades que pugnan en el mercado del subsuelo, para sacar tanta vaina que nosotros no sabemos utilizar. Además, con la complicidad de Ingeominas, nadie sabe lo que están sacando ni en cuales cantidades. De tal manera que para que se van a poner a exigir tributos al libre y correcto ejercicio del saqueo.
Todo lo que en la reforma signifique más plata para los clasudos y platudos, está bien. Así no más, por antojadiza definición de quienes no le tenemos miedo a la inversión, al atajo, a la concupiscencia con el oro. Y que la DIAN no moleste a la gente de trabajo. ¡Viva la oligarquía!
