Víctimas de centros que 'curan la homosexualidad' se confiesan

Lun, 30/06/2014 - 14:32
 Twitter: @david_baracaldo

Mientras varios estados de Estados Unidos aprueban legislaciones para legalizar el mat
 Twitter: @david_baracaldo Mientras varios estados de Estados Unidos aprueban legislaciones para legalizar el matrimonio igualitario, y a pesar de que el Supremo Federal reconoce los derechos de las minorías sexuales, otras regiones más conservadoras salen al paso de estas concepciones progresistas para impulsar métodos controversiales que impida la “proliferación” de la población LGTBI. Hay gran revuelo en Texas, un estado sureño con mayorías políticas republicanas (conservadores), donde sus legisladores han votado para apoyar la legalización de las llamadas “terapias de reorientación sexual”, una serie de prácticas médicas y religiosas que ofrecen a la población homosexual la posibilidad de cambiar de parecer y volver a la heterosexualidad. La semana pasada se conocieron grandes campañas, impulsadas por medios como la revista Time, que rechazan este tipo de iniciativas considerándolas discriminatorias, que promueven el odio y que –sin fundamento científico- podrían ocasionar graves daños físicos y psicológicos a los pacientes. Los defensores de estos centros de reconversión sexual insisten en que hay familias afectadas por haber descubierto que uno de sus miembros siente atracción por su mismo sexo, para lo cual abogan por ayudas que eviten que lo que consideran una ‘enfermedad’ destruya las tradiciones del estado. Estas ayudas psicológicas y terapeúticas ‘antigay’ podrían ser aplicadas a menores de edad si sus padres así lo solicitan. La polémica está servida no solo en Estados Unidos, donde asociaciones que defienden derechos de diversidad sexual han presionado para visibilizar y bloquear estos sitios que han sido declarados como ilegales en varios lugares del país. América Latina tiene países donde la homosexualidad es ámpliamente condenada a pesar de que las leyes respeten la diversidad étnica, religiosa o sexual de sus ciudadanos. KienyKe.com obtuvo tres testimonios de personas que hicieron parte de alguna de estas ‘clínicas de reorientación sexual’. Uno de ellos en México, otro en Perú y los casos de varias mujeres en Ecuador. Varios de ellos los describen como centros de concentración, casas de la tortura y hasta negocios de estafas. Al fin de cuentas todos los consultados aseguraron que nunca pudieron cambiar su condición sexual y hoy, más que antes, se reafirman como miembros de la población LGTBI. “Es tal el daño, que las víctimas se convierten en verdugos”: Cayetana Salao, Ecuador El Taller de Comunicación Mujer ha sido una de las más sólidas organizaciones feministas en Ecuador que ha atendido y acogido a víctimas de centros terapéuticos de reorientación sexual. En el país vecino de Colombia se han descubierto al menos 364 clínicas desde 2009 donde recluyen a pacientes, los torturan y llevan a situaciones extremas con tal de que cambien sus preferencias sexuales. “Son centros de rehabilitación de adicciones, de carácter privado, que operan de manera clandestina y solapada, mientras asumen la homosexualidad como una patología susceptible de ser curada o corregida”. Bajo condición de no identificar a las víctimas, Cayetana accedió a describir los aberrantes casos que ha descubierto en su atención a las mujeres que escaparon de estos lugares, a los que entraron inicialmente por presiones o chantajes familiares, buscando poder sentir atracción forzosa por un hombre. Comparado a otros tratamientos de corte más religioso, los casos denunciados en Ecuador demuestran que allí las víctimas sufren de veras. El tormento comienza en casa, con hogares de tradiciones muy conservadoras que aún identifican la diversidad sexual como una peligrosa maldición. Los familiares son casi siempre quienes buscan los centros terapéuticos. En esos lugares les prometen una cura infalible a cambio del encierro y aislamiento en casas de sanación de homosexuales. Si es menor de edad, los padres firman un consentimiento que entrega total autoridad, hasta de la vida misma del