El capitán Jack Sparrow buscando los elementos para el ritual de la Fuente de la Juventud, Disney (c)
Además de descubrir que su enemigo íntimo Barbossa (Geoffrey Rush) está con una pata de palo y ron y que se ha vendido para trabajar con los ingleses, Sparrow se enfrenta a un amor pasado, Angélica Malon (Penélope Cruz), y a su padre Barbanegra (Ian McShane), el pirata más temido de todos, en una carrera imperial en la que se cruzan la fe católica, los anglosajones, los fantasmas del amor y la persecución de intereses propios. Todos ellos con un fin: ya sea por la sed insaciable de probar el agua de la fuente para burlar profecías; de asaltarle los cáliz a la momia de Ponce de León, a quien se le mueve la cabeza cuando se toca su mapa en las ruinas de su barco a punto de caer a un abismo; de robarle una lágrima a una mortífera sirena, o de destruir todo como cuando se estalla una botella.
La saga continúa siendo entretenida, pero por la esencia de sus personajes más que por el fin de la historia: el viaje es más divertido que la llegada al destino. El final queda relegado a una especie de moraleja sobre los piratas y resulta más contundente la escena que todos los espectadores se pierden, pues es la que aparece después de los créditos. Jack Sparrow sigue siendo ese pirata errante, amante del ron, quien deja amantes en cada puerto y creen que libertad es su amante eterna. Sigue siendo imagen y semejanza de su padre, el capitán Teague, quien lo interpreta Keith Richards —en quien se inspiró Depp para caracterizar su personaje—.
En esta oportunidad solo algo cambia: brota en él un romanticismo que sólo se pudo ver como un relámpago en un beso fingido que le dio Elizabeth cuando lo entregó a las fauces del Kraken. Angélica, brava, audaz, mujer, logra moverle “sentimientos”, similares a los que siente el creyente por la sirena capturada, a los que siente el rey de Inglaterra para ganarle la carrera a los españoles, a los que sienten los españoles para destruir templos profanos que atenten contra su empresa de sacralización. Se parece a una odisea que Ulises no llegó a sentir cuando se enfrento a las sirenas durante su regreso a Ítaca, por lo menos éstas encantaban con su voz y no parecía pirañas tamaño familiar que comían hombres apenas les daban un beso.
Director: Rob Marshall Reparto: Johnny Depp, Penélope Cruz e Ian McShane. Duración: 136 minutos. Año: 2011
