Su sangre salvó 100 vidas

Sáb, 24/09/2011 - 13:30
Con una aguja ha salvado más de cien vidas. Los beneficiados no conocen a su salvador, ni él los conoce a ellos. Pero por las venas de ese centenar de personas corre

Con una aguja ha salvado más de cien vidas. Los beneficiados no conocen a su salvador, ni él los conoce a ellos. Pero por las venas de ese centenar de personas corre la sangre de Jaime Vargas, el mayor donante de la Cruz Roja Colombiana.

En sus 65 años, Vargas ha donado más de cincuenta veces. De sus venas han sido extraídos 22.5 litros: cuatro veces la cantidad que contiene su cuerpo.

Ya no puede donar porque la edad se lo impide. Cuando lo hacía, una de tantas enfermeras que lo atendieron en 20 años de visitar el Banco de Sangre le limpiaba el brazo con un algodón remojado en alcohol y luego le insertaba una aguja en la vena del brazo izquierdo. Al principio cerraba los ojos, pero con los años, cuando se acostumbró a los pinchazos, ya era capaz de ver todo el proceso con detalle.

La sangre tipo O+ de Vargas salía espesa y tibia. Se filtraba por un tubo plástico de medio centímetro de diámetro. Bajaba lenta hasta caer en el interior de una bolsa gruesa, transparente y sellada. Durante cinco minutos el fluido se asentaba hasta teñir todo. No sentía mareo ni sentía frío. En todos los años que donó, no engordó ni adelgazó. Esos, según el, son sólo mitos de la gente.

Empezó en 1991. Vargas trabajaba como cajero en el Ministerio de Hacienda cuando una tarde llegaron a la oficina cinco enfermeros de la Cruz Roja invitando a los empleados a donar sangre para los niños enfermos de cáncer. La mayoría de los compañeros permanecieron en sus asientos pendientes de papeles y documentos sin prestar atención a las palabras de los recién llegados. Algunos curiosos se pusieron de pie para observar los empaques y las agujas y al rato regresaron a sus puestos. Sólo cuatro se atrevieron a caminar hacia los enfermeros con el botón del puño desabrochado y el brazo listo para recibir el pinchazo. Vargas fue uno de ellos.

"Uyyy, hermano, usted sí mucho valiente –le decían sus compañeros– yo ni por el carajo me dejo meter esa aguja". Él piensa que es absurdo que lo consideren valiente, como si hacer un acto de humanidad fuera algo heroico.

Ese mismo año, más de 1.700 funcionarios públicos fueron despedidos. Con una caja y una liquidación precaria, se fue para su casa. La tristeza del desempleo sobrevino. Sufrió depresión, ansiedad, agotamiento y artritis. Estando enfermo recordó a los niños con cáncer y tomó un bus que lo llevó durante cuarenta minutos desde su casa en el occidente de Bogotá, a la Cruz Roja Colombiana. Donó por segunda vez.

Como un milagro, Vargas empezó a sentirse mejor. Sin medicamentos ni terapias se alivió de la artritis, se sintió más liviano y, aunque seguía desempleado, se le quitó la depresión. Con los años, las enfermeras, al principio desconocidas, lo empezaron a saludar por el nombre. Ellas lo vieron envejecer, pero él también observó el cambio de ellas. Vio anillos de matrimonio que aparecían y desaparecían, cuerpos que cambiaban con el embarazo y mujeres bellas que perdían su gracia con los años. Los primeros receptores de su sangre, que eran niños, ya deben de ser hombres que le darán gracias sin conocerlo.

Entre donación y donación deben pasar mínimo tres meses, en el caso de los hombres, y cuatro en las mujeres, por la menstruación. Según Lorena Rodríguez, bacterióloga de la Cruz Roja Colombiana, la donación oxigena el sistema circulatorio y renueva la sangre. También arregla la piel. Los donantes deben tener entre 18 y 65 años y pesar más de 50 kilos.

Después de pasar por una máquina centrifugadora, la sangre queda divida en tres partes: el plasma con las plaquetas, los glóbulos rojos y los glóbulos blancos.

Cuando la sangre ha sido extraída del cuerpo, es llevada al laboratorio junto con una veintena de muestras para separar los componentes, estudiar el Rh y hacer pruebas infecciosas. En un principio la sangre entra a una máquina centrifugadora que la hace girar entre mil y cuatro mil revoluciones por minuto durante diez minutos. Cuando termina el proceso, el fluido sanguíneo parece una bandera tricolor: la parte superior, de tonalidad amarillenta, resguarda el plasma con las plaquetas, en el centro quedan los glóbulos blancos y abajo los glóbulos rojos.

Cada componente de la sangre tiene una misión. El plasma es la atmósfera donde se encuentran inmersos los glóbulos blancos, que son los ejércitos encargados de luchar contra los virus; las plaquetas, que cumplen una misión obrera en la construcción de tejidos, como en el caso de las cortadas, y los glóbulos rojos, que transportan oxígeno a todo el organismo.

Los bancos de sangre seleccionan los tres componentes y los administran dependiendo del paciente. El único que es desechado es el formado por los glóbulos blancos que, al ser el ejército del cuerpo, puede atacar cualquier otro organismo al considerarlo desconocido.

La Cruz Roja le hizo un homenaje a Jaime Vargas por sus donaciones.

Después del proceso de separación se estudia el Rh. El 60% resulta O+. Los tipos de sangre más escasos son O- y AB-, con una población de menos del 5% en el país. Algunas personas que tienen este tipo de sangre la venden por Internet o frente a clínicas y hospitales por más de un millón de pesos el medio litro. Es el negocio.

Jaime Vargas nunca ha recibido dinero por las donaciones. Se contenta con la ensalada de frutas o las galletas que le ofrecen cada vez que pone sus venas al servicio de los demás. El banco de sangre de la Cruz Roja Colombiana recibe en promedio 2.000 donaciones mensuales, todas de manera voluntaria y sin retribución económica. En Colombia funcionan 94 bancos distribuidos en todo el país.

Después de clasificar la sangre de acuerdo al tipo, es analizada para detectar infecciones. Se tiene establecido que del total, solo un 4 por ciento es rechazado. La infección más común es sífilis seguida de hepatitis. Jaime Vargas sabe que por medio de su contenido sanguíneo, puede dar fe de una excelente salud.

El mayor donante de sangre siente nostalgia al pensar que no va poder seguir con su labor social. Como un homenaje a los años de altruismo, la Cruz Roja Colombiana le hizo en junio un homenaje por salvar a más de un centenar de personas. Guarda como recuerdo de ese día una medalla y un diploma. Ahora se dedica a sus nietos, en especial Samuel, un pequeño de bucles dorados, de un año de edad, que, según Vargas, se convertirá en su sucesor. Aún faltan varios años, pero desde pequeño le está enseñando que con la donación de sangre está dando la oportunidad de vida a más niños como él.

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