paciente. Los mayores de edad firman dos consentimientos: el primero cediendo sus derechos fundamentales a los caprichos de los “terapeutas” y uno segundo autorizando a un familiar a ser el único que decida sobre su futuro durante el tratamiento. Es decir, que aunque el joven o la joven ya no quieran seguir más, solo su apoderado podrá decidir si sale. “Lo calificamos como un secuestro agravado, porque incluye violencia y malos tratos. Las víctimas no tienen posibilidad de expresar que no quiere estar en la clínica. Lo ponen en una situación en que le despojan todos sus derechos”. En seguida, los pacientes son llevados a centros de atención en zonas apartadas, y muchas veces clandestinas, donde son sometidos a una reclusión forzada. “Ya adentro, dependiendo del lugar, hay niveles de represión que varían. Los más crueles son medicaciones forzadas, torturas, agresiones verbales y físicas y tratos inhumanos”, dice Cayetana. Los horrores relatados por algunas sobrevivientes de estos centros cuentan que, si les iba bien, simplemente sufrían de malnutrición o intoxicaciones permanentes por la pésima alimentación. El grado de maltrato ascendía a encierros en calabozos aislados, a la intemperie y a veces atados como reos. El precio por ser homosexual se pagaba con hambre, frío, lágrimas y soledad. “Nos han reportado violaciones sexuales correctivas cometidas por funcionarios o terapeutas de esos centros. Aluden a la violación como una técnica para restituir el gusto por la práctica heterosexual”, denuncia Cayetana, quien cuenta que en otros registros clínicos han encontrado casos de torturas con electrochoques o un estrangulamiento que llevó a la muerte a una de las pacientes. Campaña Taller de la mujer Esta es una de las campañas del Talles de Comunicación Mujer en Ecuador, para invitar a denunciar centros de reorientación sexual.  Los familiares que inscriben a hijos o hijas a estos lugares pueden pagar entre 500 y 2.000 dólares mensuales. “Normalmente estas clínicas convencen a los familiares de  que el paciente está progresando pero requiere estar otros meses adentro. Hemos conocido casos de personas con uno o dos años de encierro”. Estos lugares, al operar bajo la ilegalidad, no están en zonas urbanas, sino en centros periféricos. No se conocen muchos casos de menores de edad, y el promedio de víctimas de estos centros en Ecuador tienen entre 20 y 30 años. “Muchos de los terapeutas en estas clínicas no son profesionales ni en salud ni en psicología. Hemos conocido una tendencia perversa, y es que algunos pacientes que demuestran buena conducta y agrado por el método, luego son usados como terapeutas y ellos aplican las torturas que alguna vez sufrieron en los nuevos pacientes. Hay un círculo o cadena que reproduce mecanismos de deshumanización y odio”, añade la activista. Pocos de los centros son asociados a iglesias; siempre son organizaciones independientes con fines de lucro que a veces se legitiman solo como centros de atención a alcohólicos o drogadictos. Muchos casos no se denuncian. Según Cayetana, varias mujeres que sufren ese episodio cuando salen, sin haber dejado de ser lesbianas, tratan de olvidar el tema por miedo o vergüenza. Desde organizaciones como la suya, apoyadas por instituciones gubernamentales, tratan de convencer a las víctimas para que denuncien como elemento inicial para actuar contra el impune círculo de violencia y represión de estos campos de concentración contra la diversidad. “Solo aprendí que la orientación sexual tiene que ver con la naturaleza de cada cual”: Francisco San Martín, de Perú A los 40 años, Francisco San Martín aún no aceptaba que era homosexual. Sus preferencias le causaban conflictos en varios aspectos de su vida y la decepción lo embargaba hasta los límites más desesperantes. “Buscaba ayuda porque tenía una encrucijada existencial y quería obtener respuestas. Me contaron que quizá por el aspecto espiritual podría conocerme más a mí mismo y conocí a una amiga evangélica que dijo que ellos me podían ayudar”, dice Francisco sobre lo que pasó hace ocho años. “Claro que quería cambiar, dejar de ser gay, porque no me sentía