Carta abierta al Colegio Calasanz

7 de septiembre del 2011

1). Yo mismo bajé el blog sobre Nicolás, porque sería muy duro para mí que sus papás se sintieran afectados por mi escrito, y si fue así, les pido perdón de rodillas. Otro punto es que no recibí presión de la revista Kien&Ke para bajar el texto. 2). Siento que no escribí nada que pueda […]

1). Yo mismo bajé el blog sobre Nicolás, porque sería muy duro para mí que sus papás se sintieran afectados por mi escrito, y si fue así, les pido perdón de rodillas. Otro punto es que no recibí presión de la revista Kien&Ke para bajar el texto.

2). Siento que no escribí nada que pueda hacer sentir mal a los papás de Nicolás, pero en este caso la precaución vale más. Además, por la recepción polémica que tuvo el texto, supongo que a los papás de Nicolás les llegaría el texto con una introducción que condicionaría su lectura, algo así como cuando uno ve una película basada en un libro, y después, con los actores en la cabeza, se embarca en su lectura.

3). En el texto anterior sólo hice una narración en la que unía datos reales. Nada de ahí fue inventado. Las reflexiones, acusaciones y opiniones sobre el texto son derivaciones y lecturas de esos datos. Obedecen sólo a la esfera personal de los lectores, no me interesan y sólo evidencian la pobre comprensión de lectura de los alumnos calasancios.

4). La mala recepción que tuvo el texto por parte de los alumnos sólo corrobora mi apreciación sobre el tipo de formación que se da en ese colegio. Recibí una amenaza de muerte, decenas de insultos, argumentos sin fundamento y otros argumentos que hubiera querido entender, pero por su pobre formación académica –errores de ortografía, redacción, desconocimiento de la puntuación, acompañados de un ego de hierro– no fue posible que los alumnos y exalumnos plasmaran de forma clara sus pensamientos.

5). Considero un irrespeto que se cuestione mi experiencia de vida en el colegio. Las cosas que viví son mías y nadie tiene el derecho de decirme que son falsas, ni de amenazarme de muerte e insultarme porque mi familia y yo hayamos recibido un mal trato de las directivas y de algunos profesores. Como ya lo dije, sólo hice una secuencia de hechos irrefutables, comprobables, casi científica, regida por las leyes del periodismo. Y repito: las opiniones que se desprenden de la lectura de esos hechos son responsabilidad del lector y no se me puede acusar por las cosas que se pudieran entender, bien o mal.

6). Hay un diferencia clara entre perdón y reconciliación. Para los que dicen que soy un resentido y que no he podido superar algo que pasó hace diez años, quiero decirles que considero que es muy diferente perdonar a olvidar, y perdonar a reconciliarse. Yo perdoné al colegio, yo no sufro por él, pero nunca volví y nunca volveré. Sin embargo, estoy en todo el derecho de hacer lo que quiera con mis recuerdos, y el uso de ellos no puede ser motivo de amenazas, insultos, opiniones atrevidas ni de diagnósticos psicológicos descabellados.

7). El hecho de que en otros colegios pasen las mismas cosas –un argumento de cajón, sin fundamento, usado por varios–, no quiere decir que uno no pueda hacer una crítica, ni que no valga la pena hablar al respecto. Esa posición me parece cómoda y mediocre, pero respetable, así como el derecho que tengo a la libre expresión.

8). La actitud de algunos alumnos y exalumnos de decirme que no me fue bien en el colegio por bruto, porque venía de un colegio donde nos bronceábamos en la piscina, sólo evidencia el carácter fascista y egocéntrico que promueven las directivas. Y ese mismo carácter es con el que peleé y con el que ahora peleo, porque esa apreciación fue la que tuvieron ciertos profesores que me dejaron a mi albedrío y no se tomaron el trabajo de acogerme ni nivelarme. “Este es el paisa que no sabe el Teorema de Pitagoras”, debieron decir, y basados en eso me dieron la espalda.

