Urumita y las primeras huellas de Silvestre Dangond

Urumita y las primeras huellas de Silvestre Dangond

4 de Mayo del 2014

Volví a Urumita después de mucho tiempo. Ese pueblo al sur de La Guajira, que era destino obligado de la familia de mi abuelo Román en temporada de vacaciones. Flores y calagualas que adornan el pequeño sitio, y un ‘bochinche’ que cada tanto baja por el río Marquesote y en el pueblo se agiganta. Las cosas no son como antes, pero el olor a lluvia y a arepa de queso se mantiene.

Urumita es famosa por aquella parranda en la que Emilianito Zuleta le hizo caer la ‘Gota Fría’ a Lorenzo Morales. El nombre del pueblo recorrió el mundo, en la voz de Carlos Vives, también del español Julio Iglesias. Hoy, lejos del anonimato, Urumita vuelve a sonar fuerte en el país nuevamente gracias al vallenato, esta vez por Silvestre Dangond.

Casa La Gota Fría

Esta es la casa donde a Moralito le cayó la ‘Gota Fría’

El artista aclamado por las multitudes empezó allí. Sacando melodías a mi viejo acordeón de juguete, el oído y el talento de Silvestre rozó mi presente, pero era muy pequeño, apenas un bebé. ‘La Piña Madura’ fue la canción que interpretó en ese pedazo de acordeón de juguete, que veía desde afuera de la casa y que con osadía se atrevió a cruzar para mostrar que tenía pasta en el vallenato.

Ahora entra en camionetas. Escoltado y con aires de ‘rockstar’, busca en su pueblo la paz que no puede encontrar en otros escenarios. Aire puro y tranquilo, en el que cae un aguacero que baja de las montañas y a los cinco minutos escampa. Silvestre ya no tiene que ‘robarse’ las presas de las malangadas que se hacían en el parquecito cerca a la casa donde vivió. Para pagar su ‘delito’ se ponía a cantar y a tocar guitarra junto a su amigo Lucho Alonso.

Esas canciones callejeras no son como las parrandas que hoy se da en el patio de la casa de su abuela Josefina Baquero. Por ahí han desfilado acordeoneros como Iván Zuleta, Franco Arguelles, Álvaro López, además de aquellos que han hecho pareja junto al cantante durante su carrera musical.

Casa de Abuela de Silvestre

La casa de la abuela de Silvestre, Josefina Baquero

La fortuna le sonrió y con ella el dinero. Su pueblo lo presagió aquel día en que mientras jugaba a las tragaperras en la tiendecita se ganó el premio mayor. No controló la cascada de monedas que cayeron y gritó: “Mamá mándame una olla pa’ todas las monedas”. No lo pude ver, a mí me cuentan los que estuvieron allí.

Los tiempos cambian y el desarrollo llegó a Urumita. No son necesarios aquellos dos transformadores gigantescos que abastecían de luz a todo el pueblo. Uno, cerca de la casa en la que se crió Silvestre Dangond, explotó cierto día y ante la algarabía de la gente, el niño, muy niño, se quedó viéndolo. Chispas y aceite caían desde el músculo eléctrico poniendo en peligro la vista de Silvestre y con él, su futuro musical.

“¡Fina, mi hijo!, ¡Fina, mi hijo!”, gritó una madre despavorida a la abuela de Silvestre, al ver que su niño estaba en peligro. Fue solo una anécdota y el travieso Silvestre abrazó a su mamá Dellys. Mi abuelo Román Rojas le dijo a la mamá ya más tranquila, “¿por qué no se metió?” “Entre la mujer, la burra y la vaca, la mejor es la vaca”, reprendió Román con sátira e ironía.

Papas de Silvestre

William Dangond y Dellys Corrales, los papás de Silvestre

Dellys Corrales hizo un buen trabajo al artista que hoy aglutina multitudes. No hay álbum en el que él no le retribuya a la mujer que le dio la vida. Sus cantos no solo son al amor, aunque en eso tiene experiencia y Urumita es testigo. Serenatas entre reja y reja, la clave para conquistar a las jovencitas del pueblo, o a aquellas que iban allá en temporada de vacaciones.

Urumita es la más beneficiada con la fama de Silvestre. Desde su ascenso, el pueblo se transformó en lugar turístico; todos los amantes del vallenato quieren conocer el hogar donde se crió el cantante. Los habitantes no cambian su manera de ser, pero su calidad de vida sí. El pueblo, a pesar de ser pequeño, tiene casi el 90% de las calles pavimentadas, algo que antes del auge de Dangond era impensado, lo que facilita el movimiento y es envidia de las otras locaciones aledañas.

“Dicen que nadie es profeta en su tierra pero a mí en Urumita me quieren, me aman”, expresó Silvestre en uno de los pocos conciertos que brindó en la edición del Festival Vallenato que culminó. Sus huellas me llevaron allí, a verlo presentarse en la clausura de esta edición del Festival y ser aclamado por gente de todo el país que asiste al festival en busca de la leyenda vallenata, y ahí se encuentra con una que se empezó a forjar desde pequeño, la de Silvestre Francisco Dangond Corrales.

Tarima Urumita

Aquí fue donde Silvestre hizo sus primeras presentaciones