Este es un paréntesis en los textos de mi blog, permítanme hoy, en medio de tanto dolor que acompaña el mundo, hablarles de la belleza
Hay días en los que en medio de tanta guerra, de tanto afán de regodearse y alegrarse de la desgracia ajena, de sentirse con el derecho a ser juez de lo divino y lo humano menos de lo propio, de tanta sed de venganza… de tanto veneno que carcome el alma, de tanto matar y querer ir a rematar al muerto… de tanta porquería, que no sé porqué a veces parece que se come el sentir humano… en medio de todo eso que nos cae encima como lodo putrefacto, es necesario encontrar la belleza… ¡Hay tanta belleza! Que si saliéramos a buscarla cuando la injusticia nos atrapa, en vez de ir a buscar el ojo del culpable, ese resentimiento se iría, se filtraría como agua por la tierra para convertirse en rama…
Nada cura el dolor de una injusticia, el padecimiento de un error, la raspadura en la caída como intentar buscar la paz allá donde la miseria humana no alcanza… en las cosas sencillas, que siempre son las más sabias: en el ruido de las hojas cuando pasa el viento, en el pequeño arcoíris que habita una gota de lluvia, en el sonido de la ola que llega a la orilla, en el vuelo de la abeja que busca la flor… la belleza está en la naturaleza del mundo que todavía nos rodea y que va a permanecer aunque la obsesión por el poder y la riqueza intenten acabarla…
Debo reconocer, que a veces, buscando los temas para el blog me siento agobiada, las noticias son un diario de injusticias: la matanza en Gaza, el hincha que mata otro hincha, la multinacional que envenena el agua, el que condena sin ser juez, el twittero que amenaza o ridiculiza porque tal vez cree que con eso agrada, el tipo que golpea un perro, la persona que daña un rostro con ácido, el que pone una bomba, el que viola, el que masacra, la mujer que juzga de prostituta a otra, el hombre que usa la mujer de trofeo, el periodista que destruye la honra, el que abandona en la desgracia aquel que alguna vez le tendió la mano, la famosa Representante que vela por la igualdad y los derechos humanos, pero que se regodea a grito entero en la desgracia o el error de otro para lograr algo de fama… y me pregunto entonces, ¿De dónde nos sale tanto odio? ¿De dónde ese afán por destruir al otro y lo otro? ¿De dónde nos sale tanta miseria, si el mundo nos ha rodeado de tanta belleza? ¿De dónde? Hay una sed de “justicia” a mano propia contra todo aquello que se cree debe cobrarse, que nadie se da cuenta de que la justicia llega por fuerza natural cuando le corresponde llegar y golpea en donde más vulnerable se encuentra el alma… por eso el odio, que es como un boomerang, seduce, pero en el profundo reloj de la vida solo es un escombro que sobra, que acaba…
La verdad, en momentos en los que la sed de “justicia” me embriaga, me envuelve en odio, porque soy humana, solo necesito salir a buscar la paz. Porque buscar en el odio venganza, solo sirve para caer en una espiral que destruye y autodestruye, y el mundo está ávido de gente que construya, que cuide, que ame, que no se burle del beso, que no se alegre del dolor, que no se vanaglorie del error ajeno, que sepa cuando tender la mano; pues solo así se deja huella, se vuelve inolvidable, se crean liderazgos sabios, y se trazan caminos hacia la verdadera riqueza… hacia la verdadera belleza.
Y sin embargo, es tan difícil… el alma humana es extraña, tiene un lado oscuro, perverso del cual a veces resulta trabajoso librarse. Y creo que cuando necesito liberarme de tanto odio la respuesta siempre me la ha dado la naturaleza, lo sutil de su generosidad, la pequeña paz que nos regala a diario con esas cosas simples que no vemos.
Hoy que el agua falta en un país que fue bendecido con tantos páramos, deseo que aprendamos a valorar esa naturaleza y a enterrar en su tierra el odio, para transformarlo, para transformar y para transformarnos ese deseo de destruirlo todo, en algo que nos permita construir lo que necesita ser construido en medio de esta belleza que todavía, aunque nos cueste verla, queda…
@weneardi