bien conmigo mismo. Necesitaba respuestas y ellos las prometieron”, añade. A través de su amiga, Francisco se inscribió en el Centro de Restauración y Oración para Homosexuales CRHEO. “En ese momento lo dirigía la señora Helena Matos. Era una evangélica que se autodenominaba pastora y aseguraba que cualquier mal se podía manejar con la fe y la palabra de Dios. Esa era la filosofía de su terapia”. Con el tiempo, Francisco supo que la Pastora sustentaba que ella en el pasado había caído en las manos ‘malignas del lesbianismo' y las drogas, pero que con la palabra de Dios se ‘había curado’ y ahora enfrentaba una misión celestial: convertir al resto de ‘enfermos’ al camino de la heterosexualidad. “En el lugar la única terapia era la palabra de Dios. Para mí era como un sistema piloto, porque nunca había trabajo metódico, consistente o bien elaborado. Todo era muy informal; bajo la creencia evangélica”, detalla Francisco quien añade que en ese lugar también eran tratadas personas con problemas de drogadicción y alcoholismo, todos bajo las mismas técnicas y asimilando la diversidad sexual a una enfermedad o vicio curable. El tratamiento incluía una casa-residencia donde podían internarse los casos que se consideraban más crónicos. No obstante no era un claustro, pues siempre estaban las puertas abiertas. Francisco no consideró prudente internarse, pero asistía a ese lugar todos los martes, jueves y domingos. Iba a talleres exhaustivos de casi seis horas seguidas donde solo se realizaban lecturas y estudios bíblicos, siempre cayendo en las mismas tesis antiquísimas, muchas de ellas manipuladas, que condenan al peor de los infiernos a quienes pecan con la carne del mismo sexo. Reorientacion sexual caso peru Francisco San Martín duró tres años en un centro de reconversión sexual en Lima. Dice que solo recibió maltratos psicológicos y menosprecio argumentado en pasajes bíblicos.  “Se internaban personas homosexuales, lesbianas, travestis, drogadictos, alcohólicos. Una mezcolanza que no daba resultado. En el lugar no había tampoco respeto ni apertura por la dignidad humana. Todos éramos estigmatizados, por eso mi convivencia con ellos era eventual”. Bajo la idea de que esas lecturas lo ayudarían, aunque solo lo consumían en una vertiginosa vergüenza y auto condena, Francisco permaneció tres años en el grupo. No les cobraban ninguna mensualidad, pero la Pastora pedía ‘generosos donativos’ para sostener el centro que atendía a los hijos de sus benefactores. La mayoría eran personas de clases media y alta de Lima, y el diezmo que administraba la líder bastaba para el funcionamiento sin inconveniente alguno. “Con ellos conseguí estar dos años en abstinencia absoluta. La mente es capaz de manejar y controlar la propia conducta y lo logré. Pero sabía que el deseo siempre estaba ahí y si lo reprimía, de alguna manera se manifestaba. En algunas oportunidades tenía eyaculaciones nocturnas y me daba cuenta que todo seguía igual, porque era algo natural”. Francisco finalmente se cansó. Había encontrado una opción espiritual de la que, dice, aprendió a orar, a reflexionar sobre sí y, paradójicamente, a amarse como era. “Luego de casi cuatro años de participar ahí veía que mi orientación se mantenía, de hecho lo reprimía más de lo que ya estaba. No me parecía honesto mentirle al grupo y decir que sí estaba progresando. Decidí alejarme aunque obtuve otras respuestas espirituales que buscaba”. Desde entonces Francisco dejó de buscar sitios de reorientación sexual. Además de la frustración, encontró consuelo al saber que la mayoría de sus compañeros tampoco había conseguido cambios. “En el Perú aún hay muchos de esos establecimientos y algunos sí son terapéuticos con tratamientos psiquiátricos. Allá solo van personas que pueden pagarlos, pero no creo que funcione. No se puede pretender cambiar la naturaleza de un individuo. Entendí que la orientación sexual tiene que ver con la naturaleza de cada cual”. “¿Para qué querían saber si me masturbaba o qué fantasías sexuales tenía?”: Édgar Ramón Rosales, México “Nos informaron que ese centro funcionaba desde el año 2000 con la aprobación