En pocos días se iniciaran en el Congreso tres debates cruciales para el platanal en el que habitamos: el aborto, la eutanasia y el matrimonio entre personas del mismo sexo. Como cosa rara, las personas de bien están fuertemente escandalizadas (las de bien adentro de la caverna).
A propósito del matrimonio gay, hoy pongo en sus manos, estimados lectores y amadísimas lectoras (¡mamitas lindas!), dos pequeñas historias que narran, por una parte, los problemas íntimos y de cobijas acaecidos entre dos letras que se amaban como humanos, cuyo amor fue el primero entre seres del mismo género que conociera la historia de las letras latinoamericanas; la segunda historia cuenta, por su parte, cómo Dios, hace mucho tiempo, dio su OK al matri gay en las tierras de Colombia.
Es de fuerza concluir que el debate que en breve se dará en el Congreso sobre el matrimonio entre homosexuales es históricamente trasnochado, toda vez que Dios hace rato ya dio su veredicto. Pero no importa: es connatural a Locombia ser un país cuyas instituciones siempre estén un paso atrás de la vida y dos pasos más cerca de la muerte.
PRIMERA HISTORIA El amor, el casamiento y el divorcio entre la B y la Q.Los números 6 y 9 inventaron el 69. Eso es cierto en el plano de las matemáticas, lo confirman los historiadores, ¡sí señores! Pero en el plano de la literatura, mis estimadas señoras, el 69 lo inventaron las letras B y Q, una noche que se ennoviaron y durmieron juntas y en minúscula: bq
Durante mucho tiempo ambas letras fueron los novios más apasionados que el mundo de las letras haya visto (¿o se dice: las novias?). El hecho es que siempre, todas y cada una de sus noches nupciales, la b y la q dormían de aquella romántica manera: bq. Una posición sacada del Kamaletra, que es como se llama el Kamasutra en el mundo de las letras. Entonces, ese gran amor llevó a la b y a la q a casarse y a unirse para siempre. ¡Humano, muy humano, mi hermano!
Y así fue como -hace muchísimos años ya- nació el matrimonio entre corazones del mismo género, un hecho que pasó desapercibido para las autoridades del país de Locombia, pero no para la Autoridad del Universo, tal y como se cuenta más adelante en la segunda historia de este escrito.
Pasó mucho tiempo y una noche de abril a la q le dolió la espalda. Se cansó de dormir en la posición 69, es decir, por si a sumercé ya se le olvidó ese tipo de cosas, así: bq. Entonces la q se dio la vuelta y decidió dormir de esta otra forma: bp. Y fue así como nació, de pura carambola, la letra p (la p de… ¡puto dolor de espalda!).
Grave cosa. Este sencillo hecho se prestó para malas interpretaciones. Sucedió que la b pensó que la q ya no la quería; la sintió rara, distinta y alejada, y creyó que no despertaba pasión alguna en ella.
Herida y ofendida, la b decidió darse también la vuelta. Ambas letras terminaron durmiendo espalda contra espalda, es decir, de esta manera: dp, que es la mayor distancia que puede separar a los amantes en una cama. Nació, entonces, de pura casualidad la letra d. Y también, las peleas de pareja…
Y con la letra d recién nacida, un día de domingo las letras b y q escribieron: decepción, declive, desamor, divorcio y defunción. ¡Humano, muy humano, demasiado humano, mi hermano!
Y colorín colorado éste minúsculo cuento se ha acabado. SEGUNDA HISTORIADe cómo el matrimonio entre corazones del mismo género pasó en Colombia desapercibido para las autoridades, pero no para el Dueño del Universo.
Corrían los tiempos de La Violencia en Locombia. El año tenía el nombre de 1948 cuando la b y la q decidieron unirse para siempre. Como en esa época el procurador Ordóñez era muy niño y se la pasaba jugando al papá y a la mamá, nada dijo sobre esta clase de matrimonios entre corazones del mismo género. El Partido Conservador, tampoco dijo nada; no tenía tiempo: estaba muy ocupado jugando a descuartizar liberales, comunistas y ateos. La Iglesia igualmente nada dijo: estaba concentrada en rezar para que los muertos se fueran al infierno, no por partes ni por cuotas, sino completamente enteros. Fue así como la unión entre corazones del mismo generó pasó desapercibido para las autoridades colombianas.
Dios, en cambio, sí se manifestó. Expidió un comunicado de un solo versículo en el que textualmente expresó: “Pienso que el hombre se complementa al hombre, mujer con mujer, hombre con hombre y también mujer a hombre, así como letra con letra, número con número y del mismo modo en el sentido contrario, porque el verdadero amor no tiene género ni fecha en el calendario”.
Y colorín colorado este cuento se ha consumado.
@dicksalazar , heterosexual de profesión.
