El día en que comenzamos a soñar

Mié, 29/06/2016 - 05:57
Al igual que la mayoría de los colombianos nunca he vivido un día, en mis 27 años, en paz. Aún no lo he vivido y no creo que esté tan cerca, como dicen, de hacerlo. Creo en la paz, confío en el
Al igual que la mayoría de los colombianos nunca he vivido un día, en mis 27 años, en paz. Aún no lo he vivido y no creo que esté tan cerca, como dicen, de hacerlo. Creo en la paz, confío en el proceso y soy consciente que pudo haberse hecho de otra manera y, por su puesto, de cara a los colombianos. Pero aún así, soy realista y sé que lo que pasó el 23 de junio no fue la firma de la paz, pero que sí fue el paso más importante hacia esta. Lea también: Timochenko, un nerd. Santos, un militar de corazón Debo aclarar que no soy santista pero reconozco el esfuerzo que ha hecho el gobierno de Juan Manuel Santos para sacar adelante este proceso a pesar de las adversidades y de sus contradictores. El 23 de junio quedará marcado en mi memoria como, quizá, uno de los días más importantes. Podré contarle a mis futuros hijos exactamente donde estaba en el momento en que se firmó el acuerdo para el cese al fuego bilateral y definitivo. El momento en que decidimos dejar de matarnos. Les podré contar que ese día Colombia comenzó a soñar con una realidad diferente. Les contaré que después de ese día, los colombianos comenzamos a soñar que podríamos tener un país en paz. Un país que dejó las armas de fuego y se armó de argumentos para debatir y confrontar las ideas, una nación que le dio un lección a la humanidad de reconciliación y una lección a quienes no creían que Colombia dejaría de escribir su historia con sangre y fuego. Después de ese 23 de junio, le diré a mis hijos, el país comenzó a creer en sí mismo, la gente dejó de sentir vergüenza de ser colombiano y comenzó a sentir ese amor por la patria, ese que solo se siente cuando juega la Selección de fútbol o triunfamos en algún otro deporte. Ese día Colombia ganó el partido o la carrera más importante de todas, jugamos contra la adversidad y le ganamos a la violencia. Pero ese día no solo le ganamos a la violencia, nos ganamos a nosotros mismos. Los jóvenes dejaron de idealizar como sería vivir en otro país, comenzaron a soñar y ver posible trabajar en el país, tener una familia acá y vivir y envejecer en Colombia. Les diré que ese fue el momento donde todo cambio, el momento en que los niños y las mujeres ya no tenían miedo de salir a la calle, que el campo se volvió un lugar de trabajo y de descanso y las ciudades colombianas se volvieron un ejemplo de convivencia y reconciliación, donde todos, absolutamente todos cabemos. En ese momento la gente comenzó a creer en su país, comenzó a creer en sí misma. Espero que llegue el día en que mis hijos entiendan que todo eso fue un sueño para mí pero una realidad para ellos, porque ese día los colombianos estuvimos a la altura del momento histórico que vivimos.
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