del papa Juan Pablo II. Es de la iglesia Católica y tiene una misión pastoral que es 'volver a acarrear las ovejas perdidas'”. El centro se llama Courage Latino. Édgar buscó ingresar a él con 24 años de edad. Entonces solo lo hacía por curiosidad, más que por buscar cambiar su orientación sexual. Reorientacion sexual caso mexico Édgar ingresó a Courage Latino, lugar en el que le prometieron "curar" su homosexualidad en tres días por 170 dólares. “Ingresé en 2008 a ese culto para hacer una investigación sobre la metodología, porque era vendida como si curaran la homosexualidad, reparando una orientación o preferencia que científicamente se reconoce como que no se puede quitar”, dice el joven desde Guadalajara, donde vive ahora con 30 años de edad y reconocimiento público de su condición homosexual. Recuerda que le prometieron una terapia intensiva de tres días en un retiro religioso, y que al regresar sería heterosexual. Debido al éxito de Courage Latino, solo algunos podían beneficiarse de sus secretos, así que el ingreso al grupo tenía varios procedimientos nada fáciles. “Primero me pidieron un documento en el cual debía explicar las razones por las que quería ir y demostrar que 'sufría' atracción al mismo sexo. Luego se comunicaron conmigo y me hicieron varias entrevistas. Me entregaron un segundo documento con preguntas muy extrañas e íntimas: me cuestionaban cuántas veces me masturbaba, cuáles eran mis fantasías sexuales, si tenía relaciones con hombres, si practicaba algunas parafilias y con qué frecuencia las hacía. Desde ese momento me salí de onda, porque ¿para qué quieren saber todo eso?”, describió. La última fase fue una entrevista extensa con un coordinador que le contó ciertos detalles de la terapia de tres días. No le expusieron mucho sobre la metodología. Eso sí, de inmediato le pidieron consignar unos 170 dólares por el taller, y al llevar el comprobante de pago le entregarían las indicaciones para reunirse con “alguien” que lo llevaría al rancho donde encontraría la ‘cura a sus males’. “Vivo en el estado de Jalisco y me tocó trasladarme al estado León. El lugar era como una escuela de seminaristas al que llegamos como 70 personas. El 80% eran varones. Casi todos  jóvenes aunque había mayores de 40 años que aún no aceptaban su homosexualidad. También había menores de edad que llegaron con sus padres, porque la iglesia hacía promoción en los pueblos o buscaban a las familias ofreciéndoles la opción. Además una de las teorías que más remarcaban era que la condición sexual era culpa de la falta de afecto del papá, si el hijo era gay, o de la mamá, si la niña era lesbiana”. Los tres días se enfocaron en actividades religiosas. Diagnosticaron a los asistentes de una “enfermedad” originada en una crisis familiar, por la falta de alguna figura paterna en su infancia temprana. “La presión era tan grande que siempre nos decían que estábamos mal. Hay momento que empezaba yo a dudar y creer que en realidad era culpa de mi familia”, recuerda. Reorientacion sexual documento KienyKe.com obtuvo el cuestionario que hacen a los posibles pacientes de Courage Latino. Las preguntas son, sin duda, una invasión a la intimidad.  El clímax de la sesión fue un ritual como de exorcismo en el que prometían que, con la energía del grupo, el mismo Espíritu Santo era quien sanaría las desviaciones sexuales del grupo. “Todos estaban rezando en círculo y cada uno pasaba a la mitad. Todas las personas estiraban sus manos como en señal de transmitir energía. Algunos compañeros lloraban y yo no me aguanté eso y me alejé a consolarlos. Entonces el coordinador me expulsó de la 'sanación' y del taller”. Al final del curso, con ‘exorcismo’ o sin él, Édgar dice que debió acudir a ayuda psicológica porque se encontró con sentimientos de culpa y vergüenza por sí mismo. Seis años después, es activista de la comunidad LGTBI con el grupo Familias en la Diversidad – FADIS. Desde allí sigue denunciando la existencia de estos sitios y sus daños en más víctimas, que como él y sus compañeros, siguen siendo gays.  Twitter: @david_baracaldo
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