EL CORREDOR DE BOLSA
Cuando cuento historias me gusta ser absolutamente claro y preciso en los términos que uso
para que no haya lugar a equívocos ni malas interpretaciones.
Pues bien, esta es la historia de un hombre corredor de bolsa de profesión.
Y cuando digo “corredor de bolsa de profesión” no quiero decir
“atleta empacador de supermercado”.
¡No señor! Seamos exactos: el hombre era financista y vivía metido en la bolsa de valores.
Y cuando afirmo “metido en la bolsa de valores” no deseo decir
que vivía entre una “cartera de señora”,
sino que uso esta expresión en el siguiente sentido:
Organización privada que brinda las facilidades para que sus miembros
(Aclaro: uso “miembro” en significado distinto al anatómico)
realicen compra de valores,
(Especifico: empleo “valores” no en el sentido moral del término)
atendiendo los mandatos de sus clientes y, en general, realicen operaciones
(Explico: uso “operaciones” en el significado no médico de la palabra)
con instrumentos de inversión.
( Digo “instrumentos” sin hacer referencia al sentido musical del término)
Y como este hombre vivía metido entre la bolsa
realizando inversiones noche y día le decían “invertido”.
No en el sentido de “persona que vive con la cabeza para abajo”,
sino en el sentido mamagallista de la palabreja.
¿Si me hice entender? ¿O le hago un muñequito de plastilina?
BLOGCITO 9: PRECISIÓN
Dom, 25/09/2011 - 02:08
EL CORREDOR DE BOLSA
Cuando cuento historias me gusta ser absolutamente claro y preciso en los términos que uso
para que no haya
Cuando cuento historias me gusta ser absolutamente claro y preciso en los términos que uso
para que no haya
