El terror del final del cuarto grado de primaria era tener que pasar al quinto. Los rumores obscenos de lo que pasaba entre las paredes del aula de clase subían y bajaban las escaleras sin parar y a uno le quedaba la sensación que la clase de matemáticas del próximo año iba a tener la misma repugnancia que, por ejemplo, las de educación física a cuya cabeza estaba un retirado sargento del ejército cuyo único merito era gritar y hacernos marchar sin pausa aunque, al menos, en esta clase solo nuestras propias manos nos tocaban, me sigue contando Julián con sorna mientras nuestros pasos se alejaban del café donde había transcurrido nuestra primera charla.(http://www.kienyke.com/komunidad/2011/08/11/cronicas-de-violacionesla-escalera-de-la-infamia/).
No existen estadísticas en Colombia sobre el número aproximado de niños víctimas de acoso y agresión sexual por parte del personal docente o administrativo, ya sean religiosos o laicos, en colegios dirigidos por el clero católico o de cualquier otro culto. Según los datos reportados por medicina legal en el 2009 se identificaron 399 casos de denuncia sexual de los cuales en 199 los posibles agresores fueron docentes.
Maromas en el aula de clase
Era inevitable no reírse. Al superarse el temor de no ser la victima del día era cómico ver sentado sobre las piernas de cualquier otro al hermano Vega*: un gigante de más de cincuenta años , canoso y barrigón, quien de pronto paraba su andar ante la vista de cualquier que le inspiraba ese deseo- la risa estrepitosa de Julián me hace estremecer ante lo que sé voy a escuchar ahora; sin importar la vista de los demás que se clavaban en el compañero, el fraile comenzaba a meter sus manos dentro de la camisa y si era el caso lo desabotonaba para con su mano recorrer el escuálido pecho mientras sus nalgas se movían y sobaban el miembro sexual del alumno.
Según Julián, el hermano profesor ante el alto número de estudiantes que reprobaban su materia formaba grupos de estudio extracurriculares, cuyo sitio de encuentro eran las habitaciones privadas y en donde -Julián no lo sabe, nunca fue- parece que seguía el manoseo. Una historia que puede ser una patraña de unos chicos ávidos de historias morbosas ante lo que veían en clase o la triste realidad. Nunca, Julián lo ha podido comprobar.
Pecado o delito
Si bien es cierto que es a partir del pontificado de Juan Pablo II cuando se comienzan a tomar medidas contra el abuso de menores por parte de representantes de la iglesia católica, y de ahí el número de casos presentados disminuye; su campaña, y la de su sucesor, no ha sido la mejor para revertir el impacto entre los creyentes. Las denuncias proliferadasdesde 1990 por estos delitos han mermado la credibilidad de la iglesia como institución, y nada se logra con afirmar que la cobertura mediática se ha
ensañado con ellos porque también se han presentado casos de violaciones en otros grupos religiosos e instituciones públicas; por otro lado el delito cometido por un sacerdote no es más grave que el perpetrado por un militar, un político, un pastor, un profesor o un civil, pero encubrir la trasgresión cómo solo pecado y no delito ha sido el mayor cuestionamiento hacia la iglesia.
Los motivos del lobo
Los debates sobre las posibles causas de tan problemática situación van desde una crisis moral que afecta a la sociedad entera (justificación dada por Juan Pablo II en el 2002), hasta la relajación de costumbres dentro de la institución por causa del concilio Vaticano II (teoría promovida por los católicos tradicionalistas); otros cuestionan el régimen de votos sacerdotales y no faltan quienes opinan que la organización religiosa por su fuerte presencia en la rama educacional es fácil puerta de entrada a abusadores en potencia.
Algunos, cómo considera Julián quien en su momento sintió el llamado de Dios, sostienen que el problema es más profundo. El sacerdocio es una carrera, como la militar, en donde siempre se va a tener techo, lecho y mesa; donde no existen la preocupaciones para conseguir el dinero necesario para subsistir, por lo que muchos entran más seducidos por esa idea que por la invitación silenciosa que hace dios dentro del corazón; de igual manera si bien es cierto que el voto de castidad es una forma, de tantas, de ser testigo del misterio sacerdotal, también lo es que es una forma, de tantas, para que la fortuna de la institución no se diluya en posibles juicios de herencia por loshijos hábidos dentro de matrimonios con cónyuges religiosos , lo que lo hace un
voto no tan consentido por quien lo realiza ; y un deseo sexual reprimido puede generar la depravación. Además el número de sacerdotes y monjas disminuye, así que de dos males, el menor, se tapa, como colectivo cerrado que es, los casos vergonzosos de abuso, los de amancebamiento y otro más, para lograr el objetivo final: la imposición de la única verdad en el mayor número de fieles posibles.
