El Genocida más Grande del Mundo

7 de junio del 2011

La primera cuestión imperante, nos lleva de una vez por todas, a definir genocidio. La palabra genocidio, fue creada en el año de 1944, por el judío Raphael Lemkin. Cuenta con dos raíces principales: genos (término griego que significa familia, tribu o raza) y cidio (del latín cidere, forma combinatoria de caedere, matar). En forma más sencilla, podemos darnos cuenta, que en ella, se hace referencia a la realización de “masacres” (habitual para el común denominador de los colombianos). El genocidio ha sido tipificado como un delito internacional (Naciones Unidas, 1948). Entre las motivaciones que lo originan suele mencionarse: la intención de destrucción de grupos, nacionales, religiosos, étnicos, raciales.  

Abordadas las cuestiones conceptuales, acudimos ahora a las reflexivas (o quizás con la intención de reflexionar acerca de ellas). Genocidios en el mundo han ocurrido muchos, basta con iniciar una búsqueda tipo Google, para encontrarnos con una variedad (diríamos que exagerada), de este tipo de delito. Como antes se había mencionado, las motivaciones que inducen a este, son variadas, y aun más sorprendente, la religión clasifica como motivación. Por qué la religión, ha de convertirse en un factor para matar.

La religión sin duda alguna es producto de la actividad humana, del pensamiento humano. Se compone por creencias o prácticas de lo que el hombre considera divino o sagrado. Y qué es lo divino o sagrado para el hombre. Si partimos del hecho (comprobado), de que somos seres supersticiosos por naturaleza, y que la superstición raya en el plano de la no – razón (aquello que no podemos explicar desde la razón). Podríamos inferir que la religión, como sistema de creencia, parte de este supuesto (supuesto supersticioso).

¿Pero es esto un motivo para matar? Aunque hoy día, la vida se ha devaluado inconmensurablemente y es tan habitual y frecuente la muerte. Hasta el punto, que ya no se le mira con ese matiz, trágico – doloroso, de otros tiempos (no queriendo decir con esto, que no pesen nuestros muertos). Sí llama la atención el hecho, de la muerte de personas a causa de la religión (Palestina e Israel: desinformación, tergiversación, ese es otro cuento). Cada individuo, dentro de la religión, asume una posición, una postura (radical, pragmática), dicha posición es el producto de los preceptos religiosos, por los que se guían los fieles de esa religión. Y de esa forma se moldea el pensamiento, se direcciona al fiel, a mirar esos preceptos como únicos y verdaderos (incontrovertibles). Podrá ser esta la causa, para la muerte.

Siempre he manejado una tesis. Referente al concepto de Dios. Pienso que Dios, nos es nada de lo que se nos ha dicho. Porque me parecería absurdo y estúpido, que Dios haya dotado al hombre de pensamiento, para luego prohibirle precisamente, el pensamiento. Y retomando el hilo conductor de este artículo, podría decirse que Dios: es el genocida más grande del mundo.

Ahora, es esta una reflexión muy personal. Extraída de las conversaciones que he tenido con personas (no todas), pertenecientes a cualquier tipo de religión (principalmente las judeo – cristianas). Para ellas Dios, es un ser inmaterial, que algunas veces es muy piadoso: envió a su hijo Jesucristo a morir en la cruz por nosotros, para el perdón de los pecados. Y otras veces malvado: el diluvio universal. Dios es bien y mal, al mismo tiempo. Por qué se deduce esto: basta con que ocurra una catástrofe natural, en cualquier país donde se practiquen manifestaciones, no consideradas como religión (sectas), para que algunos fieles, religiosos, fanáticos, se jacten diciendo que todo aquello no es más que un castigo divino.

Me rehúso a pensar que Dios actúa de esa forma. Incluso algunas veces, he llegado a desestimar su existencia. Porque llevarlo a ese plano, al que muchos fieles religiosos pretenden, sería considerarlo el ser más despiadado sobre la faz de la tierra. Y otras veces, le creo. Y le creo, precisamente por haber dotado al hombre de la capacidad de pensar, por el albedrio, la oportunidad de elegir. Lo que me conduce aun más, a exonerarme (de forma voluntaria), de las prácticas religiosas.

Dios, el controlador de todo. Incluso el pensamiento. Esa es la visión que el fiel, tiene de Dios. Esa es la visión a la que lo han inducido. Entonces llega un momento en el que el fiel, ya no piensa, porque tener un pensamiento impuro puede condenarlo (¿no es esto terrorismo?). Tiembla la tierra, y si lo hace es por voluntad divina. Pero mueren personas: niños, ancianos, mujeres, hombres. Y todo esto se justifica, desde el pecado. Porque ya venimos al mundo cargado con el. Otras veces, Dios es amor. La manifestación más pura de la bondad. Solo que no entendemos su pensamiento, porque para ello, tendríamos que ser Dios (otra vez, se justifican).

Nada tiene que ver con Dios. Creo que éste tiene otros asuntos que resolver. La religión es la causa. Dios en la religión es una metáfora. Una justificación absurda e inapropiada. Un sistema opresor, que mantiene la mente subyugada, encausada, direccionada hacía preceptos, que han llevado al hombre a sentirse superior. Pero es esta una superioridad nociva. Dios no mata, es el hombre que en su sed de creer en un ser supremo, lo hace. Es el hombre el que se destruye. Es el hombre el genocida más grande del mundo.

Pensemos: mientras leen este artículo, cuántos crímenes por causas religiosas se cometieron. Actuó Dios en cada uno de ellos, o el hombre, en su sed de sentirse superior, de creerse superior. Inducido por un pensamiento enfermizo, encausado por la religión, los perpetro.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO