Del matoneo a Daniela Ospina y la tiranía de "la niña linda"

Jue, 31/07/2014 - 06:14
A Daniela Ospina, una "niña linda" como cualquiera, la matonearon no solo por ser la esposa de James Rodríguez. También por ser la típica WAG*  a quien de pronto la criticaron por sus rasgos marc
A Daniela Ospina, una "niña linda" como cualquiera, la matonearon no solo por ser la esposa de James Rodríguez. También por ser la típica WAG*  a quien de pronto la criticaron por sus rasgos marcados, su estilo para vestir y lo que debía, según los  expertos en belleza de última hora, ser una esposa de un crack reconocido. Lo que vivió Daniela -y siendo ella bella-  no es raro en un país como Colombia, donde las mujeres aún son evaluadas como yeguas en campeonato por su "nivel" de belleza. Gordas, flacas, afros y blancas, etc, alguna vez han sido o se han sentido juzgadas, en principio, por los hombres. "Está buenísima" o "aguanta el taponazo ",  son algunos de  los términos para juzgar a una mujer en su primera impresión. O qué decir de las constantes alusiones al físico por parte de mujeres y hombres ante una que sea beligerante, sobre todo en esferas públicas o en Internet. No le perdonarán si es gorda, o muy delgada o si se ve como quiere. De una vez la ligarán con su orientación sexual (si tiene el cabello corto y gafas por ejemplo) o con su subjetivo gusto para vestir y el contexto en el que se desenvuelve. Ellos no perdonan. Pero las mujeres son iguales. Sin duda, los tuits más venenosos contra la esposa de James provinieron de las mismas, expertas en señalar detalladamente cada supuesto defecto físico de la paisa. En Colombia, a las mujeres, sus madres les dicen que si no son de tal modo "jamás un hombre las mirará", y el tema de la figura y las críticas brutales a la que no obedece el estereotipo son cosa corriente, y en todos los estratos. En Usme pueden ponerse fajas baratas y jeans levantacola. En La Cabrera alguna madre desesperada por su hija robusta le pedirá hacerse el bypass (aunque no lo necesite), para ser (más) delgada, o la llevará a donde el cirujano exitoso de turno. Porque qué dirán las otras. Qué dirán los hombres. No conseguirá a nadie. Porque es un "logro" que a una mujer un hombre "la mire". Y aunque esclavizar a la mujer para mantener el orden social ha sido de todas las épocas y sociedades, en Colombia particularmente, la vanidad es una cultura que ha llegado a extremos como la de Corea del Sur y sus enemil mujeres hechas a molde para conseguir marido**, o en Brasil y su obsesión por mostrar cuerpos que no representan en nada a las mujeres***. No en vano somos uno de los países favoritos para el turismo estético, según las estadísticas de la Asociación de Cirugía Estética (ISAPS), y ocupamos el puesto 11 entre todos los países. Tampoco es raro que en 2004, la entonces Primera Dama de Medellín, Lucrecia Ramírez, lanzase una campaña contra la anorexia y bulimia, debido al problema de salud pública que se generó en Medellín. Somos un país de bellas, pero hechas a punta de complejos y aspiraciones, como si esa fuese nuestra máxima prioridad****. Lo que representa un gran problema para muchas mujeres que nunca serán el prototipo de "mujer gancho" que impera en las altas esferas, o la mujer prostética que alimenta las fantasías del colombiano promedio. La mujer distinta está condenada al ostracismo, a la burla y la segregación.  Aunque Soho cambió hace mucho tiempo sus políticas para mostrar ideales de mujeres, no se olvida lo que hicieron en 2003, al mostrar a una indígena con un patrón negativo. Ni qué decir de las mujeres obesas en los programas de televisión: Ver a Zharick León en 'Los Graduados' como la típica obesa comelo-todo, era absolutamente denigrante. Pero ser bella no es suficiente, hay que mantenerlo a toda costa. Los "hot shapers" se venden como pan caliente. Las mujeres siguen muriéndose por cirugías estéticas mal hechas, entre otros tratamientos. Y en las fiestas la que muestre más, vende más:  el prototipo de fémina  colombiana en las ciudades pequeñas y medianas es mostrar la figura, la cola, los pumps altos y ropa ceñida, con cabello en ondas, como actriz de Televisa. Pero su otro extremo también es rígido, hablando de sus élites: Mujeres sin una sola curva, hechas para lucir las piezas de los diseñadores a los que pueden acceder. Tanto su mundo como el de las otras se odian y se critican entre sí, pero son básicamente iguales. Y hechos para conseguir, de modo más retorcido y extremo, ideales de belleza con los que muchas mujeres colombianas no se identifican, o deben alcanzar para plantarles una competencia tácita a las otras, para buscar un novio o marido que las valide y "se fije" en ellas. Para mostrar que "tienen presencia", pero que no se quedan atrás de sus conocidas, en una carrera frenética que nos ha coronado como las más "sexis" en muchas listas banales y a un costo muy alto. Uno que en Twitter conoció Daniela Ospina. Notas aclaratorias *WAG: Término gestado en la cultura popular que abrevia la expresión "Wives and Girlfriends", aplicada a las atractivas compañeras sentimentales de los deportistas de élite. ** En Corea del Sur hay una fuerte cultura por cambiar radicalmente el aspecto para ascender en el trabajo y tener éxito social. La exposición de la artista Ji Yeo 'Beauty Recovery Room', que muestra a varias de ellas en postoperatorio, devela cuán importante es la apariencia aniñada en este país para que una mujer pueda ascender. ***Como se vio en el documental "Mujeres brasileñas: del ícono mediático a la realidad", se ve que su belleza es un mito creado por los medios. **** Somos el país con más reinados a nivel mundial. Un estudio reciente de L'Oreal mostró que las colombianas eran las más vanidosas de América Latina. 
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