Para las consultas interpartidistas del 8 de marzo de 2026, el Consejo Nacional Electoral (CNE) definió dos números que ordenan la contabilidad de campaña: una reposición de $8.287 por cada voto válido y un tope de $18.555.251.477 en gastos para la consulta.
El dato clave es este: la reposición se calcula por votos, pero se paga contra gastos reportados y verificados, dentro de reglas de financiación y topes.
Reposición por voto, ¿cómo funciona?
La reposición por voto es un mecanismo de financiación estatal. Después de la elección, el Estado reconoce recursos según los votos válidos obtenidos, a una tarifa fijada por la autoridad electoral.
El punto que suele malinterpretarse es el límite real del pago. La financiación pública no puede exceder los gastos oficialmente reportados y soportados. En términos prácticos, si la reposición calculada por votos supera lo gastado (y auditado), la campaña no “gana” la diferencia: el reconocimiento se limita a los gastos verificados.
¿Cuántos votos equivalen al tope de $18.555 millones?
Con una tarifa de $8.287 por voto válido, el “punto de equilibrio” del tope se aproxima así:
Votos para igualar $18.555.251.477 ≈ 2,24 millones de votos (18.555.251.477 / 8.287).
Esa cifra sirve como brújula, no como pronóstico. El censo habilitado para las elecciones de 2026 es de 41.287.084 personas, así que 2,24 millones representan cerca de 5,4% del censo para que una campaña sea económicamente factible.
En una consulta, donde la participación suele ser menor que en primera vuelta presidencial, ese umbral “contable” se entiende según el nivel de movilización real de los candidatos.
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¿Qué pasa si una campaña gasta más, igual o menos del tope?
Aterrizado en escenarios, todos parten de la misma regla base: reposición teórica = votos válidos × $8.287.
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Gasta por encima del tope
Gastar más de $18.555 millones abre dos riesgos: sanciones por violar límites de financiación y problemas en el reconocimiento de gastos para reposición. La violación de topes es una infracción prevista en el régimen de financiación política. En pocas palabras: aun si la campaña logra muchos votos, el exceso sobre el tope no es un “gasto que el Estado compensa” y el caso queda expuesto a decisiones administrativas y sancionatorias.
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Gasta justo en el tope
Si una campaña gasta $18.555 millones, para que la reposición teórica cubra todo necesita alrededor de 2,24 millones de votos válidos. Si obtiene menos, la reposición no alcanza a cubrir el 100% del gasto. Si obtiene más, la reposición teórica sube, pero el pago queda condicionado a lo gastado y soportado.
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Gasta por debajo del tope
Aquí suele estar la trampa mental: “si saco muchos votos, ¿me sobra plata pública?”. En principio no. La reposición está atada a gastos reportados y verificados. Si gastó, por ejemplo, $12.000 millones, pero por reposición de votos el cálculo da $16.000 o $20.000 millones, el reconocimiento que el Estado le da se limita a lo efectivamente gastado y auditado. En este caso, el techo del pago son los $12.000 millones, además del marco de topes y reglas.
La lectura práctica de cara al 8 de marzo
Con el censo 2026 ya publicado, la lectura para campañas y partidos es menos épica y más contable. En una consulta, el tamaño del censo marca un techo potencial, pero la variable decisiva es la participación efectiva.
Si una coalición proyecta una votación por debajo de 2,24 millones, debe asumir desde el inicio que la reposición no cubre un gasto cercano al tope. Y si proyecta superar esa votación, el incentivo no es “gastar para ganar”, sino documentar bien y mantenerse dentro de los límites, porque la reposición no está diseñada para generar excedentes sino para reconocer gastos de campaña bajo reglas de financiación.