9). Mi problema no es con la exigencia académica, sino con el ser una mala persona. De ser así, en esta lista estaría el profesor de Química, de cuyo nombre no me acuerdo, pero sí de su genial apodo, “El Churro”, un hombre recio, que puede contar las veces que se ha reído en la vida con los dedos de la mano y, a la vez, dueño de un humor sin igual.  ¿Quién más exigente que “El Churro”, y quién más ecuánime, profesional y buena persona que él? Así, con este ejemplo, hago otras preguntas: ¿qué necesidad tenía Armando Villamizar de echar a mi mamá del colegio como un perro porque estaba en una cita con un profesor? ¿Por qué Carmenza le dice a otros alumnos que yo los acusé con el rector sin medir la consecuencia que eso podría traer? ¿Por qué Juan Jaime, al enterarse de este hecho, sólo respondió con chistes? ¿Por qué Carmenza se equivocó tantas veces en la calificación de mis exámenes? ¿Por qué los múltiples profesores de matemáticas no intentaron llenar mis vacíos de conocimientos, sino que, por el contrario, me sumieron en la senda del perdedor, en una sucesión de calificaciones de ceros y unos? Y estoy de acuerdo, esto no sólo pasa en el Calasanz, sino que es una conducta generalizada de los profesores colombianos, que ven en el alumno que pierde a un bruto y no una derrota para ellos mismos. ¿Acaso su trabajo no es enseñar y educar y procurar que los alumnos aprendan? Yo mismo soy profesor, le he dado clase a alumnos de 14 a 85 años de edad desde Riohacha hasta Ibagué, Honda, Girardot, Montería y Bogotá, y hago todo lo posible por hacerme entender y que los otros aprendan, y si eso no pasa, la derrota es mía, no del alumno.

10). Formar estudiantes para sacar un buen Icfes –o Ifecs, como decía “el Churro”– no puede ser un argumento para quien quiera esgrimir una defensa a favor del colegio. Mi hermano perdió matemáticas desde octavo –incluso perdió un semestre por geometría–, y sacó un puntaje tan alto en el Icfes que fue eximido de las recuperaciones en grado once. No digo que mi hermano sea un genio incomprendido de la matemática, sino que los buenos resultados en un examen –en los que al Calasanz les va bastante bien– no reflejan una buena educación.

11). El Colegio Calasanz forma alumnos intolerantes, poco reflexivos, dogmáticos y que se creen de mejor familia, con la cruz por delante, con la creencia de que con su arrogancia salvarán al mundo. Hoy más que nunca recuerdo las clases del Padre Fermín Abella, donde nos gritaba con odio, y con toda la razón, “pequeños burguesitos”. Por eso, a los alumnos y exalumnos que comentaron el blog de ayer, les pregunto: ¿alguien que amenaza de muerte pretende salvar al mundo? ¿Alguien que no argumenta, sino que habla con furia y adjetivos podrá dirigir, incluso, su propia vida? Inquisidores es lo que están formando, e inquisidores de la peor calaña, con tanto rabo de paja que podría hacer un libro completo sobre las inconsistencias, deserciones a la vocación y otros hechos que han pasado por el colegio. ¿Quiénes de los que me insultaron ayer nunca se durmieron en clase, nunca tuvieron actitudes clasistas, nunca fueron unos “pequeños burguesitos”, nunca se burlaron de Carmenza, nunca bebieron o fumaron o robaron o golpearon o insultaron o amenazaron de muerte en el colegio?

12). No digo que Armando Villamizar, Carmenza, el padre Juan Jaime y Eucardo se hayan puesto de acuerdo para maltratarme. No creo que hubiera una conspiración secreta para llevarme al suicidio, pero sus actos en solitario tuvieron una unanimidad que sólo demuestra que el culto al ego y el dogmatismo son una bandera de la institución, y que no necesitan hablar y planear entre ellos para enfrentarse contra la persona diferente y recién llegada. Tan es así que esa conducta está en los alumnos y exalumnos que me insultaron y amenazaron ayer.

13). Ese miedo –o quizá odio– a la diferencia, a las personas que pueden pensar de otra manera, ha hecho que profesores y seres humanos excelentes que han pasado por el colegio hayan sido despedidos de la peor manera.

14). Reitero mi más sentido pésame por la muerte de Nicolás y mi vergüenza eterna si mis escritos causaron el más mínimo dolor a sus papás.

15). No quiero generalizar que así sean todos los calasancios. Sería tan fascista como las conductas que critico.

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