No son dioses
El hermano Vega murió hace años atrás. La curia lo ascendió en sus últimos años a sacerdote. Julián se sorprendió en sus recuerdos al escuchar la voz cansada del padre celebrante, una lánguida tarde de octubre de principios de la década anterior, en una misa vespertina. Su asombro no pasó inadvertido para su acompañante: el párroco; quien a manera de excusa le hablo de lo anciano que estaba y de los años al servicio de la iglesia. Se sintió de nuevo asqueado por una situación no inadvertida pero si tolerada por todos.
Y aunque ya el daño está hecho-me advierte Julián-, la resignación no es la respuesta. Así como no deben creerse en los titulares cinematográficos de los diarios que hablan de miles de niños abusados (en Irlanda de mil casos denunciados sólo 68 fueron tipificados como delitos en el 2010), la cifra no debe ser lo más relevante. Así sea uno o cientos las victimas no sólo basta con pedir perdón por parte del sumo pontífice (caso Estados Unidos o Alemania) en reuniones con las víctimas. Tampoco es la retribución pecuniaria y menos es el traslado a otras parroquias o diócesis de los culpables. Es la reorganización de una institución que basa su existencia en haber sido fundada por dios pero cuyos miembros no lo son. ¿Serán capaces de comprender que son solo diferentes, no mejores ni peores, solo diferentes?
Pecado o delito
Si bien es cierto que es a partir del pontificado de Juan Pablo II cuando se comienzan a tomar medidas contra el abuso de menores por parte de representantes de la iglesia católica, y de ahí el número de casos presentados disminuye; su campaña, y la de su sucesor, no ha sido la mejor para revertir el impacto entre los creyentes. Las denuncias proliferadasdesde 1990 por estos delitos han mermado la credibilidad de la iglesia como institución, y nada se logra con afirmar que la cobertura mediática se ha
ensañado con ellos porque también se han presentado casos de violaciones en otros grupos religiosos e instituciones públicas; por otro lado el delito cometido por un sacerdote no es más grave que el perpetrado por un militar, un político, un pastor, un profesor o un civil, pero encubrir la trasgresión cómo solo pecado y no delito ha sido el mayor cuestionamiento hacia la iglesia.
Los motivos del lobo
Los debates sobre las posibles causas de tan problemática situación van desde una crisis moral que afecta a la sociedad entera (justificación dada por Juan Pablo II en el 2002), hasta la relajación de costumbres dentro de la institución por causa del concilio Vaticano II (teoría promovida por los católicos tradicionalistas); otros cuestionan el régimen de votos sacerdotales y no faltan quienes opinan que la organización religiosa por su fuerte presencia en la rama educacional es fácil puerta de entrada a abusadores en potencia.
Algunos, cómo considera Julián quien en su momento sintió el llamado de Dios, sostienen que el problema es más profundo. El sacerdocio es una carrera, como la militar, en donde siempre se va a tener techo, lecho y mesa; donde no existen la preocupaciones para conseguir el dinero necesario para subsistir, por lo que muchos entran más seducidos por esa idea que por la invitación silenciosa que hace dios dentro del corazón; de igual manera si bien es cierto que el voto de castidad es una forma, de tantas, de ser testigo del misterio sacerdotal, también lo es que es una forma, de tantas, para que la fortuna de la institución no se diluya en posibles juicios de herencia por loshijos hábidos dentro de matrimonios con cónyuges religiosos , lo que lo hace un
voto no tan consentido por quien lo realiza ; y un deseo sexual reprimido puede generar la depravación. Además el número de sacerdotes y monjas disminuye, así que de dos males, el menor, se tapa, como colectivo cerrado que es, los casos vergonzosos de abuso, los de amancebamiento y otro más, para lograr el objetivo final: la imposición de la única verdad en el mayor número de fieles posibles.
No son dioses
El hermano Vega murió hace años atrás. La curia lo ascendió en sus últimos años a sacerdote. Julián se sorprendió en sus recuerdos al escuchar la voz cansada del padre celebrante, una lánguida tarde de octubre de principios de la década anterior, en una misa vespertina. Su asombro no pasó inadvertido para su acompañante: el párroco; quien a manera de excusa le hablo de lo anciano que estaba y de los años al servicio de la iglesia. Se sintió de nuevo asqueado por una situación no inadvertida pero si tolerada por todos.
Y aunque ya el daño está hecho-me advierte Julián-, la resignación no es la respuesta. Así como no deben creerse en los titulares cinematográficos de los diarios que hablan de miles de niños abusados (en Irlanda de mil casos denunciados sólo 68 fueron tipificados como delitos en el 2010), la cifra no debe ser lo más relevante. Así sea uno o cientos las victimas no sólo basta con pedir perdón por parte del sumo pontífice (caso Estados Unidos o Alemania) en reuniones con las víctimas. Tampoco es la retribución pecuniaria y menos es el traslado a otras parroquias o diócesis de los culpables. Es la reorganización de una institución que basa su existencia en haber sido fundada por dios pero cuyos miembros no lo son. ¿Serán capaces de comprender que son solo diferentes, no mejores ni peores, solo diferentes?
- Nombre cambiado a petición del entrevistado
